jueves, 17 de octubre de 2013

Basil Poledouris (Compositor)

Basil Poledouris

Basilis Konstantine Poledouris, Kansas 1945, Los Ángeles 2006 (EEUU).

Basil Poledouris fue un compositor norteamericano de ascendencia griega que destacó por sus creaciones de corte épico.
Parece ser que los causantes de que nuestro autor se dedicara a la música fueron, por un lado, la música sacra, ya que, debido a la procedencia griega de sus padres, Poledouris, solía pasar mucho tiempo junto a sus progenitores en los actos litúrgicos de la iglesia ortodoxa a la que pertenecían.
Por otro, tenemos la influencia ejercida en su infancia por las obras de uno de esos grandes genios de la composición cinematográfica, el húngaro Miklos Rotza, gran maestro cuyas melodías marcarían aquellos años de niñez y juventud de nuestro autor gracias a los acompañamientos de filmes como “Quo vadis”, “Ivanhoe”, “Ben-Hur”,…

Al igual que hemos visto con otros compositores anteriormente, su relación con la música se inicia de manera temprana, ya a los 7 años comienza a recibir clases de piano, en secundaria entra a formar parte como componente de un grupo folk para, finalmente, terminar realizando estudios de cine y música en la Universidad del Sur de California. Periodo en el que establece contacto con dos afamados directores con los que mantendrá posteriormente una muy buena relación afectiva y laboral, John Milius y Randal Kleiser.

Es precisamente en esos años como universitario, cuando Poledouris comienza a familiarizarse con la composición de bandas sonoras, realizando sus primeros trabajos para algunos cortometrajes. Algunos de los cuales se conservan hoy en día en los archivos de la universidad.

Una vez finalizados estos, mantendrá la relación con sus dos compañeros de universidad, nóveles directores que empiezan a abrirse camino en este duro oficio.
De esta manera, nuestro compositor se estrena en 1970 escribiendo la que es su primera obra larga en un film. Trabajo que también será el primer largo como director de su amigo John Milius, “The Reversal of Richard Sun”.

Pero aunque sus primeras obras van de la mano de Milius y otros directores, su primera composición reseñable es la que acompaña a la película de su otro amigo de estudios, Randal Kleiser. Quien reclama su colaboración para la melosa cinta “El lago azul”. Film en el que la actriz protagonista, una joven de 15 años, Brooke Shield, nos mostraba sus encantos adolescentes y proporcionada belleza; algo que no le servía de mucho para su valoración interpretativa, ya que su papel, tan sólo le valdría para alzarse con el Razzie a peor actriz del año.
Sin embargo, Poledouris brilla con vida propia, logrando crear un hermoso score de corte romántico. Gran trabajo con el que acompaña, hábilmente, las mediocres interpretaciones de los jóvenes protagonistas.

No es hasta dos años más tarde cuando la obra de Poledouris logra hacerse un hueco en la historia del cine. Curiosamente, lo hace de la mano de su otro amigo director y ex-compañero universitario, John Millius. Y en esta ocasión, lo hará en una película que se ha convertido en todo un clásico de aventuras fantástico medievales, “Conan, el bárbaro” (1982).
Película que cuenta con la peculiaridad de haber sido rodada casi íntegramente en España. Además, de lograr un dispar resultado en sus galardones, al lograr el Globo de Oro a nueva estrella del año del cine gracias a la interpretación de Sandahl Bergman y su andrógina belleza, y a su vez, el Razzie a peor actor conseguido por el titán austriaco, Arnold Schwarzenegger.
He de reconocer que, en su momento, disfruté como un enano con las aventuras del forzudo guerrero y sus singulares acompañantes, y por extensión, de la fantástica banda sonora compuesta por nuestro autor de hoy, Basil Poledouris. Quien logra crear un magistral score de sobria y deslumbrante épica. Obra de la que no pocos entendidos en la materia tildan de ser la mejor banda sonora de la historia del cine y en la que podemos observar la influencia de Rotza.
A mí humilde entender, no creo que llegue a tanto. Y aunque sí reconozco que es una obra maestra, me cuidaría mucho en decir que es la mejor de todas, ni tan siquiera, que pudiera estar entre las diez mejores. Lógicamente, los gustos de cada uno son personales y tenemos libertad para hacer nuestra propia clasificación, algo que a este servidor no le llama mucho la atención, ya que el resultado de las listas puede llegar a ser tan subjetivo como el estado emocional en el que se encuentre uno a la hora de realizar la lista, u otros factores que no mencionaré para no salirnos del tema que aquí nos trae.
En lo que creo que todos estaremos de acuerdo, es que, “Conan, el bárbaro”, es la obra más redonda de Poledouris.

Lógicamente, la carrera de nuestro autor saldrá relanzada tras esta loable colaboración, volviendo a trabajar en el siguiente capítulo de la saga del bárbaro: “Conan, el destructor” en 1984. Película en la que su amigo Milius será sustituido por el director Richard Fleischer. Y, aunque Poledouris mantiene el alto nivel que lo caracteriza, no ocurre lo mismo con el film, en el que una vez perdido el factor sorpresa, pierde bastantes enteros.

Continuando con la carrera de Poledouris, quien sigue con sus incondicionales colaboraciones para sus viejos camaradas. 1985 será el año en que aparezca un nuevo director en la vida de nuestro compositor. Director que logra robar parte de protagonismo a sus veteranos colegas. Este no es otro que el holandés Paul Verhoeven, quien en su primer trabajo en los Estados Unidos, “Los señores del acero” (1985), pide la colaboración de Poledouris para la realización de la banda sonora de su película.
Lógicamente, el director conocía el trabajo del greco-americano en “Conan” y como el film del holandés tenía una temática de aventura medieval similar al de la saga del bárbaro, jugaba sobre seguro.
En ella, Poledouris, da nuevamente muestras de su gran capacidad para la composición en este tipo de filmes de aventuras y crea una banda sonora cargada con sus característicos tonos épicos.
Esta primera colaboración dará lugar a una de esas curiosas relaciones director-compositor, que traerá como resultado un buen puñado de grandes trabajos por parte de nuestro compositor, y en los que el director, requerirá de un elevado componente épico para sus acompañamientos musicales.

Con nuestro autor en plena carrera ascendente y una clara tendencia hacia obras donde se requiere un ambiente épico. Nos encontramos con un  Basil Poledouris versátil, que no descarta abandonar su talante sinfónico por otro más electrónico cuando lo considera oportuno, así como componer un buen tema romántico si tiene cabida en la obra (film o tele-film) al que acompañe.
Claro ejemplo de ello lo tenemos en la miniserie “Amerika” (Donald Wrye, 1987). Serie de ficción en la que los EEUU eran invadidos por los soviéticos en plena guerra fría y para la que Poledouris escribe una obra en la que combina melodías épicas con otras dramáticas, más algunos bellos temas románticos como este: “The Meaning”.

1987 será el año de “Robocop”, en él vuelve a trabajar con el neerlandés Paul Verhoeven. Y nada mejor que los consabidos tonos heroicos de nuestro compositor para acompañar a este híbrido policial.
Poledouris vuelve a las andadas y crea un tema principal de gran fuerza con su característico sonido sinfónico y protagonismo de los instrumentos de viento.
En cuanto al film, bueno, aquel que le guste ver coches explotando, destrozar edificios a base de ráfagas de proyectiles, etcétera, etcétera, tendrá mejor concepto de la película que un servidor.

1989 nos dejará con dos grandes trabajos. Por un lado tenemos un intenso score para un film de aventuras que se desarrolla en la Segunda Guerra Mundial: “Adiós al rey”. De nuevo a las órdenes de su amigo Milius, Nick Nolte interpretará el papel de un soldado americano que, tras fugarse de las tropas japonesas, se adentra en la selva de Borneo para terminar convertido en el rey de una recóndita tribu indígena.
Poledouris crea una espectacular obra que contiene hermosos temas románticos en los que nos recuerda al gran John Barry, como por ejemplo este “The War Is Over”, y otros de corte más épico, como el fantástico “Battle Montage”.
Tras este, la única obra de nuestro autor por la que lograría un premio, ya que con el western televisivo, “Lonesome Dove”, conseguía el Emmy a mejor composición para miniserie en 1989.
No es que sea de sus mejores trabajos, pero al menos, consigue dar con su melodía la atmósfera de los grandes clásicos del western.

Esos mismos acordes son los que un año más tarde acompañan la banda sonora del otro western: “Un vaquero sin rumbo” (Simon Wincer, 1990). Score en los que introduce el sonido de algunos instrumentos típicos del oeste como el banjo, particular sonido que le sirve a nuestro autor para encuadrar el film en su género.
Del mismo año es la banda sonora del film de John McTiernan, “La caza del Octubre Rojo”. Película basada en la novela de Tom Clancy  y ambientada nuevamente en plena guerra fría. 
Film que narra las peripecias del agente especial de la CIA, Jack Ryan (Alex Baldwind), en su misión de descubrir las intenciones reales del mando soviético (Sean Connery), que está al mando del submarino nuclear que se dirige hacia la costa estadounidense.
Poledouris, compone una potente banda sonora en la que juega con la magnificencia de las voces y coros soviéticos, así como la música electrónica y, por supuesto, su épica sinfónica.

Pero el comienzo de la década de los noventa no será especialmente destacable y aunque compone algunas melodías para filmes que obtuvieron buenos resultados de taquilla, entre las que tenemos una nueva obra para su ex-compañero Randall Kleiser en 1991, “Colmillo Blanco”. U otras, como la segunda parte de la paródica saga “Hot Shot 2” (Jim Abrahams, 1993), la tercera entrega del policía robótico -tras su ausencia en la segunda-, “Robocop 3” (Fred Dekker, 1993) o la popular saga sobre las aventuras de la amistosa ballena asesina “¡Liberad a Willy!” (Simon Wincer, 1993) y su segunda parte  “Liberad a Willy 2” (Dwight H. Little, 1995).
No será hasta finales de los noventa, en 1997, cuando nos vuelve a sorprender con una de sus composiciones más destacables. Y de nuevo lo hará de la mano del holandés Paul Verhoeven en: “Starship Troopers”.
De la película no tengo nada que añadir a lo que ya dijera en el apartado Ciencia Ficción. Pero en cuanto a la obra de Poledouris, nuestro autor vuelve a hacer de las suyas, y sin andarse con remilgos, va justo adonde quiere ir. Así, su poderosa composición inflama y te hace parecer grande. Es cierto que, en su exageración, Poledouris parece caer en la auto parodia. Pero no pienso que sea esa la intención ni del compositor, ni del director, quien en su faceta estadounidense desarrolla su particular visión de una distópica sociedad futura donde sólo existen dos clases bien diferenciadas y la violencia como única opción para equilibrar (por parte de los de abajo) o someter (por parte de los de arriba), y en el caso que nos trae aquí, no hay nada que haga suponer que se busque algo diferente.

Tras esta vendría la obra que marcaría el declive de nuestro compositor, “Los miserables” (Bille August, 1998). Para esta interesante adaptación de la obra del novelista francés Victor Hugo, Poledouris crea la que, algunos pensamos, fue su última gran obra. Sin un tema principal que destaque sobre el resto de la obra, nuestro autor crea una gran obra sinfónica con la que marca la existencia del miserable Jean Valjean (Liam Neeson) y los acontecimientos a los que se verá expuesto en la cruda Francia de principios del siglo XIX tras cometer el acto que cambiaría su existencia, robar unas hogazas de pan para dar de comer a unos pobres niños hambrientos.
Para tan trágica historia, Poledouris opta por realizar una obra marcadamente dramática y altamente emotiva, composición que se adapta como un guante a la adaptación que Bille August hace sobre la dura novela de Victor Hugo.

Tras esta, Poledouris no logra acertar en sus trabajos, componiendo para obras que no tienen mucho que ofrecer y que no consiguen ayudar para sacar a nuestro autor de la situación de falta de inspiración en la que se encuentra. De esta manera, realiza algunos trabajos para comedietas como: “Enróllatela como puedas” (Frederic Golchan, 1999), “Mickey ojos azules” (Kelly Makin, 1999) o “Cocodrilo Dundee en Los Ángeles” (Simon Wincer, 2001).
En sus últimos cuatro años de existencia, la vida de Poledouris se centra en una dura lucha contra un tumor cerebral que le vencería el 11 de noviembre de 2006. Pero, aun en ese estado, da muestras de su gran tesón y nos deja varios trabajos como la curiosa colaboración en la coproducción chino-taiwanesa “El secreto del talismán” (Peter Pau, 2002). Película de aventuras a la que nuestro compositor aplica un carácter mistico-épico, muy acorde con la temática del film, y a la que añade un fuerte componente étnico de música tradicional china.

Su último trabajo sería en el western “The Legend of Butch and Sundance” (Sergio Mimica-Gezzan) en 2004. Pero su última aparición en público la tendríamos en tierras hispanas, Ya que poco antes de su fallecimiento nos deleitaría con su obra en nuestro antiguo festival de música de cine de Úbeda (Jaén, España) –ahora trasladado a la califal ciudad de Córdoba- en julio de 2006.

Y es todo por hoy, espero que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Erich Wolfang Korngold (Compositor)

Erich Wolfgang Korngold

Brno (República Checa) 1897, Los Ángeles (Estados Unidos) 1957.

El que fuera niño prodigio austrohúngaro que no checo, al pertenecer en aquella época su ciudad de Brno al magno imperio centroeuropeo. Y quien, contando con unos muy prometedores inicios, compondría su primera obra a la corta edad de siete años para, posteriormente, estrenar el ballet “Der Schneemann” con tan solo 11. Logra escribir su primera partitura orquestal, la “Ouverture Schauspiel” cuando apenas contaba con 14 años.
Toda esta brillante precocidad, le llevaría a obtener el merecido reconocimiento de grandes compositores de la época como Gustav Mahler, Richard Strauss y Bruno Walter.
Pero tan prometedora promesa vería truncada su fulgurante proyección, al igual que la de muchos otros jóvenes prodigios, con su llegada a la edad adulta. Y, aunque crea grandes obras, como la opera de 1920 “Die tote Stadt” (“La ciudad muerta”), que terminaría siendo su mayor éxito en la “música seria”. Los acontecimientos geopolíticos de la convulsa Europa de principios y mediados del siglo XX, junto a cambios en los gustos musicales del público, darían al traste con la trayectoria de nuestro compositor.
Afortunadamente, su estilo tardoromántico y su gusto por los leitmotivs, sí tiene cabida es en la despuntante tecnología audiovisual de principio de los años treinta, el cine sonoro. Y es en ella donde logra hacerse un hueco entre la élite musical del momento para convertirse, junto a otros grandes maestros del séptimo arte (Max Steiner, Alfred Newman o Dimitri Tiomkin), en uno de los pioneros de la composición de aquellos inicios del cine sonoro de los grandes estudios estadounidenses.
Lamentablemente, esto lo llevaría a una dura confrontación con su padre, el reputado crítico musical Julius Korngold, quien consideraba que la incursión de su hijo en la música cinematográfica lo alejaba de sus grandes objetivos en la “música seria”.
Esta dura presión a la que lo somete su exigente padre, que ve como la genialidad de su hijo se está infrautilizando en pos de acompañar a este nuevo pero “menor” género artístico, es lo que condiciona a nuestro autor. Quien se verá lastrado a la hora de dedicarse con total determinación a la composición cinematográfica y, aunque da muestras de sus grandes dotes para este género, logrando en dos ocasiones el Oscar a mejor banda sonora, no remitirá en su esfuerzo por triunfar en la deseada “música seria” de su amado padre.

El gran culpable de la arribada al cine de Korngold no es otro que, el también austrohúngaro, el escenógrafo Max Reinhardt. Artista judío que, huyendo del creciente antisemitismo provocado por el avance del nazismo en su país, emigrará a los Estados Unidos para continuar con su carrera, arrastrando en su nueva etapa a nuestro compositor, al cual ofrece la tarea de realizar la banda sonora de su primer y único film en su país de acogida: “El sueño de una noche de verano” (1935). Para este proyecto, Korngold se encargará de adaptar la composición homónima de Mendelsshon. Tarea que realizará sin salir de su país de origen, desplazándose sólo las ocasiones necesarias para concretar los detalles de los arreglos del film.
No es hasta 1938, cuando las condiciones en Centroeuropa obligan a Korngold a abandonar su nación y asentarse en los Estados Unidos para poder continuar con su trabajo, pero de esto hablaremos con más detalle más adelante.

Pues pasemos ahora a desarrollar su obra para el Séptimo Arte. Magistral trabajo que será tomado como referente por la leyenda viva de la música cinematográfica, John Williams, autor que lo rescata del sueño de los justos cuando compone la genial melodía de “Star Wars” en 1977. En lo que es un claro y merecido homenaje al genio que puso melodía a la banda sonora de su infancia.

Vuelvo a resaltar, que es de lamentar el lastre ejercido por la influencia paterna, ya que condicionaría en exceso la producción de nuestro autor para el cine, quien a diferencia de los otros grandes coetáneos se labrarían una prolija carrera. Mientras tanto, Korngold, tan sólo nos deja con poco menos de una veintena de bandas sonoras originales, más algunas adaptaciones de grandes clásicos.
Así, entre las no originales, tenemos, además de la ya mencionada de Mendelsshon (“El sueño de una noche de verano”), otras como la de su última colaboración para el cine, el film de W. Dieterle: “Magic Fire” (1956), en la que adapta obras de Wagner.

Pero no nos demoremos más y pasemos a tratar sus creaciones para esos filmes sonoros de mediados del siglo XX, películas en las que Korngold destaca con las características fanfarrias que lo hicieron célebre, melodías que sirvieron de  acompañamiento a aquellas espectaculares cintas de aventuras de capa y espada, y donde, un galán de turno, Errol Flynn, nos daba muestras de sus grandes dotes para la esgrima.
Así, en 1935, lo vimos componiendo su primera banda sonora original para otro austrohúngaro emigrado, el reputado director, Michael Curtiz. Donde, en una de sus películas de aventuras navales, “Capitán Blood”, nos encontramos con el gallardo Errol Flynn endulzando la acepción “Pirata”.
Y, acompañando al joven justiciero, tenemos a un entusiasta Korngold quien, en su primer trabajo original para el cine, nos deja con esta gran composición cargada de romanticismo y épica.

No tendremos que esperar mucho para escuchar su siguiente gran trabajo “Caballero Adverse” (1936). De nuevo a las órdenes de Michael Curtiz y, aunque en esta ocasión cambiamos de galán, figura que recae en la persona del actor Fredric March, no ocurre lo mismo con la bella protagonista, que vuelve a ser la hermosa Olivia de Havilland.
Y Korngold, manteniéndose fiel al sinfonismo clásico, logra crear una brillante partitura de corte romántico, a la que añade la fuerza necesaria para aquellos momentos en los que la aventura lo requiere. Intensa y bella obra por la que lograría la primera de sus dos estatuillas del caballero de la espada (Oscar).

Y así con un Oscar en sus vitrinas y un padre contrariado, continua en la labor de componer para el cine en una Europa cada día más inestable. Saliendo de su mano nuevas melodías para otras obras de mayor o menor éxito, como el musical “Give Us This Night” (Alexander Hall, 1936), el drama de temática religiosa “Los verdes prados” (William Keighley y Marc Connelly, 1936) o dos filmes que, al contar con el galán Errol Flynn, obtendrían mejores resultados. Por un lado, el controvertido triángulo amoroso de “Otro amanecer” (1937) donde vuelve a trabajar con un viejo conocido, William Dieterle. Y sobre todo, la archiconocida primera versión cinematográfica de “Príncipe y mendigo” (William Keighley, 1937), en la que Korngold nos deja el bello tema romántico “Flirtation”.

Es en 1938 cuando, enfrascado en un nuevo proyecto de Michael Curtiz, decide ir a los Estados Unidos a ultimar detalles. Pero es durante esa improvisada estancia, cuando la situación en Europa se hace insostenible para él y decide quedarse en el Nuevo Continente.
El film en cuestión es la célebre película de Curtiz, que en esta ocasión trabaja junto a otro conocido director, William Keighley, sobre las aventuras del singular y bienhechor arquero del bosque de Sherwood, “Robin de los bosques”. Y donde, una vez más,  podremos disfrutar de la recurrente pareja protagonista formada por Flynn/Havilland.
Si el film es un clásico de aventuras, no lo es menos el trabajo de nuestro autor, quien compone una espectacular partitura en la que combina fantásticos temas de acción con otros alegres y jocosos para aquellas escenas en las que el sarcástico Robin se mofa del usurpador Juan sin tierra y sus acólitos, así como otros de corte romántico o regios para esos momentos en la que la situación lo reclama. Dando en conjunto una disfrutable película y una deliciosa banda sonora por la que volvería a alzarse con el caballero del mandoble.

Un año más tarde vuelve a ser nominado para el Oscar por el nuevo trabajo de Michael Curtiz: “La vida privada de Elizabeth y Essex” (1939). Película que narra el romance entre un joven Conde de Essex (Errol Flynn) y una madura Isabel I (Bette Davis) -aquella contra la que se estrelló la “Invencible” Armada de Felipe II-. Una vez más, Korngold tira de todo su arsenal de fanfarrias y del consabido estilo posromántico para crear una intensa banda sonora que, aunque no le sirviera para alzarse con la deseada estatuilla, sí consiguió dejar una profunda huella.

Y llegamos a 1940, año en la que compone el fantástico acompañamiento musical del film de aventuras: “El halcón del mar”, en él volvemos a encontrarnos con viejos conocidos. En la dirección tenemos a Michael Curtiz, en el papel protagonista a Errol Flynn y a la batuta a Erich Wolfang Korngold.
La película en sí es una nueva obra de aventuras navales, donde un intrépido corsario con patente de la Corona Británica (Errol Flynn), se las tendrá que ver con las autoridades de la Corona Española por su pertinaz dedicación en atacar y saquear en nombre de la regia Isabel I -sí, la misma de antes-, a todo barco o asentamiento en el que ondease la bandera de los Austrias.
Y, aunque los españoles no salgamos muy bien parados en el film, la película es un espectacular relato de aventuras, con el que Korngold, aunque sólo le sirviera para conseguir la nominación al Oscar,  firma uno de sus mejores trabajos.
Obra de una épica memorable, con un poderoso inicio de fanfarrias, en la que podemos disfrutar de ese estilo Korngold que dejaría huella en posteriores autores como es el caso del gran maestro, John Williams.

Con un tono mucho más lúgubre, realiza la destacable composición del film de Michael Curtiz: “El lobo de mar” (1941). En ella, veremos como el tirano capitán de barco (Edward G. Robinson), se las hace pasar canutas a los tres personajes que por distintas causas terminan cayendo en las garras del duro patrón.
Lejos de las vivaces aventuras de los acrobáticos protagonistas de las anteriores películas, en esta se cuece un duro y violento drama en el que nuestro autor compone con resuelta maestría. Solo que en esta ocasión se aleja de su tradicional estilo de emotivo romanticismo para crear una obra de gran belleza y dureza. Intensa banda sonora con la que acompaña magistralmente la dura existencia de nuestros sometidos protagonistas y con la que realza la cruel personalidad del patrón de la nave.


En 1942 compone para el drama “Kings Row” (Sam Wood). Film en el que podemos apreciar las dotes interpretativas del que fuera posteriormente presidente de los EEUU, Ronald Reagan. Curiosamente, aunque el film se trate de un drama, Korngold, como podemos observar, compone una gran partitura de corte épico-romántico en la que más de uno puede vislumbrar cierta similitud con un tema bastante conocido. Para aquel que no haya encontrado el parecido, y como en el basto mundo de internet podemos encontrar de todo, aquí dejo un vídeo en el que nos lo ponen más fácil: “Parecidos” -Increíble, pero cierto-. Aunque he de reconocer, que el alumno supera al maestro.

En 1943, en plena guerra mundial y desmembración de Europa, obtenía la ciudadanía estadounidense.
Con su recién estrenada nueva nacionalidad, sigue en su labor de componer bandas sonoras para el Séptimo Arte. Así lo podemos escuchar en cintas como: “La ninfa constante” (Edmund Goulding, 1943) o un año más tarde la romántica y muy cinematográfica melodía de “Entre dos mundos” (Edward A. Blatt, 1944).

1945 parece ser un punto de inflexión en la vida de Korngold, que parece estar condicionada por varios sucesos, ya que a la finalización del conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de recomposición europea. Hay que sumarle el fallecimiento de su padre, quien, como ya sabemos, siempre le había reprochado su dedicación a la música cinematográfica. Y algo tan importante como su creciente desencuentro con la Warner, que insiste en obligarle a componer sólo melodías para melodramas de dudosa calidad. Y si bien Korngold mantiene un buen nivel en sus composiciones, los filmes a los que acompaña no logran pasar de ser más que meros dramas románticos para contentar a cierta parte de la audiencia.
Estos tres factores hacen que nuestro autor se replantee el retorno a la composición clásica, y aunque mantiene su actividad en el cine hasta 1947, año en el que realiza su última composición original para el melodrama de la Warner: “Nunca huyas de mí” (Peter Godfrey). Film en el que una estrella cada vez más decadente, Errol Flynn, interpreta el papel protagonista masculino, franqueado en esta ocasión por los partenaires femeninos Ida Lupino y Eleanor Parker –esta vez no sería Olivia de Havilland-. Y obra en la que un desilusionado Korngold, vuelve a tirar de toda su habilidad como compositor de temas románticos.

Pero, realmente, es en 1955 cuando nuestro autor cierra definitivamente su relación con el Séptimo Arte. Ya que un viejo conocido, el director alemán William Dieterle lo reclama para que realice el biopic sobre wagner: “Fuego mágico”. En él no sólo adapta la obra del germano, sino que además de componer un tema original, realizará un cameo interpretando al director de orquesta austrohúngaro Hans Richter.

Dos años más tarde y sin haber logrado el prestigio deseado por su padre en la “música seria”, fallecía en Hollywood a los sesenta años de edad.

Es todo por hoy, espero que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

John Powell (Compositor)

John Powell

Londres (Inglaterra), 1963.

Este británico afincado desde 1997 en los Estados Unidos, es otro de la larga lista de compositores que han formado parte en algún momento de su historia de la factoría Zimmer, bien en la Media Ventures o en la faceta empresarial del alemán en solitario en la Remote Control Producction. Por lo que es un autor conocido para el gran público, ya que ha sido autor, tanto en compañía o en solitario, de muchos de los grandes éxitos de la empresa musical, como veremos a continuación.

Sus inicios se remontan a finales de la década de los 80, periodo en el que escribe partituras para spots comerciales. Poco más tarde, ya como asistente de otro de los reconocidos compositores británicos de bandas sonoras, Parick Doyle (“Thor”, “El origen del planeta de los simios”, “Brave”,…), trabajará en la realización de bandas sonoras de este. Colaborando en el popular el film de Kenneth Branagh: “Mucho ruido y pocas nueces” (1993).
Y, aunque su primer trabajo en solitario es para la serie británica “Stay Lucky” en 1989. No es hasta su salto a tierras del nuevo continente cuando, con su flamante contrato de la Media Ventures bajo el brazo, compone el que sería su primer score para un largometraje: “Cara a Cara” (John Woo, 1997).
Es cierto que, aunque no destaque por ser uno de sus mejores trabajos, Powell sí que dejaba entrever su gran potencial, el cual no tardaría en ver la luz en posteriores obras para la factoría zimmeriana.
Así, en su siguiente trabajo empezamos a ver cómo va aflorando el Powell que se vislumbraba en ese primer film. 
El problema radica en que, al ser una banda sonora coescrita con otro de los autores de la Media Ventures, Harry Gregson-Williams, no nos permitiría saber cuál de los dos era el verdadero responsable del toque de calidad en la obra, ya que ambos, por aquellos entonces, contaban con una experiencia pareja y similar cantidad de trabajos a sus espaldas.
La película en cuestión es “Hormigaz” (“Antz”, Eric Darnell y Tim Johnson, 1998). 
Con ella nos encontramos de nuevo con Steven Spielberg quien, a través de su productora DreamWorks, intentaba hacerse hueco en un espacio que parecía estar reservado única y exclusivamente a la factoría Disney. Spielberg, una vez más dando muestra de su gran talento, crea un producto novedoso que, aunque parece ir destinado al público infantil, contentaría a más de un adulto. Esto es debido al cambio que realiza en la estructura del film. Cinta cuyos diálogos cargados de ironía y dobles sentidos escapan al entendimiento de los más jóvenes, pero no al de sus adultos acompañantes. Loable giro dado por el visionario Spielberg que parecía saber cuan agradecido quedarían los incondicionales padres a la hora de acompañar a sus jóvenes vástagos y encontrarse con este nuevo estilo de película de animación.

En el año 2000 volvemos a encontrarnos con Media Ventures y el dúo Williams-Powell componiendo para un nuevo film de animación, “Chicken Run: Evasión en la granja” (Nick Park y Peter Lord). Comedia en la que los compositores muestran cierto eclecticismo haciendo guiños a clásicos de fugas como las melodías de Bernstein para “La gran evasión” o las de Malcolm Arnold en “El puente sobre el rio Kwai”, así como de otros ritmos que nos sitúan en un periodo inespecífico de los años 40 y cierto toque rotiano. Y todo ello, sin olvidar el característico sello de la Media Venture. Conjunto con el que consiguen crear una estupenda banda sonora alegre, vital y bastante épica.
En 2001, con DremWorks de nuevo a la carga, y esta ocasión con los deberes muy bien hechos, nos volvemos a encontrar al dúo en una de las grandes sorpresas de la animación de los últimos tiempos: “Shrek” (Andrew Adamson y Vicky Jenson). Si en “Antz” DreamWorks demostraba que la animación podía ir destinada realmente a todos los públicos, con “Sherek” da un paso más allá y lo cuadra, creando una película de aventuras, romántica y cómica con la que se saltarán todos los patrones vistos hasta el momento. Así, tenemos como un sufrido y enamoradizo príncipe azul, un ogro verde, feo y poco escrupuloso, queda al mando de la nada fácil tarea de salvar a una, no tan desvalida, doncella u llevando como única compañía a un insufrible burro parlanchín.
Ambos compositores lograrán crear una magnífica obra con la que acentuarán cada uno de los muchos matices del film. Score que se verá amplificado con las canciones que se acompaña la cinta, donde, por esta vez, no restarán protagonismo, sino que se complementarán magistralmente.

Aunque no todo en nuestro autor se limita a la animación, ni a componer en compañía de Harry Gregson-Williams. Así lo vemos en películas como “El caso Bourne”. Película en la que se crea uno de esos curiosos vínculos director-compositor, ya que Doug Liman volverá a requerir de los servicios de nuestro autor para el resto de sus trabajos a partir de este momento. Y eso que no es precisamente uno de los mejores trabajos del Powell; pero que, sin embargo, le valdrá para componer en las dos siguientes películas de la saga -“El mito de Bourne” y “El ultimátum de Bourne” (Paul Greengrass, 2004 y 2007)- donde, sin tampoco llegar a sobresalir, mejora algo.

Donde sí brilla con algo de más energía es en la cinta futurista de 2003 “Paycheck”, de nuevo a las órdenes de John Woo (“Cara a cara”). En ella compone una trepidante partitura sinfónico-electrónica cargada de tensión. En una cinta en la que su actor principal, el irregular y polifacético Ben Affleck, fue galardonado con el premio a peor actor en los premios Razzie.

Es de nuevo con una cinta de animación cuando John Powell, esta vez en solitario, consigue su siguiente trabajo destacable: “Robots” (Chris Wedge y Carlos Saldanha, 2005). Alegre composición con la que Powell se va haciendo cada vez más necesario para los filmes de animación.

Así, un año más tarde hará lo propio en “Happy Feet: rompiendo el hielo” (2006). Película australiana que insolitamente obtuvo el Oscar a mejor cinta de animación en 2006 y en la que Powell nos vuelve a dejar una muestra de su versatilidad creando un variopinto e interesante score.
En 2011 continuaría haciendo lo propio para “Happy Feet 2”, película en la que también vuelve a repetir George Miller a la dirección.

2006 será un año especialmente productivo y exitoso, ya que a la mencionada “Happy Feet” tenemos que añadirle la incorporación del compositor a dos grandes franquicias, por un lado, la de los mutantes del Sr. Xabier en “X-Men: La decisión final” (“X-Men 3”, Brett Ratner). Film en donde la épica del discípulo aventajado de Zimmer va que ni al pelo, pero en la que curiosamente Powell hará recaer gran parte del peso de su banda sonora en un hermoso tema romántico.
Por otro, su incorporación a la saga animada más exitosa de la Blue Sky: “Ice Age”, donde Powell toma el testigo a David Newman para asentarse en ella definitivamente. Y así, componer las bandas sonoras de “Ice Age 2: el deshielo” (Carlos Saldanha), “Ice Age 3: el origen de los dinosaurios” (Carlos Saldanha y Mike Thurmeier, 2009) e “Ice Age 4: la formación de los continentes” (Steve Martino y Mike Thurmeier, 2012). Todas ellas con su particular estilo sinfónico y en las que incluirá un interesante grupo de temas llenos de ritmos, muy vivaces y alegres.

2008 vuelve a ser un buen año para nuestro compositor, ya que en él acompañará a varias películas que, de no haber llevado sus melodías no habrían dado el mismo resultado, aunque muchas de ellas fueran grandes películas por sí mismas.

Comenzaremos con el score para el film protagonizado por el Sr. Will Smith “Hancok” (Peter Berg, 2008). He de reconocer que las payasadas del Sr. Smith no me hacen ni pizca de gracia, ni ahora, ni en su faceta como príncipe de Bel Air, por lo que lo único que conozco del film es su música y no sé cómo queda dentro de él, y, como banda sonora, aunque Powell no haga nada nuevo, está bastante bien.

La siguiente obra destacable de este 2008, en esta ocasión coescrita con el mismísimo jefe: Hans Zimmer, es la fantástica melodía de la nueva y acertada creación de la DreamWorks: “Kung Fu Panda” (Mark Osborne y John Stevenson). Lógicamente, al estar el jefe metido en el proyecto se aplica el efectivo formato Media Ventures -ahora reconvertida en la Remote Control Productions-, sólo que añadiendo un ligero toque oriental.
Tan buenos resultados obtienen que, algunos años más tarde, vuelven a hacerse cargo de la secuela del panda karateka: “Kung Fu Panda 2” (Jennifer Yuh, 2011).
Película en la que mantienen el tema principal y en la que si notamos cambios destacables es que, a la ya enérgica banda sonora del primer film, le subirán unos puntos más, algo que parecía realmente imposible pero que ellos consiguen.

Pero si hay una banda sonora que merezca la pena ser destacada en este 2008 -ya que un servidor piensa que es de las mejores composiciones de nuestro autor- es nuevamente  otro gran film de la Blue Sky. Sólo que en esta ocasión se trató de una película de animación con una temática algo alejada a las anteriormente vistas, ya que, aunque nuestro personaje tenga que enfrentarse a un gran reto, la cinta en sí destila ternura, te lleva a hacerte curiosos planteamientos metafísicos y, a su vez, es un divertido disparate surrealista. Por lo que me hace pensar que no logró el éxito esperado debido a:
- Ni los niños a los que iba destinado pudieron percibir todo su encanto, ya que la gran obra de Dr. Seuss se encuadra en un pensamiento algo complejo y no al alcance de muchos niños de corta edad.
- Ni todos los adultos estamos dispuestos a ir al cine a ver una cinta de animación, por muy agradable que esta sea, sin la compañía de los anteriores.
La película en cuestión es “Horton” (Jimmy Hayward y Steve Martino). Y Horton es un simpático elefante que descubre otro mundo dentro de una mota de polvo…
Pues bien, a esta hermosa joya de la animación, Powell, supo dar con su música todos los matices que ella requería: la alocada consciencia de sus personajes principales, la delicada magnitud de la situación –un mundo en manos de un disparatado aunque encantador elefante-, así como el dramatismo de alguna de sus escenas.
Con ella disfrutamos de una emotiva composición en la que Powell destila positivismo y ternura, a la vez que recalca el especial tesón de los dos simpáticos héroes a la hora de enfrentarse a los problemas que genera su increíble descubrimiento.
Gran trabajo, tanto el de Powell, como el de los directores, que merecieron algo más de reconocimiento del obtenido.

Y para finalizar este 2008, no podía faltar: “Bolt” (Chris Williams y Byron Howard). Cinta en la que vuelve a hacer acopio de la electrónica, para dejarnos temas muy al gusto de los agentes Bond o Bourne y con toda la vitalidad y sutileza poweliana.

Y llegamos a la que es su primera nominación al Oscar: “Cómo entrenar a tu Dragón” (Dean DeBlois y Chris Sanders, 2010). No es que sea mejor que otras de nuestro autor, aunque, sí puede apreciarse un incremento en la fuerza de su componente épico-étnico. Pero, aun siendo una gran obra sinfónica, presenta muchas similitudes con otras obras precedentes como “Horton” o “La Edad del Hielo”, a las cuales, personalmente creo, no supera, al menos, no a la primera.
Lo que estaba claro es que, alguna vez tenía que llegar, ya que el autor se lo merecía.

En 2011 tenemos a un fantástico Powell encasillado en películas de animación -algo que espero no suene a recriminación por mi parte, ya que nada estaría más alejado de mi intención-. En donde, gracias a  ello, nos dejará con un buen surtido de fenomenales scores en los que desarrollará su particular y alegre estilo. 
Así, si ya hacíamos mención a las secuelas de “Kun Fu Panda 2” y “Happy Feet 2”, a estas, tendremos que sumarles la cromática banda sonora de “Río” (Carlos Saldanha). Donde, si ya de por sí la película es una explosión de color, nuestro autor no será menos y nos dejará esta exuberante obra cargada de ritmos brasileiros en una obra donde era obligatorio contar con la presencia del rey de la batucada: Carlinhos Brown. Autor que nos dejará su inconfundible huella en el tema “Market Forro”.
La otra colaboración, es en el descalabro de la Disney: “Marte necesita madres” (Simon Wells). Película que en España no llegó a estrenarse en pantalla grande para salir directamente en DVD. Aun así, Powell, fiel a su estilo, firma un gran trabajo donde realiza algunos guiños a las etéreas melodías de Elfman. Pero en donde, salvo estas muestras de reconocimiento para el compositor de Tim Burton, para el resto, se mantendrá fiel al potente estilo Poweliano que tanto gusta a la Remote Control Production.

Y finalizaremos en 2012, donde además de la cuarta entrega de “La edad del Hielo”, nos deja con la banda sonora para otra nueva adaptación de la obra de Doctor Seuss por parte de la Blue Sky. En este caso se trata de “Lorax. En busca de la trúfula perdida” (Chris Renaud y Kyle Balda). Película con un bello y educativo mensaje sobre la codicia y sus consecuencias medioambientales que, aunque lo intenta, no consigue alcanzar la magia de “Horton”.
Y, aunque Powell vuelve a repetir el formato que tan buenos resultados le había dado en otras ocasiones, esta vez, ni él, consigue dar el empujón que necesitaba el film, que sin ser malo, le faltó algo de sustancia o le sobró mensaje.

Terminaré, comentando algunos de sus próximos trabajos pendientes de estreno, ya que en 2014 se prevé salgan “Rio 2” (Carlos Saldanha) y “Cómo entrenar a tu Dragón 2”. Y en 2016 la tercera entrega de “Cómo entrenar a tu Dragón” ambas con Dean DeBlois como director.

Y es todo por el momento, sólo esperar que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Howard Shore (Compositor)

Howard Shore

Toronto (Canadá), 1946.

Hoy veremos a otro ecléctico y versátil autor, ya que este prolífico y consagrado compositor canadiense puede presumir de haber compuesto para casi todos los géneros cinematográficos, desde los románticos, hasta los de terror, pasando por los de aventuras y acción, e incluso algunos, realmente inclasificables.

Aunque sus inicios no podemos considerarlos deslumbrantes, con bandas sonoras muy condicionadas por sus trabajos junto al intrincado, difícil y sorprendente director David Cronemberg, con quien ha mantenido una estrecha relación desde sus comienzos en el Séptimo Arte, allá por los años setenta. Shore, siempre con un estilo sinfónico muy elaborado, consigue, a partir de la década de los 90, afianzarse en la industria cinematográfica norteamericana componiendo para filmes de gran éxito.
Pero no es hasta la entrada del nuevo milenio cuando, un Howard Shore reinventado, logra firmar la obra que lo llevaría al estrellato. Sí, aquella que acompañó a una de las mejores adaptaciones cinematográficas que se han hecho sobre narrativa fantástica, la maravillosa trilogía de Tolkien: “El Señor de los Anillos”.

Como va siendo normal con otros autores vistos anteriormente, y nuestro autor de hoy no es una excepción, Howard Shore inicia su carrera compositiva en la televisión, colaborando en programas como el show canadiense “Spellbound” (1974) o en el revolucionario late show norteamericano “Saturday Night Live” (entre 1975 - 1980).
El salto a la pantalla grande lo dará en 1978 con la película de misterio, la canadiense “I Miss You, Hugs and Kisses” de Murray Markowitz. Pero no es hasta un año más tarde (1979) cuando comienza su relación con, el también canadiense, David Cronemberg. Director con el que establecerá una estrecha relación que lo llevará a componer en casi toda su filmografía a partir de esa fecha.
Y es así como Howard Shore inicia su singladura en esta bella profesión como compositor de bandas sonoras.
Es cierto, que sus tres primeros trabajos para Cronenberg: “Cromosoma 3” (1979), “Scanners” (1981) y “Videodrome” (1983), no dejaron mucho que destacar, salvo su utilidad a la hora de ambientar los filmes del director, películas de terror en las que nuestro autor lograba dar con sus melodías la angustiosa y requerida atmósfera.

Es en su cuarta película junto al director cuando Shore empieza a dar muestras de haber tomado el pulso, tanto a Cronemberg, como a las exigencias de su trabajo; encontrándonos a un compositor mucho más maduro y seguro de sí mismo. Y así es como Shore, muy acertadamente, logra sumergirnos en un entorno muy herrmanniano en esta nueva versión de “La Mosca” (“The Fly”, 1986). Remake del film de 1958 para la que escribirá esta tormentosa partitura con la que consigue enfatizar la pesadilla en la que se hunde nuestro mutante protagonista.

Ya por estas fechas nos encontramos con un autor de merecido reconocimiento, hecho que le abre las puertas a la hora de trabajar con otros directores y, sobre todo, trabajar para la poderosa industria cinematográfica de los EEUU. Sin embargo, vuelve a ser en otro film de Cronenberg con el que consigue dar en la diana. En esta ocasión, acompañando a la obra de culto del director canadiense: “Inseparables” (1988).
Obra en la que el director vuelve a adentrarnos en un turbulento drama psicológico, en la que contó para ello con la  magistral interpretación del flemático Jeremy Irons en el difícil doble papel de los gemelos Mantle, y para la que nuestro compositor creará la hermosa partitura que se sustenta en un equilibrado juego de temas dramáticos-románticos. Toda ella, rebosada de un marcado y sutil aire de pesimismo que ayudará al director a prepararnos para el trágico desenlace.
Un tema con el que podemos deleitarnos en esta fantástica banda es “Suicide” con su reconocible y premonitorio final, del que volveremos a hablar más adelante.

En 1991 obtiene la recompensa de ser el encargado de acompañar al film triunfador de aquel año: “El silencio de los corderos” (Jonathan Demme). Y, aunque su melodía cumple… no sobresale.
Tampoco sería mencionable su siguiente trabajo junto a Cronenberg este mismo año, si no fuera por el cambio sustancial que experimenta su obra, o… que seas un jazzista empedernido. Ya que, para el dislate psicotrópico de “El almuerzo desnudo”, Shore, compondrá un score que gira en torno a temas jazzísticos con los que los entendidos del género musical pudieron disfrutar, más aún, si a todo ello le sumamos con que contaría para su interpretación con el mismísimo Ornette Coleman.

Tras esta, nuestro compositor escribe algunas partituras para varias películas de mayor o menor éxito, de entre las que podemos destacar el film de Jonathan Demme: “Philadelphia” (1993), en el que toda la gloria musical se la llevaría la oscarizada canción de Bruce Springsteen “Streets Of Philadelphia” o la siguiente obra de Cronenberg “M. Butterfly” también del mismo año (1993).

Y como curiosidad tenemos la composición para Tim Burton en “Ed Wood”. Una de las pocas ocasiones en las que el director no se acompaña de su particular compositor, Danny Elfman. Quien rechazó el encargo de escribir la banda sonora.
Hecho, que obligaría a Tim Burton a tener que echar mano de Shore, quien me imagino que, obligado por el propio Tim Burton, mantendrá el estilo compositivo de Elfman para, aun así, conseguir un más que destacable trabajo.

En 1995 es el encargado de acompañar a uno de los filmes que no dejó a nadie indiferente: “Se7en” (David Fincher, 1995). Película con un guion sobrecogedor, unas aceptables interpretaciones a cargo del guapo de Brad Pitt, la cándida Gwyneth Paltrow y la notable actuación del sereno Morgan Freeman. Interpretaciones que acabarían siendo eclipsadas por la majestuosa puesta en escena de un demoledor Kevin Spacey, quien, en su breve pero estremecedora interpretación, se hace con el pulso interpretativo del film con su redentor personaje.
Shore por su parte, logra crear una opresiva atmósfera con la que amplifica el sórdido argumento y da intensidad a sus escenas. Ejemplo de ello lo tenemos en el sobrecogedor “Envy and Wrat”, tema que acompaña a la escena de los dos últimos “pecados”.

1996 será el momento para la gran melodía del falso documental: “Looking for Richard”. Film donde nos encontramos con un polifacético Al Pacino que, dirige, interpreta y coescribe el guion.
Curiosa adaptación de la obra de William Shakespeare: "Ricardo III", para la que Shore crea esta hermosa composición coral-sinfónica, con la que genera una potente y bella atmósfera medieval.

Pero si hasta el momento nuestro autor había pasado algo inadvertido para la gran mayoría de los mortales, tras la saga que veremos a continuación, Shore, saldrá lanzado a cotas insospechadas de popularidad. Aunque, tristemente, siempre muy alejado de los fenómenos de la música comercial tipo Justin Bieber y Cia.
Así que pasemos a ver la obra que lo lanza al estrellato, que no es otra, que la banda sonora de la gran trilogía basada en la obra de J. R. R. Tolkien: “El Señor de los Anillos” (Peter Jackson, 2001 - 2002 - 2003).
Como ya comentaba al inicio de este post, con ella, Shore se reinventa. Y aunque bien es cierto que no todo en esta gran obra del compositor es nuevo para nuestros oídos, como podemos observar en el “Foundations Of Stone” perteneciente a la segunda entrega: “El Señor de los Anillos: Las dos torres” - tema de donde saldrá el leitmotiv que se asocia al anillo y su maléfico poder -. En el cual, si escuchamos atentamente, podremos observar su similitud con el final del tema “Suicide” del film de Cronenberg “Inseparables”, del que ya comenté algo más arriba que volveríamos a ver. Del resto, podríamos decir que es sumamente original en la obra de Shore.
Pues bien, si el señor Peter Jackson conseguía dejarnos boquiabiertos con su lograda adaptación de Tolkien, una parte muy importante de ello la tuvo nuestro amigo quien, con una deslubrante banda sonora cargada de leitmotivs, lograba crear el ambiente perfecto para acompañar las distintas regiones de la Tierra Media, sus diferentes razas y personajes, así como a los grandes sucesos que en ella acontecen. Score en el que no sólo brillarán temas joviales como el de “La Comarca” - para la que Shore se inspira en la obra del noruego Edvard Grieg “La mañana”-, sino que también lo harán tanto los temas de corte épico, como los más tenebrosos relacionados con el lado oscuro, así como los místicos élficos.
Lógicamente tan magna obra obtendría su recompensa en forma de premios. Así, además de alzarse con su primer Oscar a mejor banda sonora original en por la primera entrega (La comunidad del anillo), también lo haría en una segunda ocasión por el de la tercera (El retorno del Rey). Pudiendo haberlo conseguido también en la segunda, de no haber existido una norma que prohibía nominar bandas sonoras basadas en bandas sonoras anteriores. Norma que, afortunadamente, desaparecería en 2004 permitiendo a Shore hacerse con su segunda estatuilla por “El Señor de los Anillos: el retorno del Rey”. A los que tendremos que añadir el otro Oscar conseguido por la emotiva canción interpretada por la cálida voz de Annie Lennox: “Into the West”, también de “El retorno del Rey”. Y a todo ello, sumarle 4 Grammys, 2 Globos de Oro e innumerables nominaciones a grandes premios.
Es cierto, que no hay unanimidad a la hora de ponernos de acuerdo entre los bsoadictos sobre cuál es la mejor banda sonora de la trilogía, así que lo mejor será tratarla como un todo y de esta forma desgranar sus temas más singulares, de la que, lógicamente, yo tengo mis preferencias.
Para facilitar su ubicación veremos los temas en el film en el que aparecieron por primera vez.
Así, de la primera entrega: “El señor de los anillos: la comunidad del anillo”, me quedaría con:
La ya mencionada melodía de La Comarca, de título: “Concerning Hobbits”, la hermosa melodía que contiene el tema central “The breaking of the fellowship” o la épica “The bridge of Khazad-dûm”.

De “El Señor de los Anillos: las dos torres”, con la también mencionada “Foundations Of  Stone”, la sorprendente “The riders of Rohan”,  la místico-épica “Isengard Unleashed” o la potente “Forth Eorlingas”.

Y para terminar “El Señor de los Anillos: el retorno del Rey”, de la que podemos destacar, aparte de las variaciones sobre temas anteriormente vistos y la estupenda canción interpretada por Annie Lennox, “Into the west”, otros como los impresionantes: “Minas Tirith” y “The white tree”

Es cierto que, tanto durante, como inmediatamente posterior a la finalización de la saga, nuestro compositor realizará otras obras de gran calidad, sólo que quedarán totalmente eclipsadas por la vista anteriormente, obras compuestas nuevamente para Cronenberg; así como otras para grandes producciones de reputados directores como Martin Scorcese, con el que comienza una fructífera relación que dará lugar a trabajos como “El aviador” (2004) -film que versaría sobre la vida del controvertido y obsesivo Howard Hughes-, o el remake de la hongkonesa “Infernal affairs” (Alan Mak y Andrew Lau, 2002) por la que Scorcese conseguiría su solitario y controvertido Oscar a mejor director en 2006 por: “Infiltrados”.
Pero es en este mismo año de 2006 cuando Shore vuelve a ponerse al frente de una aventura fantástico-medieval, sólo que en esta ocasión, lo hará para los amantes de las videoconsolas, para quienes creará la sorprendente banda épica del videojuego “Soul of the Ultimate Nation”.
En ella, nos vuelve a demostrar cuán a gusto se encuentra creando estas atmósferas mágico-medievales. 
Y haciendo uso de los recursos que tan buenos resultados le dieron en la trilogía del anillo, vuelve a combinar coros y voces blancas junto a la magnificencia de una gran orquesta sinfónica y nos deja con esta formidable obra de corte épico.

En 2010 compone para el capítulo “Eclipse”, que es el segundo de la saga romántica sobre jóvenes monstruitos: “Crepúsculo” (David Slade). Si bien Shore no consigue superar a su predecesor, Alexandre Desplat, quien en “Luna nueva” había puesto el listón muy alto. Nuestro autor, al menos, logra firmar una partitura aceptable con algunos temas muy destacables como este “Jacob’s theme”.

Una vez más a las órdenes de Scorcese, sólo que en esta nueva ocasión con un film diametralmente opuesto a todos los precedentes en la trayectoria filmográfica del director, nos encontramos con un maravilloso Howard Shore  encargado de poner música a la visual y sorprendente historia de “La invención de Hugo”. Película para la cual crea la bella melodía que le valdría a una nueva nominación al Oscar, Globo de Oro y Bafta.
Scorcese realiza un film que, aunque muy alejado de lo que su público podía esperar de él, no defrauda, y firma una obra intimista de alto nivel lírico que, lejos de lo que pueda parecer, no es una película destinada al público infantil, aunque sí contenga el alma de un niño dentro de ella.
Si original es la obra en la filmografía del director, Shore no se queda atrás y nos deja con una banda sonora delicada, vital y a la vez cargada de misterio. Bella melodía de aires afrancesados que mágicamente nos acompaña en la aventura de los dos niños protagonistas.

Y finalizaremos con su más reciente colaboración para Peter Jackson, la adaptación de la precuela de “El Señor de los Anillos”, “El Hobbit”. Historia que narra las aventuras del primer Mediano viajero, Bilbo Bolson -tío de Frodo-.
Si la trilogía del anillo nos dejaba un grato sabor de boca y con ganas de más, algo que aprovechó la productora para rentabilizar el dinero invertido lanzando posteriormente versiones extendidas con escenas no incluidas en un primer momento. He de reconocer que, después del visionado de la primera entrega de la nueva trilogía, nada hace presagiar que con esta versión de “El Hobbit” vaya a ocurrir lo mismo. Y no creo que la culpable sea la obra de Tolkien, sino la insensata idea por parte de los responsables de querer estirar hasta lo inimaginable una obra corta como es “El Hobbit”. Realizando una película en la que se alarga el metraje hasta lo imposible en favor de obtener un mayor beneficio, pero sacrificando con ello la obra de Tolkien y haciendo estupideces innecesarias como las escenas de los enanos malabaristas, batallas interminables o fugas que parecen sacadas de un parque de atracciones, algo que hace muy patente que el interés de la productora, es más, dar sentido a la versión 3D, que en la fidelidad el texto de Tolkien.
Pero como mi objetivo no es hablar del film sino de su banda sonora, decir que, aunque Shore no hace nada que no hiciera en “El Señor de los Anillos” y vuelve a crear una hermosa obra cargada de momentos mágicos en la que volvemos a disfrutar de algunas conocidas melodías, con la que dar sentido de continuidad a ambas historias. También incluirá otras de nuevo cuño, Leitmotivs para nuevos personajes, lugares, así como para dejar claro que, aunque continuamos en la Tierra Media, se trata una nueva aventura.
En cuanto a la banda sonora, como de momento sólo llevamos estrenada la primera de las tres partes de la que consta la trilogía, sólo podré hacer mención de los temas más destacables de este primer film. Así que tendremos que esperar para poder hablar de las más que seguro grandes melodías que acompañarán a los dos restantes.
Una diferencia destacable entre esta trilogía y la anterior es el peso del lado oscuro. Mientras que en “El Señor de los Anillos” nos encontramos con una lucha a muerte entre el bien y el mal. En “El Hobbit” tenemos una aventura menos trascendental. En ella, aunque los protagonistas tendrán que enfrentarse a innumerables adversidades, sus aventuras no tienen la magnitud de su predecesora. Es por ello que Shore tienda a suavizar la banda sonora y, aunque contiene temas lúgubres para las situaciones donde toman protagonismo seres inmundos y lugares donde estos habitan, no llega en ningún momento a someternos a la continua presión con la que lo hace en la trilogía del anillo, quedando un score más luminoso en el que destaca su recurrente tema principal de corte épico.
Así podemos destacar temas como: “Over Hill” en el que podemos disfrutar del tema principal. La alegre y barroca “A very respectable Hobbit”, la épica “Erebor”,…
Lo que está claro es que, si es que quedaba alguna duda, a partir de este momento, a nuestro autor no le va a resultar nada fácil quitarse el sambenito de ser el compositor de la Tierra Media.

Finalizaré comentando que, aunque inmerso en el proyecto de la nueva trilogía tolkiana de Peter Jackson, Howard Shore permanece muy activo, componiendo nuevos temas para su fiel Cronenberg: “Cosmopolis” (2012). Así como las de su nuevo director fetiche, Martin Scorsese: “The Wolf of Wall Street” de próximo estreno y la anunciada: “Sinatra”, sobre la vida del polifacético artista.

Y es todo por el momento, sólo esperar que haya sido de vuestro agrado.



Un saludo.