miércoles, 27 de febrero de 2013

Mark Knopfler (Compositor)


Mark Knopfler

Mark Freuder Knopfler, Glasgow, Escocia (Reino Unido), 1949

Hoy veremos la que posiblemente sea la faceta menos conocida del que fuera voz y guitarrista de los Dire Straits.
Está claro que este señor no necesita la presentación de otros autores vistos anteriormente. Hablar de Mark Knopfler es hablar de música comercial de un periodo muy significativo para este que os habla. Aunque he de reconocer que el estilo de los Dire Straits no estaba, en un principio, dentro de mis gustos musicales. Bien hay que decir, que sus canciones llegaron a resultarme interesantes algo más tarde. No sé, si porque su melodías consiguen retrotraerme a ese agradable  periodo de mi vida, o porque realmente he conseguido con el paso del tiempo ser capaz de apreciar la belleza de sus composiciones.
Lo que sí es cierto es, que al igual que me ocurrió cuando el autor daba el paso y abandonaba el grupo para realizar composiciones en solitario, o con los trabajos en su faceta con el grupo The Notting Hillbillies, lo mismo me sucedería cuando escuché su primera banda sonora. Ya que, en todos estos casos, sí que conseguiría cautivarme.

Desafortunadamente, en cuanto al tema que aquí nos trae, lamento tener que deciros que nuestro autor no ha sido especialmente productivo. Por lo que tendremos que conformarnos con un pequeño, pero genial, ramillete de bellas composiciones realizadas para el séptimo arte.
Aunque, bien es cierto, que muchas de las obras en su paso por los Dire Straits han aparecido en innumerables ocasiones en filmes, series de televisión, algún que otro documental o como tema de apertura o cierre de algún programa de televisión. Nosotros nos centraremos, solamente, en sus bandas sonoras originales. Aquellas que fueron creadas para, en este caso, un film en concreto.

Comenzaremos en 1983, año en el que inicia su corta y hermosa relación con el cine, y donde, un asombroso Mark Knopfler, nos deja una de sus mejores composiciones. Y no me refiero sólo a las cinematográficas (al menos… para un servidor).
Se trata del film sobradamente escocés: “Un tipo genial” (Título original: “Local Hero”), donde tanto director, Bill Forsyth, compositor, y por supuesto los escenarios, eran de esta hermosa tierra.
Fantástica película donde se mezclan tradición, magia y naturaleza para enfrentarse al mundo moderno y su oro negro. 
Magníficas interpretaciones tanto en el papel protagonista a cargo del poco conocido Peter Riegert y un secundario de lujo, Burt Lancaster.
Obra, que daría lugar a que los amantes de la música de cine deseáramos que se produjera una nueva y pronta colaboración. Y donde el trabajo de nuestro compositor se vio en parte reconocido al ser nominado al BAFTA.

Y, afortunadamente, la espera no fue larga. Corría el año de 1984 cuando el músico volvía a trabajar para Bill Forsyth, en esta ocasión para el film británico “Comfort and Joy”. 
Nueva obra que, aunque he de reconocer no tiene la fuerza de la anterior, sí que nos deja una melodía muy serena y delicada.
Composición realizada sobre arreglos de reconocibles temas italianos, a la que nuestro autor le da su toque personal. El causante de esto... El argumento de la comedia, el cual gira en torno a un conflicto entre familias italianas enfrentadas por hacerse con el mercado de los helados en Glasgow.
Pero esto no es todo en este año de 1984, ya que, en este mismo año nos llevamos la grata sorpresa de tener no una, sino dos melodías fílmicas de nuestro compositor. Y más grata aun, cuando escuchamos la composición y vemos como nos vuelve a brindar con una gran obra como esta.
Me refiero a la banda sonora del film de Pat O'Connor: “Cal”. Curioso drama romántico entre víctima y verdugo del terrorismo del IRA, para el que Knopfler nos ofrece esta maravillosa pieza, “Irish Boy”, gran tema con una fuerte influencia de la música celta.

Nos vamos al año de 1987, donde nuestro autor, dando el salto, cruza el Atlántico y compone la dulce melodía del cuento infantil “La princesa prometida” (Rob Reiner). Historia de aventuras que, una vez más, gira en torno a un tema romántico.
Mágico cuento narrado por el abuelo, y secundario de lujo Peter Falk (Colombo), a su nieto enfermo. En el que Mark Knopfler nos deja varios temas estupendos, sobre todo los de estructura romántica, como este: “Once upon a Time...Storybook Love”. 
Su versión lírica: “Storybook Love”, entonada por el cantante Willy DeVille, optó al Oscar a mejor canción; mientras que Mark Knopfler se tendría que conformar con la nominación al Grammy.

Tienen que pasar dos años para que nuestro autor vuelva a componer una banda sonora, en esta ocasión, para el duro film alemán “Última salida, Brooklyn”.
Drama social, en el que el director Uli Edel se sumerge en los barrios marginales de Brooklyn y nos narra una desgarradora historia de marginación y violencia en los duros años 50.
Para él, Mark Nokpfler, compone un tema mucho más sinfónico, dramático e intenso de una innegable belleza.

Pasarían unos cuantos años antes de que Knopfler volviera a realizar una nueva banda sonora. Ya que no es hasta 1997 cuando nos vuelve a deleitar con otra nueva composición. Donde, en este caso, además de componer y tocar la guitarra, también pone voz a la melodía del film “Metroland” (Philip Saville). Con un trabajo más acorde a su historial como músico de bandas, en el que nos deja su inconfundible sonido de guitarra.
Curiosamente, después de este largo periodo de sequía, en este mismo año de 1997, nos dejará otro trabajo. Se trata de la satírica comedía norteamericana que gira en torno a los entresijos de la política norteamericana: “La cortina de humo” (Barry Levinson). Film que contaría con dos actores de lujo en papeles protagonistas: Dustin Hoffman y Robert De Niro.
Película con una temática muy actual, en la que, con una gran dosis de humor, se nos muestra algo tan serio como la manipulación de la información. En este caso, para ocultar un escándalo sexual del presidente de los EEUU antes de las elecciones.
Mark Knofler, compone una banda sonora ligera en la que combina varios estilos.

Terminaremos al inicio del nuevo milenio, ya que en el año 2000 compone la que ha sido hasta ahora su última banda sonora.
El film agraciado sería el británico “A Shot at Glory” (Michael Corrente). Donde, terminaremos en el mismo lugar donde comenzamos, en las tierras que vieron nacer a nuestro compositor, Escocia.
Película sobre el deporte por antonomasia en Europa, el fútbol. Con un reparto más que aceptable, pero cuyo film no dio para mucho, me imagino, que el personal prefiere ir al estadio para ver fútbol, a menos, que saques a Pelé en el film.
Lo cierto es que, aun así, nuestro compositor realiza un más que aceptable trabajo, donde, al desarrollarse en tierras escocesas, compone un banda sonora de fuerte influencia celta.

Lamento deciros que esto es todo, aunque no me importaría abrir el hilo más adelante e introducir algún nuevo aporte, siempre que el Sr. Knopfler así lo quisiera.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Antón García Abril (Compositor)


Antón García Abril

Teruel (España), 1933

Hoy será el turno de nuestro primer compositor nacional. Muchos de vosotros se preguntaréis cómo he tardado tanto en hablar de uno de los nuestros. Bueno, pues ahora os diré el porqué.
Lamentablemente nuestro país, aun contando con muy buenos compositores, no se ha caracterizado por su producción en música de cine. Siendo pocos los autores que han alcanzado cierta fama fuera de nuestras fronteras en esto de la composición de bandas sonoras, y lejos de otros países europeos como Italia, Francia o Reino Unido, los cuales, cuentan con bastantes autores de renombre en esta bella disciplina musical.
Paradójicamente, nuestro cine sí ha alcanzado cuotas aceptables de popularidad con sus producciones cinematográficas, contando con una cantidad considerable de películas y directores de reconocido prestigio fuera de nuestro país. Hecho que nos ha llevado a conseguir, en no pocas ocasiones, premios y nominaciones en festivales internacionales. Y no me refiero sólo en la actualidad. 
Así, directores españoles como Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem,… lo harían en tiempos muy difíciles. Tiempos en los que fue muy complicado realizar trabajos con libertad en nuestro país, y tiempos, en los que algunos se vieron obligados a abandonarlo. Lo que, al menos, les brindó la oportunidad  de desarrollar su carrera con más autonomía, y de esta manera, cosechar sus triunfos en nombre del país de acogida. Claro ejemplo de ello lo tenemos con Luis Buñuel, quien logró el Oscar y Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa o extranjera por el film francés “El discreto encanto de la burguesía” en 1972.
Mientras, otros tiraban de todo su ingenio para poder dejarnos obras magistrales sin salir de nuestro país. Eso sí, teniendo que hilar muy fino para poder sortear la censura del franquismo.
Claro ejemplo de ello fueron: Luis García Berlanga o Juan Antonio Bardem; quienes lograron grandes trabajos de reconocimiento internacional como directores y guionistas.
Más adelante surgirían nuevos talentos como Carlos Saura, José Luis Garci, José Luis Borau, Mario Camus, Jaime de Armiñán,… Quienes volverían a crear filmes con un merecido reconocimiento fuera de nuestras fronteras en los últimos años de la dictadura y principios de la transición. Periodo, este último, muy creativo en todos los sentidos. 
Momento muy productivo, en el que surgirían películas muy significativas con argumentos antes intocables como los de  tinte político y social, que sería acompañado por el conocido “Destape a la española”. Todo ello, facilitado por el fin del régimen y el aperturismo a temas antes tabú.
Una vez iniciado, asentado y asumido por nuestra sociedad este nuevo estado de libertad, surge una nueva hornada de directores que, junto con algunos de los anteriormente citados, vuelven a darnos grandes alegrías. Así, aparecen Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, José Luis Cuerda, Fernando Colomo,…
Y de esta manera, llegar hasta nuestros días con otra nueva tacada de grandes directores como: Alejandro Amenábar, Icíar Bollaín, Julio Medem y…  Juan Antonio Bayona.

Esto nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que toda esta calidad filmográfica, no se haya visto acompañada de grandes compositores de bandas sonoras?
Bueno, pues esto no es del todo cierto. Aunque nuestro país no se haya caracterizado por sus compositores cinematográficos, sí que ha dado grandes compositores de bandas sonoras. Quizás, la idiosincrasia de nuestro país hacía difícil ser un profesional de reconocimiento internacional en este género. O puede, que nos faltara esa gran figura que hubiera tirado del carro en los momentos difíciles y le hubiera dado el impulso que necesitábamos y que nunca llegó.
Ya es tarde para lamentaciones. Así, sólo queda esperar que esta nueva camada que ya empieza a dar sus frutos... llegue a lo más alto.
Momento en el que, parece ser, podemos encontrarnos. Y en el que, alguno de estos consagrados compositores empiezan a tener ese reconocimiento antes vetado para los nuestros y solo accesible para los de otras nacionalidades.
Brecha, que parecen haber abierto Alberto iglesias y Javier Navarrete, en lo que espero, se conviertan en la punta de lanza para futuros compositores nacionales.

Pues… una vez puestos en situación, y antes de que el artículo sobre el autor que nos trae aquí quede totalmente desvirtuado, pasaremos sin más dilación a hablar sobre nuestro compositor de hoy.

Puede, que para muchos de vosotros el nombre de Antón García Abril no os diga nada, pero si habéis nacido o se habéis criado en España y ya tenéis algunos años a vuestras espaldas, seguro, que conoceréis gran parte de su obra; ya que nuestro autor ha dado melodía a una parte considerable de nuestra filmografía nacional, tanto en la gran, como en la pequeña pantalla,  componiendo, algo más, de la nada desdeñable cifra de… ciento cincuenta bandas sonoras.

Este ciudadano del reino de Aragón, comienza su periplo por el séptimo arte en el año de 1956. Siendo aún estudiante, es reclamado para componer la banda sonora del film “Torrepartida,”, obra del prolífico Pedro Lazaga. Director para el que escribiría, una vez comenzada esta relación, casi toda las bandas sonoras de sus películas.

Él, es el culpable de que los españoles sufriéramos el “Dabadaismo” a partir del año de 1967. Estilo muy recurrente  en la mayoría de las películas de producción española a partir de esa fecha.
Que si bien resultaría todo un éxito para su creador, el francés Francis Lai, cuando un año antes componía la canción del film de Claude Lelouch “Un hombre y una mujer” (1966). Posteriormente, se convertiría en toda una pesadilla para los sufridos españoles de los años 70, 80, 90,…. condena que parece no tener fin, gracias a las continuas reposiciones de nuestra filmografía de ese periodo.
Bien, pues una vez conocidos creador (Francis Lai) e introductor del susodicho “estilo” en nuestro país (Antón García Abril). Pasemos a conocer la obra culpable de ello: “Sor Citroen” (1967).
Se trata de una de las muchas obras del dúo Lazaga-Antón. Film, en la que la dichosa monjita encarnada por la vivaracha Gracita Morales, se quedó muy a gusto conduciendo su coche francés (al igual que el inventor del soniquete), al son del dabadá.

Afortunadamente para nosotros, nuestro compositor siempre dio muestras de su gran versatilidad y talento. Así, aprovechando la época en la que se encontraba, se enganchó al carro que pasaba hacia Almería (que no era el de Don Manolo Escobar) y logra componer algunas de las bandas sonoras de los Spaghetti Western que se empezaban a realizar en nuestros estudios del desierto de Tabernas.
Entre ellas, podemos destacar la producción italiana interpretada por el internacional transalpino, Franco Nero: “Adiós, Texas” (Ferdinando Baldi, 1966). En lo que fue un intento de fusión entre las melodías de Bernstein y Morricone, bueno… intento.

Pasamos a la década de los 70, donde, en mi humilde entender, creo, nos deja una de sus mejores obras, sólo que en esta ocasión realizada para la pequeña pantalla.
Corría el año de 1974, cuando tiene la fortuna de que caiga en sus manos el trabajo de realizar la melodía de la serie de vida salvaje “El Hombre y la Tierra” (1974-1980), en el que nuestro malogrado e insigne divulgador naturalista Félix Rodríguez de la Fuente era el encargado de guiar el programa. Igualmente podríamos decir que, el Sr. Félix Rodríguez de la Fuente tuvo la gran suerte de que el compositor dejara una de sus obras más intensas y reconocidas.

La década de los 80 daría una buena cosecha, ya que en ella compone varías de sus melodías más recordadas.
Comenzaría pronto, ya que en 1980, escribiría la que fue una de sus composiciones más bellas, y esta no es otra que la realizada para la miniserie de televisión, adaptación de la obra de Benito Pérez Galdós: “Fortunata y Jacinta” (Mario Camus). 
Reparto de lujo para esta serie clásica, que contó con actores como Ana Belén y Maribel Martín en los papeles protagonistas, y Fernando Fernán Gómez, Charo López, Francisco Rabal o María Luisa Ponte en papeles secundarios.

Esta década trajo otros trabajos para series o miniseries de televisión, aparte de la ya mencionada. Así, lo volvemos a escuchar en 1982 acompañando a nuestro premio Nobel, el médico y científico: “Ramón y Cajal” (José María Forqué). 
Personaje nacido en Navarra, pero aragonés de corazón y adopción. Y, al que nuestro compositor aragonés rinde tributo con una melodía muy de la tierra.
Papel interpretado sobriamente por el actor Adolfo Marsillach, quien fuera acompañado en esta estupenda serie por otros grandes como Fernando Fernán Gómez o Encarna Paso entre otros.

En 1983 compondría otro reconocido tema para otra serie de televisión, esta vez, en un contexto más contemporáneo. Ya que trataría sobre un bufete de abogados matrimonialistas, justo en el mismo periodo, en que en España se aprobaba la Ley del divorcio.
Me refiero a la serie “Anillos de oro”, dirigida por Pedro Masó y con guión e interpretación de Ana Diosdado, acompañada por un joven Imanol Arias y un sobrio Xabier Elorriaga.

No podía dejar sin mencionar los filmes que vienen a continuación, ya que son dos grandes películas de la historia del cine español y, aunque como bandas sonoras no tuvieran una gran trascendencia, sí los tuvieron los filmes a los que acompañaría. Se tratan de: “La Colmena” (Mario Camus, 1982) y “Los santos inocentes” (Mario Camus, 1984). 
Para esta última, Antón realiza una composición de alto contenido dramático de sonidos rurales, con la que intensifica el desasosiego en el que nos sumerge, y a veces ahoga, la gran obra de Delibes.

Terminaremos con su gran y tardío reconocimiento internacional. La miniserie de televisión: “Great Performances: Monsignor Quixote” (Rodney Bennett, 1987). Obra, para la que nuestro autor compone una bella y elegante sinfonía de aires españoles.
La miniserie, es una versión moderna de la obra de Cervantes, realizada a partir de la obra del novelista británico Graham Greene, con la que homenajea a nuestro legendario caballero español. El papel de Don Quijote sería interpretado por el veterano y gran actor inglés Sir Alex Guinness.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ryūichi Sakamoto (Compositor)


Ryūichi Sakamoto

Tokio (Japón), 1952.

Este curioso compositor y actor japonés. Quien mantiene una filosofía de vida muy diferente a la gran mayoría de personajes de la farándula, filántropo y ecologista. Y, aunque algunos podrían decir que con postulados contrarios a su propio interés, al estar en contra de las leyes de propiedad intelectual; personalmente, pienso que mantiene una postura muy loable en los tiempos que corren, al facilitar de esta manera el acceso a  su obra y a la cultura.

Este discreto compositor, con grandes resultados en sus escasas composiciones para el séptimo arte, es poseedor de un Oscar, dos Globos de Oro, un BAFTA y dos nominaciones de la academia de cine japonesa, entre otros.

Como he mencionado, su obra para acompañamientos de películas es escasa. A ello, hay que sumarle otros trabajos como el realizado en el videojuego de PlayStation 2, inspirado en la película de Kurosawa: “Los siete samuráis”, titulado: “Seven Samurai 20XX”. Para la que compone dos de sus temas.
O la música de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Ahora, como en anteriores ocasiones, pasaremos a realizar un repaso a su obra cinematográfica. 
Comenzaremos con su primer trabajo para el séptimo arte, obra en la que nuestro compositor, a pesar de ser un principiante en esto de las bandas sonoras, consigue una de sus composiciones más logradas.
Se trata del film japonés del director Nagisa Oshima: “Feliz Navidad, Mr. Lawrence” (1983), drama ambientado en un campo de prisioneros japonés de la II Guerra Mundial. Donde, el propio Sakamoto, interpreta uno de los papeles protagonistas, el del Capitán japonés Yonoi.
Por esta bella melodía conseguiría el BAFTA a mejor banda sonora.

Algo más tarde, en 1987, comenzaría una fructífera relación con el director italiano Bernardo Bertolucci. Dicha relación, da lugar a tres grandes bandas sonoras para sendos filmes.
Películas de una delicadeza y vistosidad exquisita en todo su conjunto. Donde el director deja claro una cosa: el no llevar prisas a la hora de contarnos las historias. Además, de apoyarse minuciosamente en el plano estético para el desarrollo de las escenas.
Así, comenzamos con la primera de ellas: “El último emperador” (Bernardo Bertolucci, 1987). Para ella coescribe junto con David Byrne y Cong Su esta bella banda sonora ganadora del Oscar, Globo de Oro y Grammy. Película en la que también interpretaría uno de los papeles, al igual que hiciera en "Feliz navidad Mr. Lawrence".
Película, en la que su melodía acompaña desde su nacimiento hasta el final de sus días al último emperador chino, Pu-Yi.

Su segunda colaboración con el director sería en la estilística película: “El cielo protector” (Bernardo Bertolucci, 1990). En ella, Bertolucci, vuelve a acompañarse de un trabajo extraordinario de fotografía, el cual, se ve reforzado por la bella melodía de Sakamoto. Dejándonos un film donde las interpretaciones casi pasan a un segundo plano.
Sakamoto, obteniene por ella su segundo Globo de Oro.

Lo mismo podríamos haber dicho del tercer film: “El pequeño Buda” (Bernardo Bertolucci, 1993), si no fuera porque en él se desarrollan dos tramas totalmente opuestas. Por un lado, la bella y estética historia de Sidharta. Y, por otro, la apática historia contemporánea del niño en el cual, supuestamente, se reencarna este.
Si bien es verdad que no ocurre lo mismo con la obra de nuestro autor, quien sí consigue realizar un emotivo trabajo de acompañamiento para el film. Trabajo por el que lograría la nominación al Grammy.

Pero volvamos al redil, ya que entre trabajos para el director ítalo, hubo otras composiciones para diferentes directores. Así, compone en 1991 para nuestro Pedro Almodovar la banda sonora de la película “Tacones lejanos”.
O la bella composición del film británico “Cumbres borrascosas” (Peter Kosminsky, 1992).

Como hemos comentado anteriormente, la producción de Sakamoto para el séptimo arte es escasa. Concentrando gran parte de su obra en las décadas de los ochenta - noventa, periodo en el que realiza sus obras más destacables.
A ellas, también pertenecen la banda sonora de la coproducción entre Estados Unidos y Alemania del drama de ciencia ficción: “El cuento de la doncella” (Volker Schlöndorff, 1990). Donde, una vez más, nos volvemos a encontrar en un mundo apocalíptico, con la salvedad, de que en esta ocasión el argumento gira en torno las escasas mujeres que conservan la capacidad de procrear.
También, la realizada para la miniserie de televisión: “Wild Palms” en 1993, en la que nos deja una banda sonora muy lograda para este thriller de ciencia ficción.
O la del otro thriller, el film: “Snake eyes” (Brian De Palma, 1998).

Posteriormente, compone algunas obras para producciones en su país de origen como: la coproducción “Gohatto” (1999), del tristemente desaparecido Nagisa Oshima, con el que ya había colaborado en su primera composición para el cine. “Tony Takitani” (Jun Ichikawa, 2004). O “Hoshi ni natta shonen” (Shunsaku Kawake, 2005).

Entre ellas, vuelve a colaborar con Brian De Palma y componer la melodía del film: “Femme fatal” (2002). Película poco recomendable, donde tenemos en papeles protagonistas a nuestro Antonio Banderas y en la que el compositor nos deleita con un bello tema dramático.

Comentar que, en 2006 colaborará en la película “Babel” (Alejandro González Iñárritu) realizando el tema “Bibo No Aozora, aunque para no caer en confusiones hay que decir que sólo es eso, una colaboración, ya que la banda sonora de la película corre a cargo del argentino Gustavo Santaolalla.

Un año más tarde compone la romántica melodía del film canadiense Seda” (2007) del director François Girard.

Y finalizaremos el repaso con una de sus últimas composiciones para el cine, la hermosa melodía que acompañó en 2011 al film "Hara-kiri: Muerte de un samurai" (Takashi Miike), Remake en 3D del duro drama japonés de Kobayashi: “Harakiri” (1962).

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.


miércoles, 30 de enero de 2013

Danny Elfman (Compositor)


Danny Elfman

Daniel Robert Elfman, Los Ángeles (Estados Unidos), 1953

Compositor ecléctico de gran prestigio en los ambientes cinematográficos, además de autor de grandes bandas sonoras tanto para la pequeña como para la gran pantalla.
Cuenta en su haber con cuatro nominaciones al Oscar, tres nominaciones a los Globos de Oro, un Grammy de once nominaciones, un Emmy de dos nominaciones, dos nominaciones al BAFTA… de momento.

Como ya hemos comentado con otros autores, Elfman, también ha realizado incursiones en el nuevo campo abierto por los videojuegos. Así, ha compuesto para las sagas de los juegos de rol de acción “Kingdom Hearts II” (2006), “Fable” (2007) y “Fable II” (2008). O en la mayoría de las melodías de los videojuegos de “Los Simpson”.
Incluso, se ha atrevido con la publicidad, en donde nos dejaba la bella melodía que acompañó a nuestro spot de la lotería de navidad en 2011. Obra, que nos recuerda a la del mágico film “Eduardo Manostijeras”, película de la que hablaremos más adelante.

Danny Elfman, aun siendo un autor muy versátil, tiene un estilo muy recurrente en sus composiciones. Este se caracteriza por el uso de voces corales junto a sus composiciones sinfónicas, temas con los que consigue generar su logrado ambiente gótico. Con ellas, proporciona a las películas esa curioso atmósfera camino entre lo tétrico y lo mágico que hacen adquirir tanto a lugares como a aquellos personajes extraños esa atracción y belleza de la que carecen y que tan buenos resultados le ha dado junto a obras del director y amigo Tim Burton. Director a quien ha compuesto casi todas las bandas sonoras de sus películas.

Pasaremos ahora a realizar un pequeño repaso a la obra de este autor. Para ello, comenzaremos por sus inicios y terminaremos con algunas de sus últimas obras destacadas.

Iniciaremos el repaso con su primera composición para el mencionado director, Tim Burton. Obra que no fue la primera del músico, ya que en este caso, se trató de la composición hecha por el grupo Oingo Boingo (banda del cual era el líder y compositor) en el film de su hermano Richard en 1980: “La zona prohibida” (Richard Elfman).
Como comentaba. Su relación con el director Tim Burton fue muy precoz. Así, en 1985 componía para este la banda sonora del film “La gran aventura de Pee-Wee”. Melodía que acompañaba a este chirriante Mr. Bean a la americana, de ridículo nombre: Pee-Wee. Obra en la cual, Elfman, nos deleita con una fantástica composición donde, en algunos momentos, nos llegaba a recordar a aquellas melodías que el gran Nino Rota compusiera para el genio de la dirección italiana, Federico Fellini.

En 1988 componía para Richard Donner la banda sonora de la curiosa versión de “Un Cuento de Navidad”: “Los fantasmas atacan al jefe”. Donde, un entonces extravagante cómico de nombre Bill Murray, nos entretenía en esta satírica parodia.
Con ella, empezaba a hacerse patente el estilo gótico que mencionábamos anteriormente, aunque, en este caso, lo haga recaer sobre tonos más alegres.
Del mismo año, es otra popular obra de fantasmas compuesta por nuestro autor: “Bitelchús”. De nuevo a las órdenes de Tim Burton componía el que fuera uno de sus primeros éxitos.

Pero no sería hasta 1989 el año de su consagración, ya que en él nos dejaría con dos de sus obras más memorables. La primera, acompañando al héroe gótico por excelencia: “Batman” (Tim Burton), en la que realiza una espectacular banda sonora con la que lograba el Grammy a mejor banda sonora original.
La segunda, haciendo lo propio, sólo que en este caso acompañando al pequeño diablo más popular de la televisión: “Los Simpson” (Matt Groening). Estilos muy diferentes, para trabajos muy diferentes.

Y… ¡llegó 1990!... Ya que la nueva década nos traería la que posiblemente sea su obra más emblemática: “Eduardo Manostijeras”. Con ella, consolida su estilo y lo hace grande. Para ello, crea una de esas melodías que saben transmitir, llenan y emocionan. Y si la banda sonora consigue todo eso por sí sola, cuando le añadimos el estilista film de Tim Burton, la emotiva interpretación de Winona Ryder y la magistral e inclasificable del genio, Johnny Depp… ¿Qué nos da?... pues no seré yo el que lo diga:
"Obra maestra del cine moderno que, en su estreno, no fue recibida como se merece, pero que, con los años, se impone como una de la mejores películas de la historia del cine" (Javier Ocaña: Cinemanía).

Pero debemos continuar. Así, llegamos al año de 1993, año, en el que compondrá el musical producido por Tim Burton: “Pesadilla antes de Navidad”. Película de animación, en la que el director Henry Selick se enfrentó a la dura tarea de realizar un cuento para todos los públicos ¡sobre una pesadilla! y… salir victorioso.
En ella, además de una gran banda sonora, pudimos disfrutar de varias canciones interpretadas por el propio Elfman.

En 1994 compondría la bella melodía con aires celtas del film familiar: “Belleza Negra” (Caroline Thompson). En él, podemos comprobar la facilidad que demuestra el autor a la hora de cambiar de registros y seguir ofreciéndonos trabajos de gran calidad.

1996 nos dejaba con la partitura de la controvertida película de Tim Burton, “Mars Attacks!”. Personalmente, pienso que, aunque contó con un reparto espectacular, el film es un pestiño monumental, por más que intenten convencerme de lo contrario.
En él, Danny Elfman repite estilo compositivo y realiza algunas variaciones con la intención de darle un toque retro a película, añadiendo algunos temas que evocan a aquellas producciones de ciencia ficción de los años cincuenta-sesenta y aires herrmannianos.

Terminaremos la década de los noventa con la cinta fantástica “Sleepy Hollow” (1999). En la que el director, Tim Burton, vuelve a dejarnos una magnifica muestra de cómo elevar la estética gótica con suma maestría, sin abrumar y sin caer en estridencias. Dejándonos una película muy vistosa dentro de su oscuridad, a la vez que logrando dar ese ambiente claustrofóbico que hace tan particular el relato de Washington Irving.
Y todo ello, acompañado por la genial banda sonora de Elfman, quien mantiene el suspense cuando es necesario y no nos da respiro en los momentos de máxima tensión.

Adentrándonos en el nuevo milenio, volvemos a disfrutar con buen repertorio de bellas y magníficas composiciones.
Comenzamos en 2002, año en el que compone la banda sonora de “Spider-Man” (Sam Raimi). Banda sonora efectista y muy a la altura del arácnido superhéroe.

O una vez más junto a Tim Burton, y no será la última, lo escucharemos en la que para mí es la película más positiva y hermosa del director.
Cuento mágico donde Burton consigue deshacerse de su tan manida atmósfera gótica y dejarnos un film luminoso y cálido. Dramático pero positivo relato que nos deja un dulce regusto tras el visionado del mismo. Una hermosa película en la que sales de la sala de proyección siendo consciente de haber visto una gran obra. Me refiero al film: “Big Fish” (Tim Burton, 2003). 
En él, Elfman escoge una melodía que, al igual que hace el director, rehuye de su clásico estilo gótico, buscando una composición más sutil que la diferencie de otros trabajos realizados para el director. Aunque ello no significa que reniegue a usar temas de gran fuerza cuando el guion lo requiera, consiguiendo de esta manera una banda sonora de una gran belleza que lo llevaría a una de sus nominaciones al Oscar.

Nos vamos a 2005 para continuar con el dúo Burton/Elfman. En esta ocasión, la afortunada es una nueva versión de la novela de Roald Dahl: “Charlie y la fábrica de chocolate” (Tim Burton, 2005).
Andaba yo aun con el recuerdo de la versión de 1971: “Un mundo de fantasía” de Mel Stuart. Película en la que un fantástico Gene Wilder se transformaba en el excéntrico Willy Wonka. Personaje quien acompañado de sus tan reales Oompa Loompas, se encargarían de hacerme pasar una muy agradable velada en mi niñez. Cuando, el más excéntrico todavía, Tim Burton, acompañado del su estrambótico actor fetiche, Johnny Depp, nos dejaba esta nueva versión de 2005.
He de reconocer que en un principio la repudié, al considerarla una burda burla de la versión del 71. Afortunadamente, pocos años más tardes, mis hijos consiguieron sacarme del grave error que estaba cometiendo con ella. Logrando de esta manera que fuera capaz de valorar el gran trabajo realizado por el director y su magnífico actor talismán.
En cuanto a la banda sonora Elfman no hace nada nuevo, más bien, se dedica a hacer alguna modificación en algunos viejos trabajos, como ocurre en las canciones, las cuales nos recuerdan en exceso a las del otro film: “Pesadilla antes de Navidad”. Pero he de reconocer que, aun así, logra dar con ese toque especial que necesitaba la película.

De este mismo año es también el fantástico romance: “La novia cadáver”. Musical de animación, en el que, en esta ocasión, sí nos encontramos como director a Tim Burton.
Para ella, Elfman compone una obra menos gótica de lo que cabía esperar y en la que se incluyen varios temas para piano de una belleza exquisita.

En 2007, lejos de los ambientes góticos de su bienamado Tim Burton, lo vemos componiendo para la colorista cinta de animación de la Disney "Descubriendo a los Robinsons" (Stephen J. Anderson). Película para la que consigue crear una enérgica banda sonora cargada de giros y en la que suaviza mucho su particular estilo Elfman. Banda sonora en donde también nos encontraremos con algunas canciones muy interesantes como el tema de Rufus Wainwright "Another Believer".

Como vemos, nos encontramos en una entrada en el nuevo milenio con con un compositor muy activo, así lo escuchamos en varias películas de éxito del momento, además de las ya mencionadas, como la oscarizada cinta de Gus Van Sant: "Mi nombre es Harvey Milk" (2008) por la que sin ser uno de sus mejores trabajos volvía a obtener una nominación al Oscar, o las secuelas de las sagas Hellboy y Terminator: "Hellboy 2: El ejército dorado" (Guillermo del Toro, 2008) y "Terminator: Salvation" (McG, 2009), cintas a las que le imprime mucho ritmo, pero que tampoco darán mucho de sí.

Continuemos para irnos al comienzo de la segunda década del nuevo milenio. Fechas en las que Elfman/Burton vuelven a las andadas con “Alicia en el país de las maravillas”.  En esta ocasión, pienso, que el compositor consigue sacarle ventaja al director. Ya que si Elfman nos dejaba una potente y fílmica melodía. Burton, divagaba con esta surrealista adaptación de la obra de Lewis Carroll. Novela que, aunque parecía hecha a medida para el director, sin embargo, por alguna extraña razón, no consigue sacarle todo el provecho que de él se esperaba.

En 2012 tenemos varias composiciones destacables. La primera de ellas, la que acompaña al film de David O. Russell “El lado bueno de las cosas”.
Comedia romántica donde el compositor nos deja una bella y diferente composición de temas ligeros. En ella nos demuestra, una vez más, que es capaz de cambiar de registro con no mucha dificultad.
En el lado opuesto tendríamos el nuevo trabajo de Burton: "Sombras tenebrosas" (2012), film en el que vuelve a dejarnos sus características composiciones góticas que tanto gustan al director.

Y para terminar, nos despediremos con unas bandas sonoras de 2013. Si bien esperábamos más de la composición para la película de Sam Raimi: "Oz, un mundo de fantasía". Film al que Raimi daba ese característico aire Tim Burtonesco a su filme, y en el que Elfman se quedaba en un quiero pero no puedo, no complicándose la vida y dejándonos una aceptable pero trillada composición de estilo elfmanesco donde brillaba con nombre propio su tema principal. Afortunadamente, no sería la única composición del año y se resarciría con "Epic: El mundo secreto" (Chris Wedge, 2013). Cinta de animación de la Blue Sky para la que realiza una épica partitura de aires célticos en la que destacan temas como el vital "Leafmen" u otros en los que nos deja entrever su particular estilo algo dulcificado, como los interesantes: "Pursuit" o "Moonhaven parade".
En general, una excelente banda sonora que acompañaría a esta colorida nueva apuesta de la Blue Sky  y con la que obtenía la nominación a los ANNIE a mejor banda sonora.

No está siendo estos últimos años una mala temporada para nuestro compositor que, además de trabajar en los filmes ya mencionados, ha cosechado buenos resultados en cintas como "La gran estafa americana" o "Las aventuras de Peabody y Sherman", además de tenerlo en una de las películas que, ateniéndonos a los resultados cosechados por la novela en la que se basa, auguro que tendrá una buena recaudación de taquilla, al menos por el lado femenino se refiere: "Cincuenta sombras de Grey". Cinta de Sam Taylor-Johnson que tiene previsto su estreno a principios del año 2015.

Pues, es todo por el momento, solo deseo que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

Dedicado a mi amigo Xuxo Franco y a su buen gusto cinematográfico. Mejor película del mundo: ...

jueves, 24 de enero de 2013

Elmer Bernstein (Compositor)


Elmer Bernstein

Nueva York, 1922 - Ojai, California, 2004 (Estados Unidos).

Autor que, como el resto de sus coetáneos (Mancini, Barry, Williams,…) recibe mucha influencia del jazz; alternando en sus composiciones estilos jazzísticos y sinfónicos. Si bien hay que decir que, en cierta medida, era más que lógico, ya que durante la II Guerra Mundial formaría parte de la banda militar de Glenn  Miller.

Como nota aclaratoria, comentar que Elmer Bernstein no guarda relación alguna con el también compositor estadounidense Leonard Bernstein (La ley del silencio o West Side Story), salvo que comparten el mismo apellido.

En su dilatada carrera, más de cien trabajos para el cine, obtuvo catorce nominaciones al Oscar, alzándose con una presea por el musical: “Millie, una chica moderna” (George Roy Hill, 1967), dos Globos de Oro de siete nominaciones, dos nominaciones al Grammy y una al Emmy, entre otras.

Pero si Bernstein es recordado, no es especialmente por su obra premiada con el Oscar, así, entre sus trabajos más representativas tenemos dos de las composiciones más aclamadas del séptimo arte: “Los siete Magníficos” y “La gran evasión”; trabajos que veremos más detalladamente a continuación.

Para conocer la gran obra dejada por nuestro autor de hoy pasaremos, al igual que en anteriores ocasiones, a detallar su trayectoria por el séptimo arte de forma ordenada.

Así, comenzamos en sus inicios, periodo en el que nos dejaría grandes obras de acompañamiento.
Aunque su primera composición fuera para el film de David Miller “Saturday's Hero” en 1951. No es hasta cuatro años más tarde cuando consigue su primer éxito y primera nominación al Oscar. La banda sonora que haría esto posible sería la del film “El hombre del brazo de oro” (1955). Para ella, Bernstein, compondrá una obra puramente jazzística, todo ello propiciado por el argumento de la propia película, al versar sobre la sórdida vida de un pianista ex presidiario, heroinómano y jugador. Papel, interpretado por Frank Sinatra y su inconfundible estilo macarra.

Un año más tarde se confirmaría como un compositor a tener en cuenta en años venideros tras componer la banda sonora para el film Épico “Los diez mandamientos” (1956). Film donde  Cecil B. DeMille realiza su segunda versión de este pasaje bíblico sobre la vida de Moisés. Y ara la cual, le hace a Bernstein una extraña petición, al solicitarle que componga, no una banda sonora a la usanza, sino, varios leitmotiv, uno para cada personaje principal, así como algunos temas de amor.

Pasamos a los años sesenta, donde, recién comenzada la década, compondrá su tema más popular cuando se le pide acompañar el remake del clásico japones Los siete samuráis” de Akira KurosawaJohn Sturges nos traslada la historia al lejano Oeste en “Los siete magníficos” (1960). Célebre cinta encabezada por un reparto de verdadero lujo (Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn...) para la que Bernstein nos dejaba con una banda sonora de gran fuerza y ritmo, además de una composición que presenta partes bien diferenciadas con temas específicos para buenos y malos. Creación, que le valió la nominación al Oscar. Y que lograba fraguar en uno de los temas más recordados de la historia del cine. Claro ejemplo de como una película entretenida pero mediocre puede llegar a convertirse en un clásico gracias, en esta ocasión, al éxito de su gran banda sonora.

Tan solo un año más tarde, en 1961, compondría otra de sus grandes y recordadas obras. Nuevamente para un western, en esta ocasión protagonizado por el amigo del rifle, John Wayne, y dirigido por el solvente Michael Curtiz: “Los Comancheros”. Para esta nueva entrega el compositor mantendría ese estilo intenso y emocionante que empleara en la película vista anteriormente y, una vez más, compondría un espectacular tema principal que volvería a quedar grabado en las cabezas de todos los bsoadictos.

Afortunadamente, aunque bien es cierto que gran parte de sus trabajos recayeron en filmes de acción, también nos deja composiciones de gran belleza para filmes que necesitaban de melodías más sutiles y delicadas. Así, en 1962, compone para el magnífico film antirracista del direcctor Robert Mulligan: “Matar a un ruiseñor”. En él, un magistral Gregory Peck interpreta el papel del singular abogado Atticus Finch, único capaz de enfrentarse con un pueblo y una justicia que, a falta de un culpable correcto, se buscan uno cuya única culpabilidad era ser de color. 
Estupenda interpretación que le valió el Oscar al actor y la nominación al compositor; quien sí conseguía alzarse con el Globo de Oro.

Un año más tarde, en plena etapa dorada de nuestro autor, daba forma a otro de sus temas más populares, la banda sonora del film bélico “La gran evasión” (1963), de nuevo a las órdenes de Sturges.
Nuevamente en un film coral del director, donde vuelven a brillar algunos de los nombres que lo acompañaron en "Los siete magníficos" como Steve McQueen, Charles Bronson y James Coburn a los que se les unen otros como James Garner, Richard Attenborough o Donald Pleasence, nuestro autor crea una fenomenal banda sonora con tema principal muy pegadizo y sugerente de ligero aire marcial.

En 1965, siguiendo con su patrón compositivo para películas del Oeste Americano, nos deja, en esta nueva colaboración con el director John Sturges, la animada melodía de la comedia “La batalla de las colinas del Whisky”. Estupenda melodía a la que da, además de su  particular estilo de acción, otro de cariz más cómico.

Finalizando la década, nos deja con otra gran composición para su género más recurrente, el western. En esta ocasión lo hará para la primera versión de: “Valor de ley” (Henry Hathaway, 1969). Film en el que un veterano John Wayne interpreta al agente del Gobierno tuerto y alcohólico, Rooster Cogburn. Interpretación que le valdría el Oscar y a una nueva nominación a Bernstein por su composición.

Esta película daría fin a un periodo muy fructífero y exitoso, para dar comienzo a otro, que, aunque sí fue muy productivo, no llega a tener la grandiosidad de tiempos pasados. Sin que ello signifique, que no nos deje algunas obras de incalculable belleza.

Así, como comentábamos, comienza la década de los setenta. En él, aún conserva el crédito de sus éxitos pasados y compone para algunas películas más del género del Far west. Donde vuelve a repetir estilo, que, aunque sí conseguían el efecto deseado, dejan un cierto aire a manido en sus composiciones.
De esta manera llegamos a finales de la década, donde Bernstein empieza a componer para filmes de calidad cuestionable. Películas, que tienen, más que nada, el objetivo de entretener, encontrándonos entre otras con: “Desmadre a la americana” (John Landis, 1978), “Los incorregibles Albóndigas” (Ivan Reitman, 1979).
Aunque, afortunadamente, consigue algún trabajo con el que resarcirse, como ocurriera con el film de Douglas Hickox, Amanecer Zulú” ( 1979), cinta que era una precuela del film que en 1963 rodaba Cy Endfield: Zulú” . Para él, Bernstein compone una ecléctica obra, en donde realiza una selecta mezcla de estilos de anteriores éxitos, que da lugar a una obra efectista y agradable.
Pero esto no era más que un espejismo en la pesadilla en que Bernstein se encontraba sumergido, Así damos paso a la siguiente década, los ochenta, donde la realidad no mejoraba sus peores augurios. Así, nos deja composiciones para filmes, que, aunque, sí alcanzaron una gran popularidad, en ellas, sus acompañamientos son lo de menos; viéndose muchos  de ellos masacrados en pos de las canciones que los acompañaban.
Entre ellos tenemos: “Aterriza como puedas” (1980), “El pelotón chiflado” (1981), “Entre pillos anda el juego” (1983) curiosamente, por esta obtuvo la nominación a mejor adaptación musical, y para finalizar con la lista… ya que podríamos seguir: “Los Cazafantasmas” (1984).

Como no me parece de rigor dejar a este gran compositor con esta extraña sensación de él, obviaremos el resto de composiciones de esta etapa crítica y nos centraremos en otras más reseñables. Que, lamentablemente, aunque no fueran muchas… sí nos dejó alguna.
De esta manera tenemos obras como la bella melodía que acompañaba al film de animación en 1985: “Taron y el caldero mágico” (Ted Berman y Rick Rich, 1985). Banda sonora, en la que combina temas oscuros para los entes del mal, y brillantes y mágicos para nuestros héroes.

Pasamos a los 90, donde comenzamos la nueva década con buen pie, ya que, en 1990, compone la intimista banda sonora del film irlandés “El Prado” (Jim Sheridan, 1990), composición con un tono más romántico y ritmos celtas que dejan, junto a la fotografía del film y la fenomenal interpretación del veterano actor irlandés Richard Harris, un muy agradable visionado, aunque como no quiero llevar a nadie a confusiones, se trate de un duro drama al más puro estilo lorquiano. Interpretación por la que Harris conseguía la nominación al Oscar.

En 1993, compondrá para Martin Scorcesse la banda sonora del film “La edad de la inocencia”. En él, nos vuelve a deleitar con temas de corte clásico y grandes composiciones orquestales. Consiguiendo la nominación al Oscar y al Grammy.

Terminaremos dando un salto y yéndonos al año de 2002, donde compone la que sería su última obra nominada al Oscar antes de su fallecimiento, nominación que compartió junto con otra al Globo de Oro. La culpable de ello es la bella y dulce composición realizada para acompañar al melodrama “Lejos del cielo” (Todd Haynes). Film donde destacaba el papel de la actriz principal Julianne Moore, que conseguía entre otros las mismas nominaciones que el compositor: Oscar y Globo de Oro.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.