lunes, 18 de noviembre de 2013

Johan Söderqvist (Compositor)

Johan Söderqvist

Täby (Suecia), 1966.

Las frías tierras escandinavas están demostrando tener compositores que no solo no son tan fríos, sino que tienen un corazón y un talento, cuanto menos, templado.
Es cierto que no son muchos los autores de estas tierras nórdicas los que logran tener una proyección internacional. Y salvo algunos de los colaboradores de la afamada Remote Control Production del germano Zimmer, como el noruego Thomas J. Bergersen o el islandes Atli Örvarsson llegan a sonar a los oídos, al menos, de unos pocos bsoadictos del cine occidental más comercial. El resto, se queda para aquellas almas inquietas que buscan otro tipo de filmes en mercados minoritarios y, lógicamente, estén muy interesados en bandas sonoras.
El caso que nos trae hoy aquí lo podemos considerar como un punto intermedio, ya que algunas de las obras de Söderqvist, aun acompañando a cintas de producción escandinava, han logrado hacerse un hueco en el mundo de la composición cinematográfica, logrando que su autor alcance el merecido reconocimiento en este difícil mercado.

Johan Söderqvist recaba en 1991 en el cine, tras haber pasado previamente por varias bandas de jazz y grupos de música folclórica. Esto ocurre cuando compone la banda sonora de la película sueca "Agnes Cecilia" (Anders Grönros). Film de temática fantástica sobre la parapsicológica investigación que emprende una niña de 15 para descubrir quiénes son y el porqué de los fantasmas que habitan su casa. Nuestro autor logra un buen debut cinematográfico, creando una obra de corte romántico con la que nos deja una muy buena impresión.
Pero, además, ese mismo año compone para otro film sueco: "Freud's Leaving Home". Cinta en la que establecerá contacto con la directora danesa Susanne Bier, dando como resultado uno de esos repetidos fenómenos... director conoce a compositor... en el que se establece una de esas singulares relaciones, esas en la que director, en este caso directora,  termina por requerir del buen hacer de nuestro compositor para la ejecución de los acompañamientos melódicos de gran parte de su filmografía.

Así, aunque en esta primera etapa nuestro autor no anda muy prolijo en composiciones, sí apreciamos que, gran parte de ellas, irán acompañando las obras de la directora danesa (Susanne Bier), hecho que podemos observar en el film de 1992 "Brev til Jonas", en el de 1994  "Problemas de familia" y en 1995 en "Like It Never Was Before".

Tras este vendrá un periodo poco productivo en el que sus contados trabajos se alternan entre el cine y la televisión, y donde apreciamos un claro distanciamiento por parte de Susanne Bier, quien opta por trabajar con otros compositores en sus siguientes filmes. 
Así llegamos a 2004, año en el que se produce un cambio significativo en la carrera de nuestro compositor, ya que la vuelta de Susanne trae como consecuencia que nuestro autor sea nominado en 2005 a los premios de la academia europea gracias a la banda sonora de la nueva película de Bier: "Hermanos". 
Film que obtiene muy buenas críticas y varios premios internacionales, dando lugar a que en 2009, la industria estadounidense, que parece ser incapaz de comercializar un buen producto que no sea norteamericano, realice el remake de la obra de Bier, solo que en este caso de la mano del director  irlandés Jim Sheridan. Director que contará para ello con un reparto de lujo gracias a la presencia de tres grandes y prometedores jóvenes estrellas estadounidenses: Jake Gyllenhaal, Natalie Portman y Tobey Maguire. Y con el reputado Thomas Newman el el apartado compositivo.
Este trabajo, además de traer de su mano una nueva y productiva etapa junto a la directora danesa, directora que ve relanzada su carrera tras el éxito obtenido, arrastra en su merecido ascenso a nuestro compositor, quien empieza a sacar punta a esto de componer bandas sonoras para el cine.

Pero de momento su siguiente obra destacable sigue siendo de la mano de Susanne Bier: "Después de la boda"  (2006). Película en la que el genial actor danés Mads Mikkelsen, nos demuestra sus grandes dotes interpretativas en su dramático papel de desconcertado filántropo.  Söderqvist opta por una banda sonora de estilo folclórico, en el que incluye temas de corte indio, con el que enmarca y  refuerza al entorno emocional en el que realiza su labor social el personaje de Mikkelsen.


Su primera incursión en el cine más comercial viene de la mano nuevamente de Sussane Bier, ya que para el primer trabajo en los Estados Unidos de la directora cuenta con la colaboración de nuestro autor, quien es el encargado de realizar la banda sonora del melodramático relato sobre el poder de la amistad: "Cosas que perdimos en el fuego" (2007). Película en la que veremos entre otros a reconocidos actores como Halle Berry, Benicio del Toro o David Duchovny.
Lógicamente, al tratarse de un melodrama, nuestro autor, en este caso autores, ya que en esta ocasión compone junto al oscarizado argentino Gustavo Santaolalla, optan por crear un emotivo score de corte dramático con el que contener la aflicción de sus personajes.

Pero es realmente en 2008 cuando nuestro autor logra dar el gran salto profesional, el cual viene de la mano de la aclamada cinta sueca "Déjame entrar" (Tomas Alfredson). 
En este singular romance, nuestro autor opta por generar un hermoso ambiente romántico con el que suavizar el aterrador drama que en él se desarrolla.
Si el film logra dejar esa "agradable" sensación, es en gran medida gracias al fantástico trabajo de nuestro autor, quien llena de ternura el oscuro relato. Con él nos arropa en los momentos más delicados, al igual que huye de las estridencias para los momentos de terror, dando una enorme sensación de calidez al frío paisaje y la turbadora historia.
Como era de esperar la industria norteamericana, con esa obsesión suya por versionar todo lo que traiga buenas referencias del exterior, no tardó en copiar el formato. Así en 2010 realizaba el remake "Let Me In" (Matt Reeves), afortunadamente contaron con Michael Giacchino para realizar la banda sonora, y aunque no logra el excelente resultado de Söderqvist, sí que lograba un más que destacable trabajo.

Con un Söderqvist abriendo fronteras y cada vez más seguro de sí mismo llegamos a 2009, año en el que compone dos nuevas bandas sonoras de gran calidad. Por un lado tenemos la melodía que acompaña a la cinta alemana "Effi Briest" (Hermine Huntgeburth). Basada en la novela homónima de Theodor Fontane, narra la desesperada vida de Effi Bries, joven que es obligada a casarse con un hombre 20 años mayor que ella y la tensa relación que se genera con la llegada a la mansión del joven amigo de su esposo, con el que mantendrá un oculto e idílico romance. 
Manteniendo la linea que tan buenos resultados le habían dado hasta el momento, nuestro compositor mantiene una de esas partituras encaminadas a acompañar romances imposibles, creando una partitura romántica y de gran carga dramática.
El otro lo tenemos en la coproducción entre Alemania-Suiza: "La granja" (Bettina Oberli). Thriller donde vuelve a dejarnos un gran trabajo, donde vuelve a incidir sobre la parte emocional. Así, muy lejos de querer crear tensión a base de sobresaltos con su música, un sutil Söderqvist, logra un perfecta combinación entre melodías que generan un ambiente de nostalgia e incertidumbre.

2010, año en el que vuelve a componer para Susanne Bier y su film "En un mundo mejor", también nos deja la banda sonora de otro de esos grandes y desconocidos filmes salidos de las factorías nórdicas "La isla de los olvidados". Película noruega que narra el duro régimen al que se ven sometidos los jóvenes de un aislado correccional en la isla de Bastøy para cancelar su deuda con la justicia, pero en el que también nos deja una hermosa oda a la amistad y al compañerismo.
Interesante film en el que Söderqvist nos sorprende con un emotivo score en el que, con su particular y melancólico estilo, nos atrapará en esa isla sin salida y pocas esperanzas.

2011, aparte del curioso trabajo para una de esas raras producciones de países exóticos como la cinta de terror filipina: "The road" (Yam Laranas), poco más tenemos mencionable.

Pero en 2012 nos vuelve a dejar otro nuevo trabajo destacable. Ya que se estrena la cinta noruega que nos contó la odisea emprendida por el científico y aventurero noruego Thor Heyerdahl, quien en 1947 empredió junto a sus cinco compañeros la difícil gesta de cruzar el Pacífico en una rústica balsa de madera. Y todo ello, para demostrar que los antiguos habitantes de Sudamérica podrían haber colonizado las islas del Pacífico. 
La expedición sería nombrada "Kon-Tiki" y es el mismo nombre que lleva el film de los directores Joachim Rønning y Espen Sandberg.
Nuestro autor, lejos de las heroicas composiciones a las que nos tienen acostumbrado los filmes de las producciones norteamericanas, nos deja una bella y delicada banda sonora para acompañar la épica de nuestros intrépidos aventureros.


Pero este año tampoco se desentiende de su directora fetiche, Susanne Bier, creando la melodía de la comedia romántica "Amor es todo lo que necesitas". Además de tenerlo por tierras hispanas componiendo para la cinta fantástica de Juan Carlos Medina: "Insensibles".

Nos despediremos haciendo mención a la exitosa serie coproducida entre Suecia y Dinamarca: "Bron/Broen" (2011-actualidad). Thriller policial en el que nuestro autor ha colaborado como compositor desde el primer capítulo junto a Patrik Andrén y Uno Helmersson. Aunque haya que matizar diciendo que estos no son los autores del tema de inicio, que corresponde al grupo danés "Choir of Young Believers" y su tema "Hollow Talks"
Serie que, gracias al éxito obtenido, también ha visto su remake norteamericano con: "The bridge". Como ya ocurriera con la intrigante serie danesa "Forbrydelsen" (2007-actualidad), más conocida por su copia americana "The killing".

Y es todo por el momento, solo esperar que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Luis Enríquez Bacalov (Compositor)

Luis Enríquez Bacalov


Luis Enrique Bacalov, San Martín, Gran Buenos Aires (Argentina), 1933 - 2017, Roma, Italia.

Este argentino con nacionalidad italiana, ascendencia búlgara y cierto parentesco familiar con otro gran compositor de bandas sonoras argentino, Lalo Schifrin -sus madres eran primas-. Aunque nace en la ciudad argentina de San Martín, a los 20 años parte de su tierra natal para, en un principio, marchar a Colombia con un contrato de pianista y cuatro años más tarde arribar en Europa, primero con una pequeña parada en España, luego Francia y, finalmente, aterrizar en tierras transalpinas donde fija su residencia y termina desarrollando su carrera como compositor.

La carrera compositiva de nuestro autor de hoy, guarda un gran paralelismo con la de su coetáneo, D. Ennio Morricone. Solo que la de nuestro autor parece ir a remolque de la del gran maestro italiano. Y, aunque cada uno crea un estilo propio, ambos, brillan en sus inicios por sus colaboraciones en las sugerentes adaptaciones del western a la italiana, el Spaghetti, para posteriormente, ya en plena madurez, lograr obtener sus más reconocidas composiciones.
Curiosamente, es en este periodo cuando, Bacalov, logra alzarse con uno de los pocos premios que se le habían resistido al transalpino en su brillante carrera como compositor cinematográfico, el Oscar (Morricone solo poseía el honorifico hasta ese momento), pero de esto hablaremos más adelante.

Pasemos a ver ahora la obra más destacable de este nómada compositor. Autor con una extensa carrera a sus espaldas, que cuenta, entre otros, con un ferviente seguidor, el popular director ítalo-americano, Quentin Tarantino. Quien ha empleado varios de sus temas en algunos filmes como: “Kill Bill” (2003) o “Django desencadenado” (2012). Aunque bien hay que decir que este fiel seguidor lo tendrá que compartir con algún que otro compositor dedicado al Spaghetti, entre los que se encuentra su eterna sombra, el Sr. Morricone.

Bacalov se iniciará en el apasionante mundo del compositor de bandas sonoras en la Italia de principios de los 60, y aunque sus primeros trabajos están encuadrados en el género de la comedia: “La banda del buco” (Mario Amendola, 1960), “I due della legione” (Lucio Fulci, 1962), “Vino, whisky e acqua salata” (Mario Amendola, 1963).
No es hasta 1964 cuando logra su primer trabajo reseñable. Aunque en este caso se trate de una adaptación de obras de autores clásicos como Bach, Prokofiev o Mozart, así como de otros temas litúrgicos hebreos o congoleños como el Missa Luba y algún que otro tema propio. Con él logra entrar en las nominaciones al Oscar a mejor banda sonora adaptada en 1966. Y el filme elegido será la mística cinta del controvertido director italiano, Pier Paolo Pasolini, película que versa sobre la vida de Jesús de Nazaret: “El evangelio según San Mateo” (1964).

En el mismo año que era nominado al Oscar, es cuando inicia su relación con el Spaghetti Western. Unión que vendrá de la mano de un título que dio, y sigue dando, mucho juego en el género del western a la italiana: “Django” (Sergio Corbucci, 1966) -la d es muda-.
El film mantiene el formato iniciado por Leone en la Trilogía del Dólar y nos cuenta la historia del solitario justiciero, Django (Franco Nero), quién  cargando con su inusual equipaje llevará a cabo su planificada venganza. 
Bakalov realiza un gran trabajo tanto a nivel lírico como instrumental, creando una de esas obras emblemáticas, que junto con las del sempiterno Morricone, pasarán a los anales del género. Y más ahora, si directores como Tarantino se dedican a desempolvarla  y volverla a poner de actualidad.


Los 60 serán un periodo muy productivo para nuestro autor y el cine italiano en general, quien con una resurgente industria cinematográfica, acompañada por sus también resurgidos y prestigiosos estudios romanos de Cinecitá. Estudios que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el apoyo económico de los Estados Unidos, darían un fuerte empujón a la industria cinematográfica italiana. 
Pero uno de los factores determinantes de este renacimiento en los años 60 es la aparición del Spaghetti Western o western a la italiana. Género que contribuye a abrir las fronteras a un cine italiano menos crítico o intelectual que el cine de sus consagrados directores: Pasolini, Fellini, Rosellini, Visconti o Sica, ya que este buscará fundamentalmente el entretenimiento por el entretenimiento, dando el relevo a otro género muy recurrente en los estudios transalpinos, pero marchito, como es el de los peplums.
Lógicamente, este fenómeno pondrá en el candelero a otros directores que con mejor o peor fortuna logran hacerse un hueco en el escenario internacional. Destacando entre todos ellos el padre de la criatura, don Sergio Leone, quien arrastra hacia el estrellato a sus fieles escuderos, Clint Eastwood como estrella e icono del género, y a su amigo de la infancia, el compositor y genio, Ennio Morricone. Compositor que con sus melodías hace lo propio y logra imbricarse de tal forma en los filmes del director, que da lugar a un nuevo e interesante estilo compositivo cinematográfico.
Aprovechando este filón surgen nuevos directores como Tonino Valerii, Sergio Corbucci, Enzo G. Castellari, Damiano Damiani,… Quienes con desigual suerte realizarán nuevas obras para el género, acompañándose de viejos o nuevos compositores que también lograrán dejar su sello creando algún tema, ahora clásico, del Spaghetti. Esos de los que tanto gusta acompañarse Quentin Tarantino en sus filmes.
Y lógicamente, como ya hemos podido comprobar, Luis Bacalov se encuentra entre uno de ellos.

Así, en este mismo año también firmará la banda sonora de "Sugar Colt" (Franco Giraldi). Comedia western en la que parece ser que Morricone colaboró con nuestro autor, información esta que está sin acreditar, pero que aun siendo así, no deja de recordarnos a otra banda sonora realizada por el transalpino unos años más tardes en otro cómico western: "Mi nombre es ninguno" (Tonino Valerii, 1973). Dando como resultado una composición con un simpático tema principal  y una banda sonora de buen resultado.

Es cierto que, mientras Morricone crea un estilo propio que desarrolla con gran tino en los Spaghettis de Leone, Bacalov prefiere adoptar, en general, un estilo similar al empleado en los grandes western norteamericanos de finales de los 50 y principio de los 60. Así, el mismo año que componía la melodía de “Django” o "Sugar Colt", también nos dejaba otra banda sonora para el Spaghetti co-rodado en tierras transalpinas e hispanas: “Yo soy la revolución” (Damiano Damiani, 1966).

Pero el cine italiano de los 60 no solo es Spaghetti ni pos-neorrealismo, ya que en él también abundan otros géneros como los policíacos,  los dramas o las típicas comedias italianas. Y es en una de estas en la que volvemos a ver a nuestro autor, “El bello Giorgio” (Franco Indovina, 1968). Comedia protagonizada por un altivo Vittorio Gassman, actor cuyo personaje sufre un accidente que lo hace irresistible a las mujeres y a algún que otro animal. Bacalov opta por componer una banda sonora bufa y muy sesentera, con la que acentúa las jocosas peripecias en las que se ve envuelto tan seductor protagonista.

Aun sin agotar el filón del Spaghetti y todavía inmersos en la etapa que sería denominada del “Spaghetti serio”. 
Ya que en estos momentos comenzaba a fraguarse otro spaghetti que acabaría por desbancar al viejo formato. Un Spaghetti burlesco que despega gracias, fundamentalmente, a la buena química que se establece entre dos, hasta ese momento, desconocidos actores italianos, el moloso Carlo Pedersoli y el acrobático Mario Girotti, más populares por sus seudónimos o nombres artísticos: Bud Spencer y Terence Hill. Quienes en su primera trilogía juntos, la dirigida por Giuseppe Colizzi: “Tú perdonas… ¡Yo no!” (1967), “Los cuatro truhanes” (1968) y “La colina de las botas” (1969) cambian el concepto del spaghetti, por otro más irreverente y cómico, que se sustentará además de en la buena química de sus dos actores protagonistas, en sus particulares físicos. Un subgénero que se consolidará en la trilogía de Enzo Barboni: “Trinidad” (“Le llamaban Trinidad” (1970), “Le seguían llamando Trinidad” (1971) e “Y después le llamaron El Magnífico” (1972)). 
Estilo del que el propio Leone no está ajeno y aprovecha para realizar en 1973 el film que unificaría en uno ambas corrientes, el viejo y sobrio con el nuevo y bufo en: “Mi nombre es Ninguno”. Dirigido por Tonino Valerii, emplea en él a dos actores emblemáticos de ambos géneros para simbolizar el cambio. Así por parte del serio tenemos la prestancia de un veterano Henry Fonda, y por el lado del cómico, al propio Terence Hill. Y todo ello acompañado por la fantástica y mimética banda sonora del compositor por excelencia del Spaghetti, Ennio Morricone -banda sonora que ya tratamos con detalle en el apartado “Once upon a time in the west”-.

Como veo que me he apartado algo del tema, retomemos el buen camino y hablemos de la película que nos traía aquí. Film en el que Bacalov vuelve a dejarnos muestras de su gran capacidad compositiva: “La muerte de un presidente” (Tonino Valerii, 1969). Una vez más, nuestro autor mantiene su afinidad por aquellas melodías del western made in USA, pero, en la que a su vez, deja ese sello tan de los western mediterráneos, creando una gran obra en la que se pueden apreciar esos sonidos de aires sesenteros.

La entrada en la década de los 70 no trae grandes cambios y vemos a nuestro compositor escribir en nuevos Spaghettis como “L'oro dei bravados” (1970) o “Le llamaban King” (1971), ambas de Giancarlo Romitelli. Filmes en los que modificará algo su estilo. En el primero, para hacer una composición de aspecto más morriconiano. Y en el segundo, no tan alejado, pero sí más modernista.

Ya metidos en la nueva época del Spaghetti, nos encontramos con el sr. Bacalov componiendo para la comedia, “En el Oeste se puede hacer… amigo” (Maurizio Lucidi, 1972). Curioso film en el que tenemos a Rafael Azcona como guionista, y en el reparto, a Bud Spencer, Jack Palance y nuestro paisano, Francisco Rabal. Sin embargo, el cambio de estilo no logrará sacar lo mejor de nuestro compositor. 

Y aunque sigue componiendo para varios Spaghettis más, el filón del género da indicios de estar agotándose. Bacalov, parece ser consciente de ello y decide que para estos últimos coletazos le basta con mantener el nivel de obras precedentes, bien propias o ajenas.
Destacando entre sus últimas composiciones para el género: “Gran duelo al amanecer” (Giancarlo Santi, 1972), obra que coescribe con Sergio Bardotti y que nos recuerda en gran medida al gran tema compuesto por Morricone para el fantástico film de Leone, “Hasta que llegó su hora” (“Once upon a time in the west”, 1968).
O la del western a la española de 1973: “Un hombre llamado Noon”. Coproducción realizada entre España-Italia-Reino Unido, dirigida por el británico Peter Collinson y que contaría con un reparto internacional encabezado por el norteamericano Richard Crenna.
Bacalov realiza para ella una partitura en donde vemos que empieza a fraguarse ese estilo que acompañaría a gran parte de los filmes italianos de los años setenta. Un sello que parece ser específico de cada país para esta década. Así, si en España nos machacaban con el incansable dabadaismo introducido por el señor Antón García Abril. En Italia cambiaban el dabadá por un menos claro nananá o lalalá. 
Así, en 1976, tenemos el film de acción interpretado por Roger Moore (James Bond, El Santo) “Los ejecutores” (Maurizio Lucidi y Guglielmo Garroni), film en la que nuestro autor parece realizar una versión lalalaista de la banda sonora del western visto anteriormente.

En 1979 tenemos el que es otro de sus grandes éxitos, aunque este sea debido más a la obra que acompañaba que por la composición en sí. Y no es que esta sea mala, ni mucho menos, pero es que con ella dejaba muy claro lo que pretendía.
El film en cuestión es "La ciudad de las mujeres". Primera obra que Fellini realiza sin su desaparecido Nino Rota, y en la que podemos observar como Bacalov rinde un claro homenaje al gran maestro. homenaje para el que crea una brillante partitura que parece haber salido de la mano del mismísimo Rota. 

La década de los 80 es un periodo de cambios, una vez agotado el filón del Spaghetti, Bacalov, se centra sobre todo en trabajos para la televisión, destacando en este periodo la banda sonora del telefilme "Il Cosaro" (Franco Giraldi, 1985). En ella volvemos a ver como nuestro autor vuelve a seguir los pasos del gran maestro italiano, componiendo una hermosa melodía de corte romántico y aires morriconianos.

Pero si nuestro autor es conocido, es gracias a la gran composición realizada en la década de los 90. La culpable no es otra que la controvertida banda sonora que acompaña al film italiano dirigido por el británico Michael Radford ("1984", "El mercader de Venecia"): "Il Postino" (en España: "El cartero y Pablo Neruda", 1994). Film en el que el director británico emula a Tornatore y donde un veterano actor francés, Philippe Noiret , vuelve a dejarnos una emotiva interpretación encarnando al poeta chileno, Pablo Neruda. Interpretación que nos recuerda a la realizada en el otro fantástico film italiano: "Cinema Paradiso". Solo que, en esta ocasión, secundado por un también ingenuo pero algo más maduro partenaire, Massimo Troisi. Actor quien en su último papel -fallecería 24 horas después de finalizar el rodaje-, nos regalaba esta magnífica y recordada interpretación del enamorado y sencillo cartero rural. Y qué hubiera sido de los dos actores sin la exuberante belleza italiana de María Grazia Cucinotta, actriz que completaba el plantel con su papel de la sempiterna amada... Beatrice Russo.
Es cierto, que tanto director como reparto lograban dar una mágica atmósfera al film, magia que la música de Bacalov lograba llevar aun más lejos hasta conseguir enamorarnos. 
No es que en ella surja un Bacalov innovador, y aunque nos encontramos con un compositor añorante que emplea en su obra aquellos sonidos de su tierra natal, su melodía, siendo muy hermosa, acaba en los tribunales por supuesto plagio del tema de 1974: "Nelle mienotti". Canción interpretada por Sergio Endrigo y compuesta por Lazarev, Riccardo Del Turco y el letrista Pablo Margheri. El caso fue cerrado en 2013 con el reconocimiento por parte de Bacalov, acuerdo del que el propio autor terminaría diciendo:
"He aceptado este acuerdo en lugar de seguir con esta historia que después de 18 años habría agotado mis arcas: de haber estado en América habría tenido todas las oportunidades para ganar el caso pero hemos avanzado 80 años y la justicia italiana sigue siendo absurda y lenta. Tras todo este tiempo transcurrido aún no teníamos sentencia. Sigo convencido de que son dos músicas completamente diferente".
Aún así, la composición le valdría en 1994 el premio que tanto se le ha resistido a Morricone, alzándose con el Oscar a mejor banda sonora (drama), además del BAFTA.

Tras esta Bacalov no modifica su estructura de trabajo, componiendo posteriormente algunas melodías destacables como la del film "La tregua" (Francesco Rossi, 1997). Film que narraba la odisea sufrida por un grupo de italianos repatriados del campo de concentración de Auschwitz y en la que un magistral John Turturro encabezaba el reparto. 

Y de esta manera entramos en el nuevo milenio. Periodo en el que un Bacalov, mucho más selectivo, mantiene su relación con el cine y, sobre todo, con la televisión. Dejándonos nuevas joyas como la composición para el telefilme sobre la vida y obra del precursor de la pintura Barroca: "Caravaggio" (Angelo Longoni, 2007).
O la que fue su penúltima colaboración, la coproducción mejicano-estadounidense "Hidden Moon" ("Luna escondida", José Bojórquez, 2012).

Su último trabajo lo veríamos en el remake homónimo estadounidense "Elsa & Fred" (Michael Radford, 2014), adaptación de la película argentina de Marcos Carnevale de 2005.

Y es todo por el momento, solo desear que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

jueves, 17 de octubre de 2013

Basil Poledouris (Compositor)

Basil Poledouris

Basilis Konstantine Poledouris, Kansas 1945, Los Ángeles 2006 (EEUU).

Basil Poledouris fue un compositor norteamericano de ascendencia griega que destacó por sus creaciones de corte épico.
Parece ser que los causantes de que nuestro autor se dedicara a la música fueron, por un lado, la música sacra, ya que, debido a la procedencia griega de sus padres, Poledouris, solía pasar mucho tiempo junto a sus progenitores en los actos litúrgicos de la iglesia ortodoxa a la que pertenecían.
Por otro, tenemos la influencia ejercida en su infancia por las obras de uno de esos grandes genios de la composición cinematográfica, el húngaro Miklos Rotza, gran maestro cuyas melodías marcarían aquellos años de niñez y juventud de nuestro autor gracias a los acompañamientos de filmes como “Quo vadis”, “Ivanhoe”, “Ben-Hur”,…

Al igual que hemos visto con otros compositores anteriormente, su relación con la música se inicia de manera temprana, ya a los 7 años comienza a recibir clases de piano, en secundaria entra a formar parte como componente de un grupo folk para, finalmente, terminar realizando estudios de cine y música en la Universidad del Sur de California. Periodo en el que establece contacto con dos afamados directores con los que mantendrá posteriormente una muy buena relación afectiva y laboral, John Milius y Randal Kleiser.

Es precisamente en esos años como universitario, cuando Poledouris comienza a familiarizarse con la composición de bandas sonoras, realizando sus primeros trabajos para algunos cortometrajes. Algunos de los cuales se conservan hoy en día en los archivos de la universidad.

Una vez finalizados estos, mantendrá la relación con sus dos compañeros de universidad, nóveles directores que empiezan a abrirse camino en este duro oficio.
De esta manera, nuestro compositor se estrena en 1970 escribiendo la que es su primera obra larga en un film. Trabajo que también será el primer largo como director de su amigo John Milius, “The Reversal of Richard Sun”.

Pero aunque sus primeras obras van de la mano de Milius y otros directores, su primera composición reseñable es la que acompaña a la película de su otro amigo de estudios, Randal Kleiser. Quien reclama su colaboración para la melosa cinta “El lago azul”. Film en el que la actriz protagonista, una joven de 15 años, Brooke Shield, nos mostraba sus encantos adolescentes y proporcionada belleza; algo que no le servía de mucho para su valoración interpretativa, ya que su papel, tan sólo le valdría para alzarse con el Razzie a peor actriz del año.
Sin embargo, Poledouris brilla con vida propia, logrando crear un hermoso score de corte romántico. Gran trabajo con el que acompaña, hábilmente, las mediocres interpretaciones de los jóvenes protagonistas.

No es hasta dos años más tarde cuando la obra de Poledouris logra hacerse un hueco en la historia del cine. Curiosamente, lo hace de la mano de su otro amigo director y ex-compañero universitario, John Millius. Y en esta ocasión, lo hará en una película que se ha convertido en todo un clásico de aventuras fantástico medievales, “Conan, el bárbaro” (1982).
Película que cuenta con la peculiaridad de haber sido rodada casi íntegramente en España. Además, de lograr un dispar resultado en sus galardones, al lograr el Globo de Oro a nueva estrella del año del cine gracias a la interpretación de Sandahl Bergman y su andrógina belleza, y a su vez, el Razzie a peor actor conseguido por el titán austriaco, Arnold Schwarzenegger.
He de reconocer que, en su momento, disfruté como un enano con las aventuras del forzudo guerrero y sus singulares acompañantes, y por extensión, de la fantástica banda sonora compuesta por nuestro autor de hoy, Basil Poledouris. Quien logra crear un magistral score de sobria y deslumbrante épica. Obra de la que no pocos entendidos en la materia tildan de ser la mejor banda sonora de la historia del cine y en la que podemos observar la influencia de Rotza.
A mí humilde entender, no creo que llegue a tanto. Y aunque sí reconozco que es una obra maestra, me cuidaría mucho en decir que es la mejor de todas, ni tan siquiera, que pudiera estar entre las diez mejores. Lógicamente, los gustos de cada uno son personales y tenemos libertad para hacer nuestra propia clasificación, algo que a este servidor no le llama mucho la atención, ya que el resultado de las listas puede llegar a ser tan subjetivo como el estado emocional en el que se encuentre uno a la hora de realizar la lista, u otros factores que no mencionaré para no salirnos del tema que aquí nos trae.
En lo que creo que todos estaremos de acuerdo, es que, “Conan, el bárbaro”, es la obra más redonda de Poledouris.

Lógicamente, la carrera de nuestro autor saldrá relanzada tras esta loable colaboración, volviendo a trabajar en el siguiente capítulo de la saga del bárbaro: “Conan, el destructor” en 1984. Película en la que su amigo Milius será sustituido por el director Richard Fleischer. Y, aunque Poledouris mantiene el alto nivel que lo caracteriza, no ocurre lo mismo con el film, en el que una vez perdido el factor sorpresa, pierde bastantes enteros.

Continuando con la carrera de Poledouris, quien sigue con sus incondicionales colaboraciones para sus viejos camaradas. 1985 será el año en que aparezca un nuevo director en la vida de nuestro compositor. Director que logra robar parte de protagonismo a sus veteranos colegas. Este no es otro que el holandés Paul Verhoeven, quien en su primer trabajo en los Estados Unidos, “Los señores del acero” (1985), pide la colaboración de Poledouris para la realización de la banda sonora de su película.
Lógicamente, el director conocía el trabajo del greco-americano en “Conan” y como el film del holandés tenía una temática de aventura medieval similar al de la saga del bárbaro, jugaba sobre seguro.
En ella, Poledouris, da nuevamente muestras de su gran capacidad para la composición en este tipo de filmes de aventuras y crea una banda sonora cargada con sus característicos tonos épicos.
Esta primera colaboración dará lugar a una de esas curiosas relaciones director-compositor, que traerá como resultado un buen puñado de grandes trabajos por parte de nuestro compositor, y en los que el director, requerirá de un elevado componente épico para sus acompañamientos musicales.

Con nuestro autor en plena carrera ascendente y una clara tendencia hacia obras donde se requiere un ambiente épico. Nos encontramos con un  Basil Poledouris versátil, que no descarta abandonar su talante sinfónico por otro más electrónico cuando lo considera oportuno, así como componer un buen tema romántico si tiene cabida en la obra (film o tele-film) al que acompañe.
Claro ejemplo de ello lo tenemos en la miniserie “Amerika” (Donald Wrye, 1987). Serie de ficción en la que los EEUU eran invadidos por los soviéticos en plena guerra fría y para la que Poledouris escribe una obra en la que combina melodías épicas con otras dramáticas, más algunos bellos temas románticos como este: “The Meaning”.

1987 será el año de “Robocop”, en él vuelve a trabajar con el neerlandés Paul Verhoeven. Y nada mejor que los consabidos tonos heroicos de nuestro compositor para acompañar a este híbrido policial.
Poledouris vuelve a las andadas y crea un tema principal de gran fuerza con su característico sonido sinfónico y protagonismo de los instrumentos de viento.
En cuanto al film, bueno, aquel que le guste ver coches explotando, destrozar edificios a base de ráfagas de proyectiles, etcétera, etcétera, tendrá mejor concepto de la película que un servidor.

1989 nos dejará con dos grandes trabajos. Por un lado tenemos un intenso score para un film de aventuras que se desarrolla en la Segunda Guerra Mundial: “Adiós al rey”. De nuevo a las órdenes de su amigo Milius, Nick Nolte interpretará el papel de un soldado americano que, tras fugarse de las tropas japonesas, se adentra en la selva de Borneo para terminar convertido en el rey de una recóndita tribu indígena.
Poledouris crea una espectacular obra que contiene hermosos temas románticos en los que nos recuerda al gran John Barry, como por ejemplo este “The War Is Over”, y otros de corte más épico, como el fantástico “Battle Montage”.
Tras este, la única obra de nuestro autor por la que lograría un premio, ya que con el western televisivo, “Lonesome Dove”, conseguía el Emmy a mejor composición para miniserie en 1989.
No es que sea de sus mejores trabajos, pero al menos, consigue dar con su melodía la atmósfera de los grandes clásicos del western.

Esos mismos acordes son los que un año más tarde acompañan la banda sonora del otro western: “Un vaquero sin rumbo” (Simon Wincer, 1990). Score en los que introduce el sonido de algunos instrumentos típicos del oeste como el banjo, particular sonido que le sirve a nuestro autor para encuadrar el film en su género.
Del mismo año es la banda sonora del film de John McTiernan, “La caza del Octubre Rojo”. Película basada en la novela de Tom Clancy  y ambientada nuevamente en plena guerra fría. 
Film que narra las peripecias del agente especial de la CIA, Jack Ryan (Alex Baldwind), en su misión de descubrir las intenciones reales del mando soviético (Sean Connery), que está al mando del submarino nuclear que se dirige hacia la costa estadounidense.
Poledouris, compone una potente banda sonora en la que juega con la magnificencia de las voces y coros soviéticos, así como la música electrónica y, por supuesto, su épica sinfónica.

Pero el comienzo de la década de los noventa no será especialmente destacable y aunque compone algunas melodías para filmes que obtuvieron buenos resultados de taquilla, entre las que tenemos una nueva obra para su ex-compañero Randall Kleiser en 1991, “Colmillo Blanco”. U otras, como la segunda parte de la paródica saga “Hot Shot 2” (Jim Abrahams, 1993), la tercera entrega del policía robótico -tras su ausencia en la segunda-, “Robocop 3” (Fred Dekker, 1993) o la popular saga sobre las aventuras de la amistosa ballena asesina “¡Liberad a Willy!” (Simon Wincer, 1993) y su segunda parte  Liberad a Willy 2” (Dwight H. Little, 1995).
No será hasta finales de los noventa, en 1997, cuando nos vuelve a sorprender con una de sus composiciones más destacables. Y de nuevo lo hará de la mano del holandés Paul Verhoeven en: “Starship Troopers”.
De la película no tengo nada que añadir a lo que ya dijera en el apartado Ciencia Ficción. Pero en cuanto a la obra de Poledouris, nuestro autor vuelve a hacer de las suyas, y sin andarse con remilgos, va justo adonde quiere ir. Así, su poderosa composición inflama y te hace parecer grande. Es cierto que, en su exageración, Poledouris parece caer en la auto parodia. Pero no pienso que sea esa la intención ni del compositor, ni del director, quien en su faceta estadounidense desarrolla su particular visión de una distópica sociedad futura donde sólo existen dos clases bien diferenciadas y la violencia como única opción para equilibrar (por parte de los de abajo) o someter (por parte de los de arriba), y en el caso que nos trae aquí, no hay nada que haga suponer que se busque algo diferente.

Tras esta vendría la obra que marcaría el declive de nuestro compositor, “Los miserables” (Bille August, 1998). Para esta interesante adaptación de la obra del novelista francés Victor Hugo, Poledouris crea la que, algunos pensamos, fue su última gran obra. Sin un tema principal que destaque sobre el resto de la obra, nuestro autor crea una gran obra sinfónica con la que marca la existencia del miserable Jean Valjean (Liam Neeson) y los acontecimientos a los que se verá expuesto en la cruda Francia de principios del siglo XIX tras cometer el acto que cambiaría su existencia, robar unas hogazas de pan para dar de comer a unos pobres niños hambrientos.
Para tan trágica historia, Poledouris opta por realizar una obra marcadamente dramática y altamente emotiva, composición que se adapta como un guante a la adaptación que Bille August hace sobre la dura novela de Victor Hugo.

Tras esta, Poledouris no logra acertar en sus trabajos, componiendo para obras que no tienen mucho que ofrecer y que no consiguen ayudar para sacar a nuestro autor de la situación de falta de inspiración en la que se encuentra. De esta manera, realiza algunos trabajos para comedietas como: “Enróllatela como puedas” (Frederic Golchan, 1999), “Mickey ojos azules” (Kelly Makin, 1999) o “Cocodrilo Dundee en Los Ángeles” (Simon Wincer, 2001).
En sus últimos cuatro años de existencia, la vida de Poledouris se centra en una dura lucha contra un tumor cerebral que le vencería el 11 de noviembre de 2006. Pero, aun en ese estado, da muestras de su gran tesón y nos deja varios trabajos como la curiosa colaboración en la coproducción chino-taiwanesa “El secreto del talismán” (Peter Pau, 2002). Película de aventuras a la que nuestro compositor aplica un carácter mistico-épico, muy acorde con la temática del film, y a la que añade un fuerte componente étnico de música tradicional china.

Su último trabajo sería en el western “The Legend of Butch and Sundance” (Sergio Mimica-Gezzan) en 2004. Pero su última aparición en público la tendríamos en tierras hispanas, Ya que poco antes de su fallecimiento nos deleitaría con su obra en nuestro antiguo festival de música de cine de Úbeda (Jaén, España) –ahora trasladado a la califal ciudad de Córdoba- en julio de 2006.

Y es todo por hoy, espero que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Erich Wolfang Korngold (Compositor)

Erich Wolfgang Korngold

Brno (República Checa) 1897, Los Ángeles (Estados Unidos) 1957.

El que fuera niño prodigio austrohúngaro que no checo, al pertenecer en aquella época su ciudad de Brno al magno imperio centroeuropeo. Y quien, contando con unos muy prometedores inicios, compondría su primera obra a la corta edad de siete años para, posteriormente, estrenar el ballet “Der Schneemann” con tan solo 11. Logra escribir su primera partitura orquestal, la “Ouverture Schauspiel” cuando apenas contaba con 14 años.
Toda esta brillante precocidad, le llevaría a obtener el merecido reconocimiento de grandes compositores de la época como Gustav Mahler, Richard Strauss y Bruno Walter.
Pero tan prometedora promesa vería truncada su fulgurante proyección, al igual que la de muchos otros jóvenes prodigios, con su llegada a la edad adulta. Y, aunque crea grandes obras, como la opera de 1920 “Die tote Stadt” (“La ciudad muerta”), que terminaría siendo su mayor éxito en la “música seria”. Los acontecimientos geopolíticos de la convulsa Europa de principios y mediados del siglo XX, junto a cambios en los gustos musicales del público, darían al traste con la trayectoria de nuestro compositor.
Afortunadamente, su estilo tardoromántico y su gusto por los leitmotivs, sí tiene cabida es en la despuntante tecnología audiovisual de principio de los años treinta, el cine sonoro. Y es en ella donde logra hacerse un hueco entre la élite musical del momento para convertirse, junto a otros grandes maestros del séptimo arte (Max Steiner, Alfred Newman o Dimitri Tiomkin), en uno de los pioneros de la composición de aquellos inicios del cine sonoro de los grandes estudios estadounidenses.
Lamentablemente, esto lo llevaría a una dura confrontación con su padre, el reputado crítico musical Julius Korngold, quien consideraba que la incursión de su hijo en la música cinematográfica lo alejaba de sus grandes objetivos en la “música seria”.
Esta dura presión a la que lo somete su exigente padre, que ve como la genialidad de su hijo se está infrautilizando en pos de acompañar a este nuevo pero “menor” género artístico, es lo que condiciona a nuestro autor. Quien se verá lastrado a la hora de dedicarse con total determinación a la composición cinematográfica y, aunque da muestras de sus grandes dotes para este género, logrando en dos ocasiones el Oscar a mejor banda sonora, no remitirá en su esfuerzo por triunfar en la deseada “música seria” de su amado padre.

El gran culpable de la arribada al cine de Korngold no es otro que, el también austrohúngaro, el escenógrafo Max Reinhardt. Artista judío que, huyendo del creciente antisemitismo provocado por el avance del nazismo en su país, emigrará a los Estados Unidos para continuar con su carrera, arrastrando en su nueva etapa a nuestro compositor, al cual ofrece la tarea de realizar la banda sonora de su primer y único film en su país de acogida: “El sueño de una noche de verano” (1935). Para este proyecto, Korngold se encargará de adaptar la composición homónima de Mendelsshon. Tarea que realizará sin salir de su país de origen, desplazándose sólo las ocasiones necesarias para concretar los detalles de los arreglos del film.
No es hasta 1938, cuando las condiciones en Centroeuropa obligan a Korngold a abandonar su nación y asentarse en los Estados Unidos para poder continuar con su trabajo, pero de esto hablaremos con más detalle más adelante.

Pues pasemos ahora a desarrollar su obra para el Séptimo Arte. Magistral trabajo que será tomado como referente por la leyenda viva de la música cinematográfica, John Williams, autor que lo rescata del sueño de los justos cuando compone la genial melodía de “Star Wars” en 1977. En lo que es un claro y merecido homenaje al genio que puso melodía a la banda sonora de su infancia.

Vuelvo a resaltar, que es de lamentar el lastre ejercido por la influencia paterna, ya que condicionaría en exceso la producción de nuestro autor para el cine, quien a diferencia de los otros grandes coetáneos se labrarían una prolija carrera. Mientras tanto, Korngold, tan sólo nos deja con poco menos de una veintena de bandas sonoras originales, más algunas adaptaciones de grandes clásicos.
Así, entre las no originales, tenemos, además de la ya mencionada de Mendelsshon (“El sueño de una noche de verano”), otras como la de su última colaboración para el cine, el film de W. Dieterle: “Magic Fire” (1956), en la que adapta obras de Wagner.

Pero no nos demoremos más y pasemos a tratar sus creaciones para esos filmes sonoros de mediados del siglo XX, películas en las que Korngold destaca con las características fanfarrias que lo hicieron célebre, melodías que sirvieron de  acompañamiento a aquellas espectaculares cintas de aventuras de capa y espada, y donde, un galán de turno, Errol Flynn, nos daba muestras de sus grandes dotes para la esgrima.
Así, en 1935, lo vimos componiendo su primera banda sonora original para otro austrohúngaro emigrado, el reputado director, Michael Curtiz. Donde, en una de sus películas de aventuras navales, “Capitán Blood”, nos encontramos con el gallardo Errol Flynn endulzando la acepción “Pirata”.
Y, acompañando al joven justiciero, tenemos a un entusiasta Korngold quien, en su primer trabajo original para el cine, nos deja con esta gran composición cargada de romanticismo y épica.

No tendremos que esperar mucho para escuchar su siguiente gran trabajo “Caballero Adverse” (1936). De nuevo a las órdenes de Michael Curtiz y, aunque en esta ocasión cambiamos de galán, figura que recae en la persona del actor Fredric March, no ocurre lo mismo con la bella protagonista, que vuelve a ser la hermosa Olivia de Havilland.
Y Korngold, manteniéndose fiel al sinfonismo clásico, logra crear una brillante partitura de corte romántico, a la que añade la fuerza necesaria para aquellos momentos en los que la aventura lo requiere. Intensa y bella obra por la que lograría la primera de sus dos estatuillas del caballero de la espada (Oscar).

Y así con un Oscar en sus vitrinas y un padre contrariado, continua en la labor de componer para el cine en una Europa cada día más inestable. Saliendo de su mano nuevas melodías para otras obras de mayor o menor éxito, como el musical “Give Us This Night” (Alexander Hall, 1936), el drama de temática religiosa “Los verdes prados” (William Keighley y Marc Connelly, 1936) o dos filmes que, al contar con el galán Errol Flynn, obtendrían mejores resultados. Por un lado, el controvertido triángulo amoroso de “Otro amanecer” (1937) donde vuelve a trabajar con un viejo conocido, William Dieterle. Y sobre todo, la archiconocida primera versión cinematográfica de “Príncipe y mendigo” (William Keighley, 1937), en la que Korngold nos deja el bello tema romántico “Flirtation”.

Es en 1938 cuando, enfrascado en un nuevo proyecto de Michael Curtiz, decide ir a los Estados Unidos a ultimar detalles. Pero es durante esa improvisada estancia, cuando la situación en Europa se hace insostenible para él y decide quedarse en el Nuevo Continente.
El film en cuestión es la célebre película de Curtiz, que en esta ocasión trabaja junto a otro conocido director, William Keighley, sobre las aventuras del singular y bienhechor arquero del bosque de Sherwood, “Robin de los bosques”. Y donde, una vez más,  podremos disfrutar de la recurrente pareja protagonista formada por Flynn/Havilland.
Si el film es un clásico de aventuras, no lo es menos el trabajo de nuestro autor, quien compone una espectacular partitura en la que combina fantásticos temas de acción con otros alegres y jocosos para aquellas escenas en las que el sarcástico Robin se mofa del usurpador Juan sin tierra y sus acólitos, así como otros de corte romántico o regios para esos momentos en la que la situación lo reclama. Dando en conjunto una disfrutable película y una deliciosa banda sonora por la que volvería a alzarse con el caballero del mandoble.

Un año más tarde vuelve a ser nominado para el Oscar por el nuevo trabajo de Michael Curtiz: “La vida privada de Elizabeth y Essex” (1939). Película que narra el romance entre un joven Conde de Essex (Errol Flynn) y una madura Isabel I (Bette Davis) -aquella contra la que se estrelló la “Invencible” Armada de Felipe II-. Una vez más, Korngold tira de todo su arsenal de fanfarrias y del consabido estilo posromántico para crear una intensa banda sonora que, aunque no le sirviera para alzarse con la deseada estatuilla, sí consiguió dejar una profunda huella.

Y llegamos a 1940, año en la que compone el fantástico acompañamiento musical del film de aventuras: “El halcón del mar”, en él volvemos a encontrarnos con viejos conocidos. En la dirección tenemos a Michael Curtiz, en el papel protagonista a Errol Flynn y a la batuta a Erich Wolfang Korngold.
La película en sí es una nueva obra de aventuras navales, donde un intrépido corsario con patente de la Corona Británica (Errol Flynn), se las tendrá que ver con las autoridades de la Corona Española por su pertinaz dedicación en atacar y saquear en nombre de la regia Isabel I -sí, la misma de antes-, a todo barco o asentamiento en el que ondease la bandera de los Austrias.
Y, aunque los españoles no salgamos muy bien parados en el film, la película es un espectacular relato de aventuras, con el que Korngold, aunque sólo le sirviera para conseguir la nominación al Oscar,  firma uno de sus mejores trabajos.
Obra de una épica memorable, con un poderoso inicio de fanfarrias, en la que podemos disfrutar de ese estilo Korngold que dejaría huella en posteriores autores como es el caso del gran maestro, John Williams.

Con un tono mucho más lúgubre, realiza la destacable composición del film de Michael Curtiz: “El lobo de mar” (1941). En ella, veremos como el tirano capitán de barco (Edward G. Robinson), se las hace pasar canutas a los tres personajes que por distintas causas terminan cayendo en las garras del duro patrón.
Lejos de las vivaces aventuras de los acrobáticos protagonistas de las anteriores películas, en esta se cuece un duro y violento drama en el que nuestro autor compone con resuelta maestría. Solo que en esta ocasión se aleja de su tradicional estilo de emotivo romanticismo para crear una obra de gran belleza y dureza. Intensa banda sonora con la que acompaña magistralmente la dura existencia de nuestros sometidos protagonistas y con la que realza la cruel personalidad del patrón de la nave.


En 1942 compone para el drama “Kings Row” (Sam Wood). Film en el que podemos apreciar las dotes interpretativas del que fuera posteriormente presidente de los EEUU, Ronald Reagan. Curiosamente, aunque el film se trate de un drama, Korngold, como podemos observar, compone una gran partitura de corte épico-romántico en la que más de uno puede vislumbrar cierta similitud con un tema bastante conocido. Para aquel que no haya encontrado el parecido, y como en el basto mundo de internet podemos encontrar de todo, aquí dejo un vídeo en el que nos lo ponen más fácil: “Parecidos” -Increíble, pero cierto-. Aunque he de reconocer, que el alumno supera al maestro.

En 1943, en plena guerra mundial y desmembración de Europa, obtenía la ciudadanía estadounidense.
Con su recién estrenada nueva nacionalidad, sigue en su labor de componer bandas sonoras para el Séptimo Arte. Así lo podemos escuchar en cintas como: “La ninfa constante” (Edmund Goulding, 1943) o un año más tarde la romántica y muy cinematográfica melodía de “Entre dos mundos” (Edward A. Blatt, 1944).

1945 parece ser un punto de inflexión en la vida de Korngold, que parece estar condicionada por varios sucesos, ya que a la finalización del conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de recomposición europea. Hay que sumarle el fallecimiento de su padre, quien, como ya sabemos, siempre le había reprochado su dedicación a la música cinematográfica. Y algo tan importante como su creciente desencuentro con la Warner, que insiste en obligarle a componer sólo melodías para melodramas de dudosa calidad. Y si bien Korngold mantiene un buen nivel en sus composiciones, los filmes a los que acompaña no logran pasar de ser más que meros dramas románticos para contentar a cierta parte de la audiencia.
Estos tres factores hacen que nuestro autor se replantee el retorno a la composición clásica, y aunque mantiene su actividad en el cine hasta 1947, año en el que realiza su última composición original para el melodrama de la Warner: “Nunca huyas de mí” (Peter Godfrey). Film en el que una estrella cada vez más decadente, Errol Flynn, interpreta el papel protagonista masculino, franqueado en esta ocasión por los partenaires femeninos Ida Lupino y Eleanor Parker –esta vez no sería Olivia de Havilland-. Y obra en la que un desilusionado Korngold, vuelve a tirar de toda su habilidad como compositor de temas románticos.

Pero, realmente, es en 1955 cuando nuestro autor cierra definitivamente su relación con el Séptimo Arte. Ya que un viejo conocido, el director alemán William Dieterle lo reclama para que realice el biopic sobre wagner: “Fuego mágico”. En él no sólo adapta la obra del germano, sino que además de componer un tema original, realizará un cameo interpretando al director de orquesta austrohúngaro Hans Richter.

Dos años más tarde y sin haber logrado el prestigio deseado por su padre en la “música seria”, fallecía en Hollywood a los sesenta años de edad.

Es todo por hoy, espero que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

John Powell (Compositor)

John Powell

Londres (Inglaterra), 1963.

Este británico afincado desde 1997 en los Estados Unidos, es otro de la larga lista de compositores que han formado parte en algún momento de su historia de la factoría Zimmer, bien en la Media Ventures o en la faceta empresarial del alemán en solitario en la Remote Control Producction. Por lo que es un autor conocido para el gran público, ya que ha sido autor, tanto en compañía o en solitario, de muchos de los grandes éxitos de la empresa musical, como veremos a continuación.

Sus inicios se remontan a finales de la década de los 80, periodo en el que escribe partituras para spots comerciales. Poco más tarde, ya como asistente de otro de los reconocidos compositores británicos de bandas sonoras, Parick Doyle (“Thor”, “El origen del planeta de los simios”, “Brave”,…), trabajará en la realización de bandas sonoras de este. Colaborando en el popular el film de Kenneth Branagh: “Mucho ruido y pocas nueces” (1993).
Y, aunque su primer trabajo en solitario es para la serie británica “Stay Lucky” en 1989. No es hasta su salto a tierras del nuevo continente cuando, con su flamante contrato de la Media Ventures bajo el brazo, compone el que sería su primer score para un largometraje: “Cara a Cara” (John Woo, 1997).
Es cierto que, aunque no destaque por ser uno de sus mejores trabajos, Powell sí que dejaba entrever su gran potencial, el cual no tardaría en ver la luz en posteriores obras para la factoría zimmeriana.
Así, en su siguiente trabajo empezamos a ver cómo va aflorando el Powell que se vislumbraba en ese primer film. 
El problema radica en que, al ser una banda sonora coescrita con otro de los autores de la Media Ventures, Harry Gregson-Williams, no nos permitiría saber cuál de los dos era el verdadero responsable del toque de calidad en la obra, ya que ambos, por aquellos entonces, contaban con una experiencia pareja y similar cantidad de trabajos a sus espaldas.
La película en cuestión es “Hormigaz” (“Antz”, Eric Darnell y Tim Johnson, 1998). 
Con ella nos encontramos de nuevo con Steven Spielberg quien, a través de su productora DreamWorks, intentaba hacerse hueco en un espacio que parecía estar reservado única y exclusivamente a la factoría Disney. Spielberg, una vez más dando muestra de su gran talento, crea un producto novedoso que, aunque parece ir destinado al público infantil, contentaría a más de un adulto. Esto es debido al cambio que realiza en la estructura del film. Cinta cuyos diálogos cargados de ironía y dobles sentidos escapan al entendimiento de los más jóvenes, pero no al de sus adultos acompañantes. Loable giro dado por el visionario Spielberg que parecía saber cuan agradecido quedarían los incondicionales padres a la hora de acompañar a sus jóvenes vástagos y encontrarse con este nuevo estilo de película de animación.

En el año 2000 volvemos a encontrarnos con Media Ventures y el dúo Williams-Powell componiendo para un nuevo film de animación, “Chicken Run: Evasión en la granja” (Nick Park y Peter Lord). Comedia en la que los compositores muestran cierto eclecticismo haciendo guiños a clásicos de fugas como las melodías de Bernstein para “La gran evasión” o las de Malcolm Arnold en “El puente sobre el rio Kwai”, así como de otros ritmos que nos sitúan en un periodo inespecífico de los años 40 y cierto toque rotiano. Y todo ello, sin olvidar el característico sello de la Media Venture. Conjunto con el que consiguen crear una estupenda banda sonora alegre, vital y bastante épica.
En 2001, con DremWorks de nuevo a la carga, y esta ocasión con los deberes muy bien hechos, nos volvemos a encontrar al dúo en una de las grandes sorpresas de la animación de los últimos tiempos: “Shrek” (Andrew Adamson y Vicky Jenson). Si en “Antz” DreamWorks demostraba que la animación podía ir destinada realmente a todos los públicos, con “Sherek” da un paso más allá y lo cuadra, creando una película de aventuras, romántica y cómica con la que se saltarán todos los patrones vistos hasta el momento. Así, tenemos como un sufrido y enamoradizo príncipe azul, un ogro verde, feo y poco escrupuloso, queda al mando de la nada fácil tarea de salvar a una, no tan desvalida, doncella u llevando como única compañía a un insufrible burro parlanchín.
Ambos compositores lograrán crear una magnífica obra con la que acentuarán cada uno de los muchos matices del film. Score que se verá amplificado con las canciones que se acompaña la cinta, donde, por esta vez, no restarán protagonismo, sino que se complementarán magistralmente.

Aunque no todo en nuestro autor se limita a la animación, ni a componer en compañía de Harry Gregson-Williams. Así lo vemos en películas como “El caso Bourne”. Película en la que se crea uno de esos curiosos vínculos director-compositor, ya que Doug Liman volverá a requerir de los servicios de nuestro autor para el resto de sus trabajos a partir de este momento. Y eso que no es precisamente uno de los mejores trabajos del Powell; pero que, sin embargo, le valdrá para componer en las dos siguientes películas de la saga -“El mito de Bourne” y “El ultimátum de Bourne” (Paul Greengrass, 2004 y 2007)- donde, sin tampoco llegar a sobresalir, mejora algo.

Donde sí brilla con algo de más energía es en la cinta futurista de 2003 “Paycheck”, de nuevo a las órdenes de John Woo (“Cara a cara”). En ella compone una trepidante partitura sinfónico-electrónica cargada de tensión. En una cinta en la que su actor principal, el irregular y polifacético Ben Affleck, fue galardonado con el premio a peor actor en los premios Razzie.

Es de nuevo con una cinta de animación cuando John Powell, esta vez en solitario, consigue su siguiente trabajo destacable: “Robots” (Chris Wedge y Carlos Saldanha, 2005). Alegre composición con la que Powell se va haciendo cada vez más necesario para los filmes de animación.

Así, un año más tarde hará lo propio en “Happy Feet: rompiendo el hielo” (2006). Película australiana que insolitamente obtuvo el Oscar a mejor cinta de animación en 2006 y en la que Powell nos vuelve a dejar una muestra de su versatilidad creando un variopinto e interesante score.
En 2011 continuaría haciendo lo propio para “Happy Feet 2”, película en la que también vuelve a repetir George Miller a la dirección.

2006 será un año especialmente productivo y exitoso, ya que a la mencionada “Happy Feet” tenemos que añadirle la incorporación del compositor a dos grandes franquicias, por un lado, la de los mutantes del Sr. Xabier en “X-Men: La decisión final” (“X-Men 3”, Brett Ratner). Film en donde la épica del discípulo aventajado de Zimmer va que ni al pelo, pero en la que curiosamente Powell hará recaer gran parte del peso de su banda sonora en un hermoso tema romántico.
Por otro, su incorporación a la saga animada más exitosa de la Blue Sky: “Ice Age”, donde Powell toma el testigo a David Newman para asentarse en ella definitivamente. Y así, componer las bandas sonoras de “Ice Age 2: el deshielo” (Carlos Saldanha), “Ice Age 3: el origen de los dinosaurios” (Carlos Saldanha y Mike Thurmeier, 2009) e “Ice Age 4: la formación de los continentes” (Steve Martino y Mike Thurmeier, 2012). Todas ellas con su particular estilo sinfónico y en las que incluirá un interesante grupo de temas llenos de ritmos, muy vivaces y alegres.

2008 vuelve a ser un buen año para nuestro compositor, ya que en él acompañará a varias películas que, de no haber llevado sus melodías no habrían dado el mismo resultado, aunque muchas de ellas fueran grandes películas por sí mismas.

Comenzaremos con el score para el film protagonizado por el Sr. Will Smith “Hancok” (Peter Berg, 2008). He de reconocer que las payasadas del Sr. Smith no me hacen ni pizca de gracia, ni ahora, ni en su faceta como príncipe de Bel Air, por lo que lo único que conozco del film es su música y no sé cómo queda dentro de él, y, como banda sonora, aunque Powell no haga nada nuevo, está bastante bien.

La siguiente obra destacable de este 2008, en esta ocasión coescrita con el mismísimo jefe: Hans Zimmer, es la fantástica melodía de la nueva y acertada creación de la DreamWorks: “Kung Fu Panda” (Mark Osborne y John Stevenson). Lógicamente, al estar el jefe metido en el proyecto se aplica el efectivo formato Media Ventures -ahora reconvertida en la Remote Control Productions-, sólo que añadiendo un ligero toque oriental.
Tan buenos resultados obtienen que, algunos años más tarde, vuelven a hacerse cargo de la secuela del panda karateka: “Kung Fu Panda 2” (Jennifer Yuh, 2011).
Película en la que mantienen el tema principal y en la que si notamos cambios destacables es que, a la ya enérgica banda sonora del primer film, le subirán unos puntos más, algo que parecía realmente imposible pero que ellos consiguen.

Pero si hay una banda sonora que merezca la pena ser destacada en este 2008 -ya que un servidor piensa que es de las mejores composiciones de nuestro autor- es nuevamente  otro gran film de la Blue Sky. Sólo que en esta ocasión se trató de una película de animación con una temática algo alejada a las anteriormente vistas, ya que, aunque nuestro personaje tenga que enfrentarse a un gran reto, la cinta en sí destila ternura, te lleva a hacerte curiosos planteamientos metafísicos y, a su vez, es un divertido disparate surrealista. Por lo que me hace pensar que no logró el éxito esperado debido a:
- Ni los niños a los que iba destinado pudieron percibir todo su encanto, ya que la gran obra de Dr. Seuss se encuadra en un pensamiento algo complejo y no al alcance de muchos niños de corta edad.
- Ni todos los adultos estamos dispuestos a ir al cine a ver una cinta de animación, por muy agradable que esta sea, sin la compañía de los anteriores.
La película en cuestión es “Horton” (Jimmy Hayward y Steve Martino). Y Horton es un simpático elefante que descubre otro mundo dentro de una mota de polvo…
Pues bien, a esta hermosa joya de la animación, Powell, supo dar con su música todos los matices que ella requería: la alocada consciencia de sus personajes principales, la delicada magnitud de la situación –un mundo en manos de un disparatado aunque encantador elefante-, así como el dramatismo de alguna de sus escenas.
Con ella disfrutamos de una emotiva composición en la que Powell destila positivismo y ternura, a la vez que recalca el especial tesón de los dos simpáticos héroes a la hora de enfrentarse a los problemas que genera su increíble descubrimiento.
Gran trabajo, tanto el de Powell, como el de los directores, que merecieron algo más de reconocimiento del obtenido.

Y para finalizar este 2008, no podía faltar: “Bolt” (Chris Williams y Byron Howard). Cinta en la que vuelve a hacer acopio de la electrónica, para dejarnos temas muy al gusto de los agentes Bond o Bourne y con toda la vitalidad y sutileza poweliana.

Y llegamos a la que es su primera nominación al Oscar: “Cómo entrenar a tu Dragón” (Dean DeBlois y Chris Sanders, 2010). No es que sea mejor que otras de nuestro autor, aunque, sí puede apreciarse un incremento en la fuerza de su componente épico-étnico. Pero, aun siendo una gran obra sinfónica, presenta muchas similitudes con otras obras precedentes como “Horton” o “La Edad del Hielo”, a las cuales, personalmente creo, no supera, al menos, no a la primera.
Lo que estaba claro es que, alguna vez tenía que llegar, ya que el autor se lo merecía.

En 2011 tenemos a un fantástico Powell encasillado en películas de animación -algo que espero no suene a recriminación por mi parte, ya que nada estaría más alejado de mi intención-. En donde, gracias a  ello, nos dejará con un buen surtido de fenomenales scores en los que desarrollará su particular y alegre estilo. 
Así, si ya hacíamos mención a las secuelas de “Kun Fu Panda 2” y “Happy Feet 2”, a estas, tendremos que sumarles la cromática banda sonora de “Río” (Carlos Saldanha). Donde, si ya de por sí la película es una explosión de color, nuestro autor no será menos y nos dejará esta exuberante obra cargada de ritmos brasileiros en una obra donde era obligatorio contar con la presencia del rey de la batucada: Carlinhos Brown. Autor que nos dejará su inconfundible huella en el tema “Market Forro”.
La otra colaboración, es en el descalabro de la Disney: “Marte necesita madres” (Simon Wells). Película que en España no llegó a estrenarse en pantalla grande para salir directamente en DVD. Aun así, Powell, fiel a su estilo, firma un gran trabajo donde realiza algunos guiños a las etéreas melodías de Elfman. Pero en donde, salvo estas muestras de reconocimiento para el compositor de Tim Burton, para el resto, se mantendrá fiel al potente estilo Poweliano que tanto gusta a la Remote Control Production.

Y finalizaremos en 2012, donde además de la cuarta entrega de “La edad del Hielo”, nos deja con la banda sonora para otra nueva adaptación de la obra de Doctor Seuss por parte de la Blue Sky. En este caso se trata de “Lorax. En busca de la trúfula perdida” (Chris Renaud y Kyle Balda). Película con un bello y educativo mensaje sobre la codicia y sus consecuencias medioambientales que, aunque lo intenta, no consigue alcanzar la magia de “Horton”.
Y, aunque Powell vuelve a repetir el formato que tan buenos resultados le había dado en otras ocasiones, esta vez, ni él, consigue dar el empujón que necesitaba el film, que sin ser malo, le faltó algo de sustancia o le sobró mensaje.

Terminaré, comentando algunos de sus próximos trabajos pendientes de estreno, ya que en 2014 se prevé salgan “Rio 2” (Carlos Saldanha) y “Cómo entrenar a tu Dragón 2”. Y en 2016 la tercera entrega de “Cómo entrenar a tu Dragón” ambas con Dean DeBlois como director.

Y es todo por el momento, sólo esperar que haya sido de vuestro agrado.


Un saludo.