lunes, 5 de octubre de 2015

La importancia de la música en el cine.

La importancia de la música en el cine.


Hoy veremos la importancia de la música de cine de manera gráfica. Serían muchos lo ejemplos que podría traer para demostrar esto, pero no será necesario, ni recomendable, verlos todos para darnos cuenta del valor que alcanza la música en el cine, por lo que será con tres de los compositores más representativos de la historia del séptimo arte con los que tratemos de descubrir la verdadera importancia de nuestro actor invisible.

La primera cita la tenemos con el genero de terror, ya que la escena de la ducha de "Psycho" (Alfred Hitchcock, 1960) es perfecta para lo que nos trae hoy aquí. (ver escena)
En sí, la escena rodada por Hitchcock es perfecta, con una duración ideal para que las imágenes hablen por si misma sin necesidad de ningún tipo de aderezo. 
Pero Herrmann era mucho Herrmann, y lograba con su composición intensificar la escena yendo directamente a la psique del espectador. De manera que, mientras el director trataba la escena con una moralidad cuasi victoriana (desnudo aparte), el compositor era quien realmente se ensañaba con la víctima, elevando la violencia de la secuencia a cotas muy superiores de lo que lo hacía el propio Hitchcock. De esta forma, mientras Norman Bates propinaba algo menos de una decena de cuchilladas, Bernard Herrmann llegaba a cuadriplicarlas a base de acordes.


Otro caso lo tenemos en la bondad de la música a la hora de crear el ambiente idílico deseado. En el siguiente ejemplo lo veremos en la escena final de "Star Wars IV" (George Lucas, 1977).
En el primer enlace (ver escena) vemos como la ausencia de la composición de John Williams lleva a la pomposa ceremonia de entrega de medallas, tanto por los graznidos de Chewbacca como los atolondrados pasos de R2-D2, a tomar un cariz casi cómico, además de llegar a resultar algo tediosos los menos de dos minutos que dura la escena.
Sensación que se pierde una vez incorporada las fanfarrias del gran compositor como podemos ver en el siguiente enlace: (ver escena). Con estas alcanza la magnificencia deseada y  transforma los cómicos gritos del peludo Chewbacca en poderosas órdenes marciales, mientras que, gracias a tonos románticos, lograba convertir los inseguros pasos del robot en el cariñoso caminar de un hijo de corta edad. 

Pero si buscamos un compositor que haya logrado con su música que la melodía consiga protagonismo propio, este es Ennio Morricone.
Un claro ejemplo lo tenemos en el film "Once upon a time in the west" (Sergio Leone, 1968). Film en el que Morricone lograba con la escena del duelo final (una escena de algo más de nueve minutos donde apenas escuchamos dos frases cortas) que la música adquiriera tal relevancia que no hicieran falta más palabras, algo que está a la alcance de muy pocos compositores y, por supuesto, directores. 
Así, gracias al producto de la simbiosis que se creaba entre director (Sergio Leone) y compositor (Ennio Morricone) podríamos disfrutar de escenas como la de este impactante duelo final en este Spaghetti de 1968 (ver enlace).
Y es que, en dicha escena, la música trasciende para transformarse en el narrador de una venganza, enfatizando la dicotomía visual del blanco y negro en su representación del bien y el mal (o el bueno y el malo) y sirviendo de nudo para cerrar el círculo de una trama que, hasta ese momento, no llegábamos a comprender, pero que el compositor había ido entretejiendo con su música a lo largo del film, hasta que, finalmente, sobrasen las palabras.
Aquel que quiera hacer la prueba puede intentar ver la escena sin audio y entenderá de qué hablo.

Un saludo.

domingo, 1 de marzo de 2015

87ª Edición de los Oscar

Si los Globos de Oro nos llegaban a sorprender cuando nombraban ganador al joven islandés Johann Johansson por su estupendo trabajo en "La teoría del todo". Los Oscar, fiel a la tradición y lejos de los sobresaltos, hacía alzar la estatuilla a uno de los compositores más carismáticos del momento, el galo Alexandre Desplat. 
Desplat, quien no era la primera vez que optaba al galardón, en esta ocasión lo hacía con más ventaja que el resto de sus adversarios, ya que optaba al Oscar a mejor banda sonora por partida doble, con: "The Imitation Game" y "El gran hotel Budapest".

Nada hacía presagiar que, aún con esta ventaja, Desplat se hiciera con el triunfo, ya que volvía a competir contra "La teoría del todo" de Johansson y el "Interstellar" de Zimmer, algo más atrás quedaba en las apuestas el "Mr. Turner" de Gary Yershon.
Afortunadamente, en esta ocasión, la academia lograba reconocer el trabajo del francés, y lo más curioso, lo hacía con la banda sonora más arriesgada de las dos con las que optaba al premio. Esto no quiere decir que fuera su banda sonora más original hasta el momento, ya que este genio nos tiene acostumbrados a moverse como pez en el agua en diversos estilos compositivos, pero, al igual que el film al que iba destinado, era la más irreverente y a la vez brillante de todas las que optaban al premio (opinión personal).
Pues sí, esta no era otra que la explosiva cinta del imaginativo Wes Anderson: "El gran hotel Budapest". La pareja (director/compositor) ya nos tiene acostumbrados a sus brillantes desmanes, por lo que a pocos de sus seguidores nos sorprendía esta nueva y colorista joya cinematográfica. Pero, al igual que los buenos vinos mejoran con los años, a ellos les ocurría lo mismo. Y si Anderson nos dejaba con una de sus obras más logradas, Desplat, en esa extraña simbiosis que ha conseguido crear con el director se mostraba exultante, dejándonos esta obra que, por fin, le daba el preciado Oscar.

Un saludo.

martes, 13 de enero de 2015

Premio 72ª Edición de los Globos de Oro (Mejor Banda Sonora)


72ª Edición de los Globos de Oro.


Hoy haremos una excepción a todo lo visto anteriormente en este blog, pero creo que el hecho lo merece, así comentaremos la banda sonora ganadora al Globo de Oro de 2014.

En esto de los premios siempre me queda un cierto regusto a sí... pero. Este fin de semana se entregaban los Globos de Oro y los compositores a mejor banda sonora eran, además de los consagrados Hans Zimmer y Alexandre Desplat (el primero por "Interestellar" y el segundo por " The Imitation Game"), una nueva tacada de no tan conocidos compositores como: Trent Reznor y Atticus Ross por "Perdida", Antonio Sánchez por "Birdman" y un muy inspirado Johann Johansson, islandés que se hacía con el galardón con una banda sonora muy emotiva para el film británico "La teoría del todo" (James Marsh, 2014).
Johansson se mueve ágilmente en el film con melodías de corte romántico donde combina estilos recurrentes en compositores de uno y otro lado del charco, pero donde prevalecen aires Deleurianos y, por ende, de la nueva escuela francesa. Así podemos escuchar temas que parecen haber salido de la mano de Gaigne, Rombi o el propio Desplat, trabajo en el que nos deja temas tan hermosos como: "Epílogo", "Rowing" o la fantástica "Domestic Pressures(donde podremos apreciar lo anteriormente comentado).
Por tanto, solo añadir que, si bien uno siempre tiene en mente su banda sonora del año y que esta no siempre suele coincidir con la que finalmente se alzará con uno de esos codiciados galardones. Este año, aunque la banda sonora de Johann Johansson no se hallaba entre las que un servidor hubiera metido en su quiniela (en esta ocasión por desconocimiento, ya que el film se estrenará en España el próximo 16 de enero), he de reconocer, que lo tiene más que merecido.


Un saludo.

jueves, 16 de octubre de 2014

Philip Glass (Compositor)

Philip Glass

Philip Morris Glass, Baltimore (Estados Unidos), 1937.


Hablar de Philip Glass es sinónimo de controversia y tesón. Con unos inicios bastante complicados gracias a su particular lucha por salirse de los cánones establecidos, nos encontramos con un compositor que busca su estilo dentro de los patrones del emergente minimalismo musical de los años 60. Encasillamiento con el que nunca ha llegado a estar totalmente de acuerdo, autodenominándose simplemente como compositor de "música repetitiva". 
Lo cierto y verdad es que, independientemente de lo que piense el compositor, su obra, al menos la cinematográfica, mantiene un esquema parecido al de otros autores minimalistas, muy similar a la de compositores vistos anteriormente, como la del británico Michael Nyman.
Así que, por mi parte y aunque le pese a nuestro autor, lo encuadraré dentro del estilo de estas corriente minimalista cinematográfica, corriente a la que pertenecen otros autores vistos anteriormente como el mencionado Nyman o el francés Yann Tiersen. Lógicamente, cada uno presentará rasgos particulares en su obra que los distinguirá a unos de otros. Ya vimos como Nyman buscaba su sello en melodías de un marcado estilo barroco, Tiersen en aires circenses afrancesados y Glass...

Comenzar a hablar de la obra cinematográfica del compositor sin hacer previamente un repaso a sus duros e incomprendidos inicios no me parecía de rigor. Por lo que comentaré que, esa búsqueda por encontrar un sello propio no estuvo exenta de riesgos, viéndose obligado durante la década de los 60 y gran parte de la de los 70 a quedar relegado al entorno de la cultura underground, algo que no permitiría a nuestro autor durante aquellos duros años a centrarse en su tarea como compositor, viéndose obligado a alternar con otros trabajos como el de taxista o técnico de electrodomésticos para poder subsistir.

No es hasta 1976 cuando tanta persistencia viera su recompensa, ya que en este año se estrenaba la opera experimental «Einstein on the Beach». Creada en colaboración con el productor teatral Robert Wilson, se trata de un curioso montaje de casi cinco horas concebido para que el público pudiera entrar y salir libremente durante su interpretación y que, sorprendentemente, obtiene una más que clamorosa acogida. Tanto, que se convertiría en la primera entrega de una trilogía operística.

Los años 80 serían los que permitirían su despegue definitivo. Acompañado de un suavizamiento de su estilo compositivo, en esta década realizará varias colaboraciones para consagrados artistas como Mike Oldfield, Paul Simon o David Bowie. Y sobre todo, ya que es lo que nos trae aquí, inicia su trabajo como compositor para el medio audiovisual. 
Este debut se dará acompañando al documental experimental de Godfrey Reggio "Koyaanisqatsi" en 1982. Obra de nombre impronunciable que, al igual que la vista anteriormente, se convertiría en documental de culto y terminaría formando parte de otra trilogía, al acompañarlo en 1988 "Powaqqatsi" y ya entrado el nuevo milenio (en 2002) "Naqoyqatsi". 
Tres documentales en los que se aborda el choque entre las sociedades tecnológicas y la naturaleza a través de imágenes y que tan sólo llevaban como acompañamiento la sobrecogedora música de Glass.

Poco más tarde, en 1985, conseguía crear su primera gran obra para un film. En esta ocasión acompañando al biopic sobre el controvertido dramaturgo japonés Yukio Mishima: "Mishima: una vida en cuatro capítulos". Film dirigido por Paul Schrader (y producido nada menos que por Francis Ford Coppola y George Lucas), lograba, gracias a la fotografía de John Bailey, los exquisitos decorados y vestuario de Eiko Ishioka y la inolvidable banda sonora de Philip Glass el Premio a la Mejor Contribución Artística del Festival de Cannes de 1985.

En estos primeros años su carrera se desarrolla componiendo fundamentalmente para documentales y algunos filmes en los que no se decanta por ningún género en concreto. Así lo vemos en el film bélico "La colina de la hamburguesa" (John Irvin, 1987). Posteriormente, componiendo junto a Keith Emerson, Goblin y Fabio Pignatelli en el film de terror producido por un clásico en el  género del país transalpino, Darío Argento: "El engendro del terror" (Michele Soavi, 1989). O en la cinta indie norteamericana "Senderos de la mente" (Bernt Amadeus Capra, 1990) ya entrados en la década de los 90.

En la nueva década no varía en exceso la factura del autor, a lo que hay que añadir que a sus composiciones para documentales y filmes se añaden los que realiza para cortos y series de televisión. Así, en el primer lustro de la última década del siglo XX, tenemos como obras más destacadas la melodía que acompaña a un nuevo film de terror, aunque en esta ocasión lo hará en solitario: "Candyman, el dominio de la mente" (Bernard Rose, 1992). Si bien Glass nos deja con una nueva partitura repetitiva con la que logra crear una atmósfera obsesiva/opresiva que ahonda en el aspecto psicológico del terror que se desarrolla en el film, como contrapunto, escribe un brillante tema para el personaje protagonista Helen Lyle (papel interpretado por la actriz Virginia Madsen): "It was always you, Helen". Tema que con aire redentor sirve para dulcificar el gran misterio que se esconde en el film.
En 1995 volvía a trabajar para la segunda entrega de la franquicia de Candyman: "Candyman 2". En esta ocasión a las órdenes de Bill Condon, nuestro autor mantendrá sus melodías reiterativas que, acompañadas de voces corales, sirven para crear un entorno onírico de corte gótico muy sugestivo e intrigante. Y, una vez más, la protagonista tiene la suerte de llevarse una de las melodías más logradas del film: " Annie's Theme".

El segundo lustro de la década de los noventa iba a dar algo más de sí. En 1996 componía para un film que, aun contando con un buen reparto (Bob Hoskins, Patricia Arquette, Gérard Depardieu, Christian Bale o Robin Williams) y una historia interesante basada en la novela de Joseph Conrad, no lograba dar mucho de sí: "El agente secreto" (Christopher Hampton, 1996). Afortunadamente, el compositor nos dejaba con una banda sonora más que aceptable en la que incluía el bello tema principal escrito para cello.

Sin embargo, un año más tarde, en la que no era ni mucho menos su obra más redonda ni innovadora, lograba el que sería su primer gran éxito, optando por primera vez a hacerse con el Oscar, el Globo de Oro y alzándose por segunda vez con el premio concedido por los críticos de Los Ángeles (el primero lo lograba en 1982 por la melodía del documental "Koyaanisqatsi"). 
El hecho es que, la composición realizada para el film de 1997 de Martin Scorsese "Kundun" (biopic sobre el niño que en 1937 estuvo destinado a convertirse en el décimo cuarto Dalai Lama), lograba entrar por primera vez en la pomada para optar a varios de los premios más prestigiosos del séptimo arte. 
Posiblemente fuera el que en esta ocasión su música iba acompañando a un film de un director tan consagrado como Scorsese lo que llevó a la crítica a tener otra visión de la obra de nuestro autor. Ya que Glass, una vez más, volvía a desarrollar una banda sonora similar a la realizada en otras ocasiones. Eso sí, en la que, como buen budista y entendido en su música, se explayaba a la hora de añadir a sus ya célebres composiciones minimalistas un buen surtido de ritmos monástico tibetanos.

Pero su primer reconocimiento en forma de una de estas preciadas estatuillas llegaría un año más tarde cuando, componiendo junto al germano Burkhard von Dallwitz, lograban hacerse con el Globo de Oro a Mejor banda  sonora por la composición que acompañaba al célebre film en el que el sr. Jim Carrey lograba hacer menos el Carrey: "El show de Truman" (Peter Weir, 1998). Premio al que acompañarían con el otorgado por la Asociación de Críticos de Chicago.

Si bien vemos como en el último periodo las composiciones de Glass van adquiriendo un tono más ortodoxo y comercial, algo que se hace más patente con la llegada del nuevo milenio, este no abandonará en ningún momento su estilo repetitivo que, aunque más dulcificado, se mantendrá presente hasta la actualidad.

Así llegamos al año 2002, año en el que compone una de sus grandes obras maestras, la que daría melodía al film "Las horas" (Stephen Daldry, 2002). Interesante película que nos narra la historia de varias mujeres que de alguna manera se ven relacionadas en distintos periodos de tiempo. Como no podía ser menos, una historia de mujeres en un film realizado en la meca del cine, no podía contar con un reparto femenino más acertado, teniendo papeles destacados actrices de la talla de Meryl Streep, Julianne Moore, una increíblemente caracterizada e irreconocible Nicole Kidman (actriz que acumularía el mayor número de premios) o Toni Collette. Sobresaliente también entre tanta fémina, la gran interpretación del genial Ed Harris en uno de los pocos papeles masculinos de cierto protagonismo.
En cuanto a la composición de Glass decir que, nuestro autor lo borda. En este drama temporal la música de Glass se comporta como un bálsamo en una herida, con ella modela la vida y miserias de sus personajes, logrando enfatizar y dar sentido a estas turbulentas existencias. 
A esta gran banda sonora pertenecen varios temas destacados que no me gustaría dejar pasar: "The poets acts", "Morning Passages" o el homónimo titulo "The hours". Fenomenal banda sonora que le volvía a colocar en la palestra a la hora de aspirar a grandes premios. Desafortunadamente, todo quedaba reducido a simples nominaciones al Oscar, Globo de Oro, BAFTA, GRAMMY,... Una pena.

Como era de esperar, los buenos resultados obtenidos en estos filmes iban a dar un mayor reconocimiento a nuestro compositor, sobre todo, a la hora de acompañar filmes en los que se requiriera crear un ambiente de tensión relacionada con aspectos psicológicos. Es por ello que lo vemos trabajar en filmes como "La ventana secreta" (David Koepp, 2004), "Undertow" (David Gordon Green, 2004) o "La moustache" (Emmanuel Carrère, 2005). Thrillers todos ellos donde sus protagonistas son llevados a situaciones emocionales extremas que acabarán por pasarles factura a nivel psíquico. Y, en donde las repetitivas melodías de Glass ayudan sobresalientemente a potenciar ese estado paranoico al que se ven condenados los desgraciados personajes.

En la misma linea llegaba en 2006 su siguiente gran éxito "Diario de un escándalo" (Richard Eyre, 2006). Nuevo thriller psicológico en el que el espectacular duelo interpretativo de sus dos actrices protagonistas (Judi Dench vs Cate Blanchett) hacían levantar el vuelo a un film cuya trama no conseguía enganchar, por más morbo que le dieran. Afortunadamente, Glass vuelve a estar a la altura de las circunstancias y acompaña en protagonismo a las dos grandes actrices, creando una de sus obras más redondas hasta ese momento. Brillante banda sonora cargada de matices y temas tan emotivos como el "First day of school". Tema al que acompañaran otras acertadas composiciones de corte más lúgubre que sirven para acentuar la intriga o dar un mayor dramatismo a la turbulenta historia, como el fantástico "Betrayal".
Tan buena maña le servía para volverlo a aupar a las nominaciones al Oscar, GRAMMY, Chicago Film Critics o el SATELLITE.

Afortunadamente, nuestro compositor se encontraba en racha y, este mismo año de 2006, nos dejaba con otra sobresaliente obra, la que acompañaba a la estética cinta de Neil Burger "El ilusionista". 
En un periodo en el que a los estudios cinematográficos les dio por explotar el filón de la magia con un toque retro (lo vimos también en "El truco final" en 2006 o "El último gran mago" en 2007) , nos encontrábamos con el hermético Edward Norton en un papel que le venía como anillo al dedo cuando daba vida al misterioso ilusionista, Eisenheim.
Nuevamente, Glass nos volvía a demostrar su gran talento a la hora de crear una obra que jugara con lo más profundo de nuestra psique y, como el protagonista, va tejiendo una telaraña de ilusiones que nos mantiene en un continuo vaivén de emociones, solo que en esta ocasión, el compositor opta por dar un ambiente más agradable, creando una banda sonora de aires mágicos donde prevalecen aquellas melodías que nos provocarán sensaciones positivas.

Es un año más tarde, en 2007, cuando Philip Glass nos dejará la que para un servidor es la obra culmen de este inicio del nuevo milenio "Les Animaux amoureux" (Laurent Charbonnier). Nuevamente con el autor acompañando a un documental sobre vida animal, es donde nos volvemos a encontrar con un Glass en estado puro, sólo que en esta ocasión su creación raya la perfección. Obra a la que sólo consigo dar los apelativos de sublime, enérgica, vital,  emotiva, brillante... En ella hay temas tan hermosos como el fantástico tema "L'Envol des Cygnes", melodía que se convierte en el tema central y del que podremos disfrutar junto a otras bellas composiciones con algunas variaciones.

En esta desbordante entrada de milenio habrá otras composiciones que, aunque no tendrán la impronta de las comentadas anteriormente, nos dejarán un gran sabor de boca (aunque los filmes a los que acompañaran no hicieran lo mismo). 
A este humilde servidor, confeso seguidor de un cineasta tan peculiar como el genio de Brooklyn, Woody Allen, le surgirán sentimientos encontrados a la hora de hablar del siguiente film: "El sueño de Casandra" (Woody Allen, 2007). 
Si bien el director nos tiene acostumbrados a sus continuos cambios argumentales, desenvolviéndose con deslumbrante soltura en sus comedias, sorprendentemente, también en los dramas y más recientemente probando fortuna con el thriller, género en donde lograba salir también victorioso en 2006 con Match Point. No ocurría lo mismo con el film mencionado anteriormente, cinta en la que el genio naufraga, dejándonos una película mediocre y común. Pero en la que la composición de Glass (en unas de las pocas ocasiones en la que Allen renuncia a sus recurrentes acompañamientos jazzísticos) cumple sobradamente para, con sus reiterativas melodías, dar fuerza al turbio y enrevesado argumento moral al que nos expone el guion de Allen.

Para terminar este repaso nos quedaremos en la década en la que nos encontramos, ya que en 2012 componía para un producto nacional. Año en el que Philip Glass era el elegido para crear el tétrico ambiente musical de la primera producción de stop-motion hecha con plastilina en España, "El Apóstol" (Fernando Cortizo, 2012). Film de terror que se desarrolla en la Galicia del Camino de Santiago, y a la que pusieron voz actores de reconocido prestigio del panorama cinematográfico nacional como Luis Tosar, Geraldine Chaplin, Manuel Manquiña, Jorge Sanz o el ya desaparecido Paul Naschy.

Es todo por el momento.

Un saludo.




jueves, 4 de septiembre de 2014

Mario Nascimbene (Compositor)

Mario Nascimbene

Mario Ernesto Rosolino Nascimbene, Milán, 1913 - Roma, 2002 (Italia).


Hoy veremos a este interesante músico transalpino. Un milanés que podría haberse vanagloriado de ser el primer italiano en trabajar para los poderosos estudios hollywoodenses allá por mitad del siglo XX. Pero además de esto y de ser el autor de varias melodías de gran importancia en la historia del cine, es el inventor del Mixerama (consola que era capaz de albergar hasta doce cintas magnéticas con las que podía efectuar infinitas combinaciones de sonidos), una especie de sampler rudimentario que permitió a nuestro autor crear una serie de particulares sonidos con los que se acompañaría en sus composiciones.

Aunque es cierto que Mario Nascimbene se hizo muy popular gracias a las bandas sonoras realizadas para algunas de aquellas colosales producciones históricas del Hollywood de los años 50-60 y, posteriormente, con algunas de las que acompañaron a aquellas singulares cintas fantásticas de los estudios británicos de la Hammer (curiosos filmes sobre una adulterada prehistoria en donde los humanos convivían con gigantescos monstruos del jurásico), sus inicios, serían mucho más humildes. Así en 1941 arrancaba su carrera cinematográfica con la banda sonora del romance italiano de Ferdinando Maria Poggioli: "L'amore canta". 
Con estos filmes de su país natal van trancurriendo sus primeros años, componiendo para algunas de las obras realizadas en los prestigiosos estudios romanos de Cinecitá, entre las que se encuentran varias cintas de la popular corriente del neorrealismo italiano y donde colabora con realizadores italianos de la talla de Comencini, Soldati, Lattuada, Risi o Lizzani, pero, en donde a diferencia de otros autores vistos anteriormente, no llega a crear ningún vínculo especial con ninguno de ellos.
De este periodo surgirán algunas de sus primeras obras destacables, como aquellas que acompañaron a filmes como: "Operación Mitra" (Giorgio Cristallini, 1951), película en el que podemos apreciar una melodía jazzística característica de la época. "La valigia dei sogni" (Luigi Comencini, 1953), para la que compone una melodía retro similar a aquellas que sonaban en filmes del difunto cine mudo. O "Cronaca di un delitto" (Mario Sequi, 1953), thriller para el que crea una composición de aires rotianos que nos recuerda aquellas empleadas por nuestro compatriota Miguel Asins Arbó en sus trabajos para Berlanga.

Pero en 1954 su vida daba un giro radical cuando, en plena edad dorada de Hollywood, es elegido por nada menos que Joseph L. Mankiewicz para componer la banda sonora de su película: "La condesa descalza". Film que narraba la turbulenta historia de una bailarina española que tras ser lanzada al estrellato por unos poderosos estudios de Hollywood, caía en una decadente espiral sentimental que terminaría con el asesinato de la bailarina a manos de su despechado esposo. 
Película en la que no sólo podíamos disfrutar de la exuberante belleza de Ava Gadner, quien se metía en el papel de la malograda bailarina, sino que también lo hacíamos con la desgarbada prestancia de Humphrey Bogart, actor que se imbuía en el papel de uno de sus descubridores y amigo personal de la artista.
Nascimbene por su parte, realizaba una interesante partitura sinfónica en la que recurría al uso de aires hispanos y latinos para contextualizar tanto el film como a sus personajes.

Tras esta, aunque seguirá realizando trabajos para películas de su patria natal, inicia una fructífera y meteórica carrera en los Estados Unidos, país para el que crea algunas más que admirables bandas sonoras, como la realizada para la épica historia del conquistador macedonio: "Alejandro Magno" (Robert Rossen, 1956). Film en el que Richard Burton interpretaría al belicoso general y en la que nuestro autor aplicaba el patrón dejado por otro de los grandes de la época dorada de Hollywood, Miklos Rózsa
Sin embargo, Nascimbene, añadía su propio sello personal cuando para las escenas de batallas, aun tratándose de una obra sinfónica, no empleaba instrumentos de cuerda. Con ello lograba dar un aire de mayor marcialidad a las escenas, ya que los únicos instrumentos que se escucharían serían los de viento-percusión. Dejando los instrumentos de cuerda para aquellos leitmotiv de personajes femeninos, ya que consideraba que su uso daba un toque excesivamente romántico a las melodías.

Entre otras de sus grandes obras para aquellos dorados años cincuenta, se encuentra la que acompañaría a la segunda adaptación de la obra de Ernest Hemingway: "Adiós a las armas" (Charles Vidor, 1957) - la primera era realizada en 1932 por Frank Borzage -.
Banda sonora que es considerada por algunos entendidos como una de sus mejores composiciones, pero que al tratarse de una sinfonía más romántica que otras destacadas obras del autor, posiblemente, carezca de la impronta de estas y haya provocado que pasara un poco más desapercibida.

Y en 1958 nos encontramos con una banda sonora que logra trascender al tiempo y convertirse en uno de esos maravillosos clásicos del cine. 
Aún hoy, cuando ya han pasado muchos años de aquella primera vez que vi el film, su melodía vuelve a mí memoria para traerme intensos y gratos recuerdos... Y es que estamos ante una de esas primeras bandas sonoras que darían lugar a lo que hoy día se ha convertido en una de las grandes aficiones de este servidor. Puedo decir sin lugar a equivocaciones, que la banda sonora que veremos a continuación sería el detonante de lo que posteriormente lograrían afianzar otros autores como Barry, Jarre, Williams, Mancini,...
Así que pasemos a ver de qué composición os hablo. Se trata de otra de las muchas bandas sonoras realizadas para una de aquellas mega-producciones históricas de los años cincuenta, film que era costeado por uno de esos grandes estudios hollywoodenses del momento, la United Artists para pasar a convertirse en uno de los grandes éxitos de la productora: "Los vikingos" (Richard Fleischer, 1958).
Si la química que se generaba entre los dos grandes protagonistas, Kirk Douglas y Tony Curtis, nos dejaba pegados al asiento durante las casi dos horas de proyección, la banda sonora de Nascimbe nos llevaba al Valhalla. Y el canto del cuerno vikingo se metía tan dentro de mi alma que ha seguido aflorando en algunos momentos muy inesperados de mi existencia.
Curiosamente, cuando el también compositor cinematográfico y gran amigo del maestro, un intrigado Dimitri Tiomkin, le preguntaba a este con qué instrumento había logrado ese sonido tan peculiar, este le respondía: "Ninguno. En realidad son tres trompas grabadas a doble velocidad, y reproducidas con Mixerama a media velocidad".

Desafortunadamente, cuando dos años más tardes Kirk Douglas, esta vez metido en labores de producción, solicitaba el buen hacer de Nascinbene para un nuevo proyecto histórico-épico: "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960), - film en el que volvían a compartir cartel los dos actores protagonistas que tan buenos resultados cosecharan en la anterior película - Nascimbene, se veía obligado a rechazar la oferta al estar ocupado con otro mega-proyecto, la banda sonora del que fuera el último film de uno de los grandes del cine norteamericano, King Vidor: "Salomón y la reina de Saba". Banda sonora que finalmente recaería en manos de otro de los grandes de la composición cinematográfica de la época, Alex North, quien recogía el testigo con ímpetu y creaba la estupenda melodía que hoy día conocemos.

Indudablemente, este compositor italiano que había logrado hacerse un hueco tan importante en la meca del cine gracias a sus melodías en filmes de corte histórico, tenía todas las papeletas de ser reclamado por una boyante industria cinematográfica transalpina, industria que se subía al carro de algo que en cierta medida les pertenecía, el "cine de romanos". 
Y si en algo se ha caracterizado la industria italiana a lo largo de su historia... es en la originalidad a la hora de hacer sus particulares versiones de los prestigiosos géneros fílmicos hollywodenses. Así, ya vimos cuando desarrollamos "El Western", como cuando el género parecía haber entrado en un imparable declive, ellos, lo volvían a poner en cartel creando el popular subgénero del "Spaghetti". Y, previamente, lo hacían con la exitosa corriente histórica de Hollywood para realizar sus "Peplums". Filmes en donde un apolíneo y ligero de ropa héroe se enfrentaba a diferentes adversidades de origen mitológico. Lógicamente, todo ello, contando con unos recursos económicos mucho más limitados que el de las grandes producciones hollywoodenses, daban a estas producciones una calificación inferior, siendo tildadas como subproductos de Serie B o inferiores.
Pues bien, aunque Mario Nascimbene no se prodigara en este tipo de film, ya que él coincidía con quien las consideraba de inferior categoría (aunque haría alguna que otra excepción a lo largo de su carrera), no tendría ningún reparo cuando se enfrentara con alguna de esas grandes producciones al más puro estilo hollywoodense rodadas en los prestigiosos estudios romanos. Así, en 1960 componía para el film de Carmine Gallone: "Cartago en llamas". Película sobre el hecho histórico de las Guerras Púnicas. Y cinta, en la que tenía un papel muy destacado un joven italiano que posteriormente se convertiría en toda una estrella de los spaghettis, y de ese otro género tan añorado e inclasificable donde iría acompañado por un querido gigante barbudo. Este no es otro que Mario Girotti o más conocido por Terence Hill.

Lo que estaba claro, es que tras la excelente bandas sonoras compuesta para los filmes de corte histórico, no le iban a faltar encargos tanto fuera como dentro de su tierra natal, y esto, en el inicio de la década de los 60, se iba hacer muy patente. Así, 1961 se convertía en un año de referencia en la carrera de nuestro compositor, ya que en él volvía a crear varias de sus más grandes aportaciones para el cine del género. Entre ellos nos encontramos con los trabajos para algunas de las mejores superproducciones de los estudios italianos de Cinecitá y otros trabajos para filmes británicos o norteamericanos. Filmes en los que Nascimbene dejaba muy claro que lo ocurrido en películas como la de Richard Fleischer no habían sido una casualidad.
Tanto es así que 1961 acumula títulos tan destacados en varias de las superproducciones italianas que contaron con un gran reparto internacional como: "Los mongoles" (André De Toth y Leopoldo Savona), film donde la particular figura de uno de aquellos legendarios malvados del cine, Jack Palance, se adentraba en la piel del caudillo Ogatai, para continuar con la labor de expansión de los mongoles por tierras de Asia, Europa y África. Y en la que Nascimbene crea una obra de melodías conocidas.
Sin duda era otra de aquellas producciones transalpinas la que se llevabaría toda la gloria. Y en ello ayudaba en gran medida la presencia de la poderosa figura del mexicano Anthony Quinn, quien como en otras de sus muchas geniales interpretaciones nos deleitaba dando vida al indultado "Barrabás" (Richard Fleischer), papel que se vería reforzado por la presencia de otros grandes intérpretes locales y foráneos como Vittorio Gassman, Silvana Mangano, Jack Palance o  Ernest Borgnine. 
Mientras tanto, Fleischer, volvía a confiar en la profesionalidad de Nascimbene a la hora de poner melodía al film. Y el maestro, aunque no llegaba a la altura del anterior trabajo para el director, sí que lograba dejarnos un gran trabajo en el que mantenía la linea de anteriores composiciones para filmes de corte histórico y en donde volvía hacer un buen uso de su recurrente invento. Pero sobre todo, en ella podemos observar como, en su emocionante tema principal, un visionario Nascimbene creaba ese sonido característico que se fusionaría con el otro género italiano que nacía por estas mismas fechas y que en su apartado musical alcanzaba en 1964 su madurez con el gran Morricone como abanderado, el western a la italiana o spaghetti.
Estos no serían sus únicos trabajos para el género histórico dentro su país natal ni fuera de sus fronteras, así, en tierras transalpinas, también componía para el film de Lionello De Felice "Constantino el grande" y en los Estados Unidos para "Francisco de Asís", la que fuera una de las últimas cintas de uno de los grandes de la filmografía norteamericana: Michael Curtiz.

Curiosamente, lejos de lo que cabría esperar, Nascimbene nunca compondría para un género que nacía en el momento en el que él obtenía la máxima consideración como autor de bandas sonoras de su carrera, el spaghetti. Supongo que, al igual que ocurrió con los peplums, el western a la italiana recibiría la misma consideración del maestro. Una lástima viendo lo que podría haber dado en este popular sucedáneo. Y más aún, cuando el cine de romanos tenía los días contados.

En un principio, esto no iba a suponer ningún problema para nuestro autor, ya que su reputación como gran compositor lo precedía en otros géneros donde había demostrado su valía. Tanto es así que, cuando en 1965 Sidney Lumet le pide que le escriba la música para la fenomenal cinta bélica "La colina", este, conmina al director a que desista de la tarea de buscar una banda sonora para tan fantástico film, ya que lo consideraba innecesario. Lumet, le hacía caso y sólo empleaba canciones de autores varios para algunas de las escenas.

Pero el tiempo le demostraría que tendría que haber tomado por otros derroteros, ya que pronto el cine histórico cedía su protagonismo a otros géneros y nuestro autor, aunque seguía activo, iba perdiendo altura en la ola. 
Esto no significa, que su gran talento no nos dejara alguna composición brillante, ejemplo de ello lo tenemos en el film bélico de 1965: "Le soldatesse" (Valerio Zurlini), en el que Nascimbene se apuntaba al carro de Mikis Theodorakis, quien un año antes inventaba el sirtaki para acompañar al film de Mihalis Kakogiannis: "Zorba el griego". Así, Nascimbene hacía lo propio y creaba el bello sirtaki que acompañó al film: el "sirtaki de Eftikia".

Afortunadamente, un año más tarde, en lo que parece ser una ruptura con sus principios, Nascimbene compone para uno de esos filmes fantásticos de Serie B de la Hammer: "Hace un millón de años" (Don Chaffey). Al parecer, como suele ocurrir normalmente, tenía un mejor concepto de los sucedáneos foráneos que los de su patria natal.
Posiblemente, también ayudara a ello la presencia de una joven y despampanante Rachel Welch, protagonista que se las tendría que ver con algunas de aquellas fieras criaturas del jurásico que se resistieron a la extinción en tiempos pasados.
Para el film, nuestro autor tira de todo su arsenal de sonidos enlatados y pone a funcionar el Mixerama a toda potencia, creando una banda sonora donde se combinan sonidos reales con la música sinfónica del maestro, dando lugar a esta curiosa e interesante banda sonora de aires rozsianos.
Esta combinación de hechos, sobre todo la Welch y su ligera vestimenta, hace que el film se convierta en el mayor éxito de taquilla de la Hammer.
Esto a su vez, lograba crear una inmejorable imagen por parte de la productora británica hacia el compositor italiano, quien, por paradojas del destino, vuelve a ver relanzada su carrera con un cine tan denostado por él, dando lugar a una relación que dará pie a algunas de sus últimas grandes obras. Y es que serían varias las películas de la Hammer que, buscando el éxito logrado por la anterior, reclamarían de su presencia. 
Así lo podremos escuchar en la secuela de "La diosa de fuego" (Robert Day, 1965): "La venganza de la diosa de fuego" (Cliff Owen, 1968). Donde, siguiendo la linea de la productora, se usaba como reclamo la presencia de sensuales actrices para los papeles protagonistas. Y si en el film que daba origen a la saga era la salvaje belleza de Ursula Andress quien se hacía con los corazones del público masculino, en su secuela correspondía el honor a la belleza checa de Olga Schoberová. 
Dos años más tarde volvía a hacer lo propio para las secuelas del film que lo vinculó a la productora con la composición para "Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra" (Val Guest, 1970) y posteriormente con: "Criaturas olvidadas del mundo" (Don Chaffey, 1971). Películas en las que se mantenía el alto nivel de erotismo gracias a los insinuantes atributos de sus actrices principales. Y aunque muy lejos del listón dejado por la impresionante Rachel Welch, el nivel fílmico caía a niveles insospechados, algo que Don Mario no estaba dispuesto a soportar al final de su carrera, poniendo fin a tan fructífera relación tras esta última colaboración.
En cuanto a las bandas sonoras, no introduce grandes cambios, y aquí, sí logrará mantenerse fiel a su estilo personal. Creando obras sinfónicas de alto contenido épico, donde emplea un estilo muy similar al empleado para los filmes de corte histórico y en donde volvía a dar buena cuenta de su Mixerama.

La década de los 70 poco más nos dejaba destacable. A partir de aquí se iría produciendo un ligero distanciamiento entre el compositor y la gran pantalla que, suplía con trabajos para su hermana pequeña donde realiza algunas composiciones para series y telefilmes, fundamentalmente, de su patria natal. 
Su último trabajo fue para el film italiano de 1990: "Blue dolphin - l'avventura continua" (Giorgio Moser), película para la que crea una composición aderezada por su inseparable Mixerama y banda sonora por la que obtendría su última nominación a un premio cinematográfico, el David di Donatello. 
Un año más tarde, sí se reconocía su trabajo, siendo condecorado con el David honorífico a toda su carrera.

En 2002, Don Mario, nos dejaba a los 78 años de edad tras más de una década alejado de la composición cinematográfica, pero con el recuerdo siempre presente gracias a sus magistrales composiciones.

Un saludo.