jueves, 11 de enero de 2018

La zona y el triunfo de la no música

Si normalmente he tratado bandas sonoras de series o películas que destacaban por poseer una composición sinfónica más o menos desarrollada y belleza singular, el caso que nos trae hoy aquí no lo sabría definir con exactitud. El grueso de su composición se limita a una sucesión corta de notas disonantes y ruidos, muy lejos de aquellas obras sinfónicas que a uno le gusta escuchar fuera de la cinta a la que acompañan. No es que sea algo original, ya grandes compositores emplearon este tipo de recursos en películas de reconocido prestigio, Jerry Goldsmith lo haría en "El Planeta de los simios" (Franklin J. Schaffner, 1968) o James Horner en "El nombre de la rosa" (Jean-Jacques Annaud, 1986). Aunque para ello tuvieran que asumir del alto riesgo de rechazo que este tipo de aventuras produce en gran parte de directores, productores o público, quienes por norma general buscan la armonía en un objeto comercial, afortunadamente no fue el caso de estos últimos.

Pero vamos a centrarnos en el caso que nos trae aquí "La zona", serie realizada para la plataforma Movistar+, co-dirigida y co-escrita por los hermanos Sánchez-Cabezudo.
La serie parte pocos años después del desastre nuclear en una ficticia central Asturiana cercana a Gijón y los sucesos que en ella acontecen se irán desarrollando tanto en  la propia zona de exclusión como en el área que la circunda.
En un ambiente depresivo donde la población se ha tenido que desplazar de su zona para malvivir en un medio que aún se muestra hostil, se va desarrollando un interesante thriller que se entremezcla con el drama social en esta ficción catastrofista.

La serie nos recuerda en su estética y montaje a filmes como "El guardián invisible" (Fernando González Molina, 2017) y salvando las distancias, presenta ciertos paralelismos, en su parte dramática y musical, a la elegante "Les Revenants" (Fabrice Gobert,  Frédéric Mermoud, 2012), aunque he de recalcar que la serie francesa presenta un argumento más de ficción que la española.
Pero si el producto de los hermanos Sánchez-Cabezudo (quienes ya me llamaron la atención en su anterior trabajo juntos en 2011, "Crematorio") me ha resultado rompedor, ha sido en gran parte gracias a la composición del francés Olivier Arson. Y es curioso, ya que el parisino se muestra muy parco en su estructura narrativa musical. Así, la serie comienza casi sin acompañamientos, y cuando lo hace, apenas dura unos segundos. Tan solo en la recta final tomará un carácter algo más lírico.

¿Por qué entonces traerlo aquí? Pues por la sencilla razón de que, lejos de lo que pueda parecer, esa ausencia de musicalidad ambiental hace tan efectivo el papel de esos cortos e intensos efectos sonoros empleados que logra, de forma muy sutil,  que ese omnipresente mal invisible tome cuerpo en forma de sonidos. De esta manera el compositor no solo intensifica una atmósfera ya de por sí opresiva, sino que, a la vez, conseguirá brillantemente dar rostro al etéreo enemigo.

Si decía que la banda sonora presenta cierta similitud con la serie francesa "Les Revenants" en cuanto a su forma de plantear el uso de la música, debo puntualizar que, a mi parecer, Olivier Arson ha sido mucho más arriesgado que los escoceses. Y si bien Mogwai realizaba una banda sonora exquisita tanto en su parte melódica como en la disonante, el francés se desentiende casi en su totalidad del empleo de temas musicales y se dedica a crear solo ambientes sonoros, pero lo mejor de todo es, que en ningún momento se echará en falta esas melodías.
Así, si atendemos la definición tradicional del término Música, esta sería el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo. Algo que, en gran medida, se salta a la torera nuestro compositor, dando un puntapié a todos los principios fundamentales, la coherencia y la lógica para jugar con las disonancias, los silencios,... y lograr un resultado espectacular.

He de reconocer que debo estar haciéndome mayor, ya que nunca pensé cuando creé este blog que dedicaría un tema a algo tan distinto a lo que me enamoró cuando descubrí la música de cine. Creo que empiezo a entender aquello que me decían de que la edad te enseña a apreciar los pequeños detalles, eso o empiezo a chochear...

Un saludo.