miércoles, 13 de marzo de 2013

Bernard Herrmann (Compositor)


Bernard Herrmann

Nueva York (Estados Unidos), 1911 – 1975.

Hoy trataremos a uno de aquellos genios que se adelantaron a su época para dejarnos con algunas de las composiciones más emblemáticas de la historia del cine.

Autor que será recordado por su vínculo con dos de los más brillantes directores del séptimo arte de todos los tiempos: Orson Welles y Alfred Hichcock.

Aunque su relación con Welles será muy temprana, iniciádose antes de su desembarco en la gran pantalla. Con quien contacta en la Columbia Broadcasting System, cuando el futuro director andaba buscando un compositor para que escribiera algunas melodías para su programa de radio. Así compondrá, entre otras, la música del hecho radiofónico que conmocionaría a la sociedad norteamericana en 1938, me refiero a la dramatización de la obra de H.G. Welles “La guerra de los mundos”. En la que el otro Welles, Orson, haría creer a los incautos radioyentes que su país estaba siendo invadido por fuerzas alienígenas.

Pero no es hasta tres años más tarde, en 1941, cuando el compositor aterrizaría en el cine. Y nuevamente lo vuelve a hacer de la mano de Welles. Quien en esta ocasión como director, realiza una de las obras más aclamadas de la historia del cine: “Ciudadano Kane”.
En ella, si Welles nos relataba magistralmente la vida y ocaso del poderoso e influyente magnate de la prensa Charles Foster Kane, a quien el mismo interpreta. Personaje que, tras una vida plena de  éxitos y riqueza, terminará por acabar sus días completamente sólo y añorante de la único periodo de felicidad en su dilatada existencia... su humilde infancia.
El director, que realiza este retrospectivo relato, a partir de la última palabra pronunciada por Kane antes de morir: “Rosebud”. Arrancaría con una soberbia escena inicial su magistral obra.
Pero si Orson Welles nos brindaba con una fantástica opera prima, nuestro compositor no se quedaba atrás, dejándonos en su estreno cinematográfico la que posiblemente fuera su obra maestra. Melodía que si el tiempo la ha llevado a la consideración de obra maestra, tan sólo le valdría para obtener la nominación al Oscar.
Inexplicablemente, ese mismo año no se alzaba con la preciada estatuilla por esta gran composición, sino que lo hacía por la del film “El hombre que vendió su alma” (William Dieterle) por la que también estaba nominado, y  que, aun siendo una gran obra, no llegaría a tener la transcendencia de la anterior.
El propio autor diría unos cuantos años más tarde, en 1972: «tuve la suerte de empezar mi carrera con una película como Citizen Kane, ¡todo ha ido de mal en peor desde entonces!».

Al año siguiente volvían a trabajar juntos en el film “El cuarto mandamiento” (Orson Welles, 1942). Obra en la que la intrusiva RKO no permitió al director realizar el montaje final, y donde, nuestro compositor realiza una alegre melodía en este melodrama sobre la decadente aristocracia norteamericana de finales del siglo XIX.

Dejando atrás el dúo director-compositor, avanzamos y nos vamos hasta el año de 1951, donde un acertado Herrmann, nos deleita con una melodía futurista que nos trae a la cabeza aquella que crearía años más tarde Danny Elfman para la controvertida “Mars Attacks!”(Tim Burton, 1996), compositor que realiza un claro homenaje a estas primeras bandas sonoras de películas de extraterrestres, y, lógicamente, a nuestro autor de hoy. 
La película en cuestión, es la famosa “Ultimátum a la Tierra” (Robert Wise, 1951). Brillante e innovadora composición por la que sería nominado al Globo de Oro.

Pasamos a 1955, año en el que inicia una fructífera y exitosa relación con el otro gran genio… el del suspense, Don Alfred Hitchcock. Este año compone para el film del director “Pero… ¿Quién mató a Harry?” una sencilla y alegre melodía con la que consigue acentuar el humor negro que emana del film.
Al año siguiente (1956), se afianzaba la relación con la película: “El hombre que sabía demasiado”. Donde, hay que reconocer, que lo que destacó en el film no fue la melodía de Herrmann, sino la canción "Qué será, será", interpretada por la protagonista femenina, Doris Day, y en la que Herrmann no tuvo nada que ver.

Y llegamos a 1958, donde dicha unión da una de las mejores conjunciones entre ambos en el film: “Vértigo”. Obra maestra del director, y genial partitura de tonos opresivos y claustrofóbicos del compositor. Con ellos, Herrmann acompañaba acentuaba la  atormentada existencia del protagonista (James Stewart) y a su esquivo amor, encarnado por una bella y despampanante Kim Novak.

Este mismo año daría otra gran obra, a la vez que inicia una relación con un género que vería algunas de las mejores composiciones de nuestro maestro. Quien, con un particular estilo, acompañaría a algunos de los recurrentes filmes de aventuras  fantásticas del momento. En esta ocasión, acompañando al marinero más famoso del vetusto y misterioso Oriente Medio. Aventurero que tendría que enfrentarse a un ejército de seres mágicos y mitológicos en su periplo por salvar a su amada de las garras del malvado mago que la tenía hechizada: “Simbad y la Princesa” (Nathan Juran, 1958).
Para ello, Herrmann nos seduce con algunos temas clásicos muy enérgicos, y otros, en los que es bastante más arriesgado, sorprendiéndonos con novedosas melodías como la que acompañaría el “duelo con los esqueletos.

Siguiendo con su trabajo para películas de aventuras fantásticas, nos dejará la melodía de la magnífica adaptación del clásico de Julio Verne “Viaje al centro de la Tierra” (Henry Levin, 1959). En ella, vuelve al empleo de melodías opresivas y claustrofóbicas que combina con otras enfáticas de aires mágicos con las que nos acompañará durante el subterráneo viaje, logrando que su música incida sobre el frágil y exultante estado anímico que experimentan sus protagonistas durante su descenso, una mezcla de dispares sensaciones que van desde la angustia al júbilo a medida que avanzan en su aventura y que Herrmann sabe captar con su música de manera ejemplar.

Sin salir del año de 1959, nos encontramos con otra nueva entrega para Hitchcock. En ella nos vuelve a demostrar cómo es capaz de elevar la tensión a la altura que le exige el genio del suspense. En este caso, para acompañar a un magnífico Gary Grant sumido en el macabro juego al que lo somete el director cuando interpretó al angustiado personaje de “Con la muerte en los talones”.

Otro trabajo representativo, es el realizado para otro nuevo un film de aventuras fantásticas en: “Los viajes de Gulliver” (Jack Sher, 1960).
Pero si realmente hay una composición del autor que nadie que la haya escuchado en el film pueda decir que la ha logrado borrar de su cabeza es la de uno de los clásicos del terror: “Psicosis” (Alfred Hitchcock, 1960). Para que quede claro el protagonismo de la música de nuestro autor en el film, os dejaré una cita de Conrado Xalabarder (MundoBSO):
Cuando Hitchcock acabó de rodar esta película, se mostró insatisfecho con el resultado y decidió cortar su duración a una hora para emitirla como un especial televisivo, pero el compositor le sugirió que se tomase unas vacaciones mientras él componía la música, a lo que el director accedió. Cuando vio la película con la música, decidió estrenarla y resultó ser su mayor éxito comercial
Para la mítica secuencia del asesinato en la ducha (que Hitchcock, en principio, quería dejar sin música)… En realidad, el truco de esa secuencia es mucho más sencillo, por ello más genial: Marion Crane recibe nueve puñaladas; Herrmann le propina al espectador un total de cincuenta. En el contraste en la percepción visual y la impresión emocional está la clave de ese caótico momento”.

Como podemos observar, estamos en los años dorados de Herrman, autor que no parece tener muchos problemas de inspiración. 

Así, para demostrarnos una vez más su talento, en 1961 compone otra gran obra de acompañamiento para otro film del género fantástico-aventuras, se trata de otra adaptación de una novela de Verne: “La isla misteriosa” (Cy Endfield).
Y un año más tarde haría lo propio con otro thriller “El cabo del terror” (J. Lee Thompson, 1962), sólo que en esta ocasión no iría de la mano de Hichcock.
En ella, nos vuelve a dejar una partitura de las que pocos como él han sabido realizar para el género y que tantos seguidores le ha granjeado. Tanto es así, que en el remake que Martin Scorsese realizaba en 1991 (en ambos casos de título original “Cape fear”, aquí “El cabo del miedo”), pediría Elmer Bernstein a que no realizara una nueva banda sonora, sino que hiciera una adaptación de la fenomenal composición de Herrmann, melodía que quedaba como tema principal del film. Aunque Bernstein, aparte, compondría su propio tema original.

1963 volvía a ser un buen año, ya que en ella nos dejaba con la estupenda composición de otro de esos film de género fantástico-aventuras “Jasón y los Argonautas” (Don Chaffey). Aquellos, que como uno que les escribe, tengan una cierta edad, se acordarán de la película en cuestión. Film donde los argonautas liderados por Jasón parten en busca del Vellocino de Oro y se las veían en su periplo con algunos de aquellos seres mitológicos que el cine de los 50-60 hizo que cobraban vida: estatuas de gigantes de bronce, cíclopes, ejércitos de esqueletos y algún que otro dios enfadado.

Y llegamos a ese fatídico año de 1966, año en el que la relación Hitchcock-Herrmann se rompe bruscamente y que acaba en un autoexilio del compositor, quien, tras su enfado, decide deambular por Europa durante ocho largos años.
Todo comienza con el rechazo del director de la partitura de Herrmann para la película “Cortina rasgada”, sustituyéndola por la del británico John Addison. Al parecer, aunque la versión más extendida sea un cambio en los gustos musicales de los estudios, los cuales parecen buscar nuevos estilos más comerciales. Todo parece indicar a algo más personal. Un choque de egos entre ambos genios. Si tenemos en cuenta que Herrmann hace algún tiempo que presenta un comportamiento antisocial y solitario, no le tuvo que resultar difícil el poner tierra de por medio y probar suerte en otro lado.
Esto, daría por zanjada la relación director-compositor, dando lugar a un distanciamiento tan radical, que no volverían a mantener ningún tipo de relación durante el resto de sus vidas.
Es así como nuestro compositor recaba en Europa. Y para demostrar a todo aquel que pensara que este giro en su vida iba a suponer su final como compositor de éxito, en esta nueva y nómada faceta laboral que inicia el mismo año de su exilio (1966) nos deja la gran composición para film británico basado en la novela Ray Bradbury: “Fahrenheit 451”.
Estupenda y crítica película social dirigida por el genio francés François Truffaut e interpretado por la sobria y bella Julie Christie.
En una sociedad distópica, en la que el poder se ejerce a través de la televisión, y donde, los libros y el librepensar están prohibidos - de hecho, el título se refiere a los grados Fahrenheit a los que arde el papel- nos encontramos con un bombero (Oskar Werner) con una  función antagónica: quemar libros, quien a su vez se enamora de una joven de sorprendente parecido a su esposa (Julie Christie), pero totalmente opuesta en su forma de comportarse. Ella le descubrirá otra realidad y lo colocará anta la tesitura de elegir entre seguridad o librepensar.
Y una vez más, el señor Herrmann se vuelve a adelantar a su tiempo. Realizando una bella obra que nos recuerda a esos temas góticos que Elfman compondrá años más tarde y con la que nos enmarca esa sociedad opresiva en la que se desenvuelven los personajes.

Tras los ocho años de exilio, Herrmann, vuelve a Estados Unidos en 1973, componiendo varias bandas sonoras en su país, pero, desafortunadamente, no es hasta 1975 cuando vuelve a encontrar el éxito en su tierra de origen. Lamentablemente, ya era demasiado tarde.
Pero no nos adelantemos a los acontecimientos y vayámonos a ese año de 1975. Ya que este año será muy especial. En él, consigue dos nuevas nominaciones al Oscar por sendos filmes: “Fascinación” (Brian De Palma) y “Taxi Driver” (Martin Scorsese).
Si la primera nos recuerda tanto en argumento como en su melodía al film de su ahora odiado, el otrora amigo Hitchcock, "Vértigo". La segunda es un cambio radical en su estilo compositivo. Tanto es así, que se trata de una partitura de corte jazzístico, estilo musical con el que nuestro compositor nunca se había enfrentado, pero que por necesidades del guión se ve obligado a utilizar. Como se trata de un estilo muy alejado al de su trayectoria compositiva, decide pedir ayuda a su amigo  Christopher Palmer, el cual rescata una antigua partitura de Herrmann y le da el enfoque que requería el film. A Herrmann le gusta tanto el arreglo que decide emplearlo como tema principal.
Desafortunadamente, cuando todo apuntaba a un nuevo despegue en la carrera de nuestro autor, este fallece justo unas horas después de haber terminado la grabación de la banda sonora.
Aunque la melodía no conseguiría alzarse con el Oscar, ni tampoco con el Grammy, sí consiguió el BAFTA. Lástima que no pudiera asistir a la entrega para recogerlo en persona.

Y esto ha sido todo, espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 6 de marzo de 2013

James Horner (Compositor)


James Horner

Los Ángeles (Estados Unidos), 1953

El autor que nos trae aquí hoy, sí que está especializado en componer bandas sonoras de cine.
Comienza su andadura en 1979 con el film de terror: “Up from depths” (Charles B. Griffith).
En su dilatada y sinuosa carrera ha dejado una considerable muestra de su talento compositivo, como veremos más adelante. Siendo nominado en 10 ocasiones al Oscar, 8 veces en la categoría a mejor banda sonora, en la que conseguiría alzarse en una ocasión con la preciada estatuilla por la melodía de “Titanic” (James Cameron, 1997) y 2 más a mejor canción, por la que obtuvo, en el mismo año, el segundo Oscar con la canción “My Heart Will Go On”, también del film “Titanic”. Además, cuenta con otro gran número de premios y nominaciones, como: 2 Globos de Oro de 10 nominaciones, 2 nominaciones a los BAFTA o 3 Grammy de 9 nominaciones, entre otros.
En sus más de treinta años en este bello arte de la composición de bandas sonoras, ha dejado un número importante de grandes temas que pasarán a la historia de este género musical. Aunque haya voces que levanten críticas hacia su peculiar estilo de autoplagiarse -entre las cuales me incluyo-, en lo que ha sido denominado como “Parabará” -por su similitud onomatopéyica- “conjunto de notas que emplea cuando quiere enfatizar sus composiciones”, artimaña muy recurrente en muchas de sus obras, como podéis ver en el ejemplo que os dejo.
Pero, pasemos a ver cuáles son estos grandes temas y algunos otros no tan conocidos de este prolífico compositor, quien cuenta en su haber con algo más de 150 obras entre cine y televisión.

Comenzaremos en sus inicios, cuando en 1980 compone la melodía del remake, en esta ocasión futurista, de “Los siete samuráis” de Kurosawa. Si el clásico remake del oeste llevaba por nombre: “Los siete magníficos”, aquí, en un alarde de ingenio le ponen por título: “Los siete magníficos del espacio” (Jimmy T. Murakami).
Pero no no salgamos del guión y vayamos a lo que nos trae por aquí. Así él nos deja con una composición que nos retrotrae a esas producciones de ciencia ficción de los años 80, con melodías que nos recuerdan a la de otros consagrados compositores como Goldsmith o Williams.

En 1982, es nuestro autor quien toma el relevo al mismísimo Goldsmith con la composición para la secuela de “Star Trek, la película” (Robert Wise, 1979). En la que sería la segunda entrega de la saga: “Star Trek II. La ira de Kan” (Nicholas Meyer, 1982). Unión que se mantendría en otra ocasión más: “Star Trek III. En busca de Spock” en 1984, donde el propio Spock (Leonard Nimoy) se haría cargo de la dirección -lo haría en dos ocasiones-.

En 1983 tenemos dos bandas sonoras destacables, que no los filmes que la acompañaron: “Proyecto Brainstorm” (Douglas Trumbull), donde nuestro autor nos deja una muestra de su talento en este thriller de ciencia ficción que se desarrolla en un presente real.
Y la pobre cinta, también de ciencia ficción, sólo que en este caso de batallas interplanetarias: “Krull” (Peter Yates, 1983). Lo único destacable en él es, que tenemos a un James Horner en estado puro. Banda sonora sinfónica, donde el compositor mantiene el pulso de las escenas con sus melodías épicas.

Al igual que con otros compositores de larga y productiva trayectoria, me veré obligado, a partir de este momento, a tener que ser muy selectivo con la obra de nuestro autor, ya que la segunda mitad de la década de los ochenta supone el despegue definitivo de Horner.
Así pues, en 1985 compone una nueva melodía para un film de ciencia ficción -más similar en su estilo al de aventura romántica de “ET, el extraterrestre” (Steven Spielverg, 1982)-. Con Ron Howard como responsable del film. Me refiero a la dulce: “Cocoon”.
En Ella, Horner logra combinar sobriamente melodías de tonos mágico-románticos, para mantenernos en una montaña rusa de emociones. Las mismas que experimentan los veteranos protagonistas del film.

En 1986 sería el encargado de poner melodía a la estupenda coproducción europea -Alemania, Italia y Francia-, basada en la trama detectivesca de la genial obra de Umberto Eco: “El nombre de la rosa”.
Quien, acompañado por un buen reparto internacional, encabezado por un sereno Sean Connery. Una estupenda fotografía a cargo del italiano Tonino Delli Colli. Y una soberbia dirección por parte del director francés Jean-Jacques Annaud, hacen de ella una de las mejores películas europeas de la década de los 80.
James Horner, lejos de sus temas sinfónicos, compone una banda sonora atonal, mística y enigmática, con la que refuerza el guión del film.

Del mismo año es “Aliens, el regreso”, en la que sería su primera colaboración con el oscarizado director, James Cameron. En ella, como ya ocurriera en Star Trek, vuelve a relevar a Goldsmith. Componiendo una banda sonora que le llevaría a su primera nominación al Oscar.

Pasamos a 1988, donde nuestro autor nos deja una controvertida e impresionante sinfonía de acompañamiento. Con ella nos detendremos un poco más, ya que hay varios aspectos reseñables.
Primero: en ella se produce un claro plagio de las obras de Schumann: “Rhénane” y Edward Grieg: “Peter Gynt”.
Segundo: que tenemos una de las primeras apariciones del recurrente “Parabará”.
Todo esto que os comento se hace patente en el tema “Elora Danan”.
Si conseguimos obviar todo esto, tenemos una gran banda sonora de una fuerza sinfónica fuera de lo común. Aquella que acompañaría al film fantástico: “Willow”, con Horner de nuevo a las órdenes de Ron Howard.
Fantástica historia de aventuras que narra las peripecias en las que se verán envueltos el pequeño Willow y, el poco fiable, Madmartigan, en el intento de evitar dejar caer a la pequeña Elora Danan en manos de la malvada Reina Bavmorda.

Nos vamos ahora a 1994, donde, en un significativo cambio de registro, James Horner nos deja una romántica y emotiva banda sonora para el film: “Leyendas de pasión” (Edward Zwick).
Película en la que la gran composición de Horner se ve acompañada por una impresionante fotografía de los hermosos paisajes de las montañas rocosas. Aunque, me imagino, que las féminas prefirieron las otras imágenes, las del reclamo femenino: Brad Pitt.
Comentar que, por ella, nuestro autor fue nominado al Globo de Oro.

Y llegamos a 1995, año en el que aunque no llegara a lograr recoger ninguno de los premios a los que fue nominado, sin duda podemos decir que compuso su obra maestra: “Braveheart”.
En ella, el polifacético Mel Gibson interpreta y dirige esta épica película sobre una de las leyendas escocesas: William Wallace.
Film que obtendría 5 Oscar, entre ellos el de mejor director y película. Mientras que su compositor tendría que conformarse con las nominaciones al Oscar, Globo de Oro y BAFTA.

La Academia de Cine Norteamericana, como suele ocurrir en estos casos, recompensó a Horner dos años más tarde, concediendo en 1997 el Oscar por partida doble: mejor banda sonora y canción. En este caso por la composición para el  sobrevalorado film “Titanic”, de nuevo a las órdenes de James Cameron y su monumental superproducción.
Nuestro compositor, aunque no logra la brillantez de “Braveheart”, consigue una más que aceptable obra, que como comentaba, si le llevó a alzarse con los dos Oscar, el Globo de Oro y el Grammy (canción), además de la nominación al BAFTA.

En 1998, vuelve a componer una gran melodía para otra cinta de aventuras, en este caso la del héroe enmascarado mexicano en: “La máscara del Zorro” (Martin Campbell).
Película de entretenimiento, donde nuestro Zorro, Antonio Banderas, se encuentra muy bien acompañado. Por un lado, por la exótica belleza de Catherine Zeta-Jones. Y por otro, por la sabiduría y prestancia del veterano Anthony Hopkins.
Horner compone un tema principal de ambiente ambiguo, más similar a aquellas melodías que evocaban aventuras mágicas en el Cercano Oriente que al México de principios del XIX, lo cual soluciona con otros temas en los que tira de los típicos tópicos hispanos.

Pasaremos al nuevo milenio, ya que en 2001 compone la intimista banda sonora del film británico “Iris” (Richard Eyre). Film que narra la compleja relación matrimonial entre la escritora británica Iris Murdoch y su entregado consorte, John Bayley. Con unas fantásticas interpretaciones a cargo de los veteranos: Judi Dench y Jim Broadbent, el cual se alzaría con el Oscar a mejor actor secundario.
Nuestro compositor realiza una formidable obra de una delicadeza exquisita y tonos románticos que dulcifican el drama.

Es cierto que, Horner, sin llegar a caer en un problema serio de inspiración, empieza a presentar serios síntomas de falta de originalidad en los últimos tiempos, por lo que estos últimos años, aunque participa en grandes producciones, también nos deja melodías que nos recuerda en exceso a otras anteriores.
Así, a partir de este momento, tan solo mencionaré algunas obras que, si bien, no todas ellas le han supuesto un claro éxito al autor, han tenido un lugar destacado en la historia del cine, al ir acompañando a algún film singular.

Así, siguiendo el hilo cronológico, pasaremos a ver una serie de bandas sonoras de filmes épicos en los que Horner vuelve a su autoplagiante parabará.
Comenzamos con el primero de ellos, “Enemigo a las puertas” del mismo año que “Iris” (2001) y de nuevo a las órdenes del francés Jean-Jacques Annaud (“El nombre de la rosa”), James Horner nos deja una nueva composición de su característico estilo, en la que deja poco o nada nuevo y en la que repite cada vez que lo necesita su manido parabará, y peor aún, el tema “Tania” presenta cierta similitud con “La lista de Schindler” del gran John Williams.

2004, “Troya” (Wolfgang Petersen), donde se levanta la polémica por el rechazo de la partitura de Gabriel Yared, a cambio de la improvisada de Horner. Quien vuelve a tirar de recursos trillados y… una vez más… el parabará.

2009, “Avatar”, una vez más a las órdenes de James Camerón, Horner, lejos de lo que cabía esperar para un film en el que se tantos seguidores esperaban un nuevo resurgir. No, Horner, vuelve a hacer de las suyas. Y en un más difícil todavía, logra lo que todo el mundo esperaba que no repitiera… el autoplagio y, una vez más, el parabará.
Aun así, deja algunos bellos temas que nos hicieron disfrutar de la magia del cine y de esta tecnológica, hermosa y visual película, aunque bien hay que decir… de argumento poco original.

Y finalizaremos en 2012, de la mano de Peter Parker en: “The Amazing Spider-Man” (Marc Webb). Si bien no es uno de esos temas de superhéroes que pasarán a la posteridad, al menos, Horner nos deja un gran trabajo de estética apropiada para el film al que va dirigido y de temas épicos muy logrados, quizás, solo le falte ese tema central que logre imbricarse en el personaje, pero por lo demás… bastante logrado.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mark Knopfler (Compositor)


Mark Knopfler

Mark Freuder Knopfler, Glasgow, Escocia (Reino Unido), 1949

Hoy veremos la que posiblemente sea la faceta menos conocida del que fuera voz y guitarrista de los Dire Straits.
Está claro que este señor no necesita la presentación de otros autores vistos anteriormente. Hablar de Mark Knopfler es hablar de música comercial de un periodo muy significativo para este que os habla. Aunque he de reconocer que el estilo de los Dire Straits no estaba, en un principio, dentro de mis gustos musicales. Bien hay que decir, que sus canciones llegaron a resultarme interesantes algo más tarde. No sé, si porque su melodías consiguen retrotraerme a ese agradable  periodo de mi vida, o porque realmente he conseguido con el paso del tiempo ser capaz de apreciar la belleza de sus composiciones.
Lo que sí es cierto es, que al igual que me ocurrió cuando el autor daba el paso y abandonaba el grupo para realizar composiciones en solitario, o con los trabajos en su faceta con el grupo The Notting Hillbillies, lo mismo me sucedería cuando escuché su primera banda sonora. Ya que, en todos estos casos, sí que conseguiría cautivarme.

Desafortunadamente, en cuanto al tema que aquí nos trae, lamento tener que deciros que nuestro autor no ha sido especialmente productivo. Por lo que tendremos que conformarnos con un pequeño, pero genial, ramillete de bellas composiciones realizadas para el séptimo arte.
Aunque, bien es cierto, que muchas de las obras en su paso por los Dire Straits han aparecido en innumerables ocasiones en filmes, series de televisión, algún que otro documental o como tema de apertura o cierre de algún programa de televisión. Nosotros nos centraremos, solamente, en sus bandas sonoras originales. Aquellas que fueron creadas para, en este caso, un film en concreto.

Comenzaremos en 1983, año en el que inicia su corta y hermosa relación con el cine, y donde, un asombroso Mark Knopfler, nos deja una de sus mejores composiciones. Y no me refiero sólo a las cinematográficas (al menos… para un servidor).
Se trata del film sobradamente escocés: “Un tipo genial” (Título original: “Local Hero”), donde tanto director, Bill Forsyth, compositor, y por supuesto los escenarios, eran de esta hermosa tierra.
Fantástica película donde se mezclan tradición, magia y naturaleza para enfrentarse al mundo moderno y su oro negro. 
Magníficas interpretaciones tanto en el papel protagonista a cargo del poco conocido Peter Riegert y un secundario de lujo, Burt Lancaster.
Obra, que daría lugar a que los amantes de la música de cine deseáramos que se produjera una nueva y pronta colaboración. Y donde el trabajo de nuestro compositor se vio en parte reconocido al ser nominado al BAFTA.

Y, afortunadamente, la espera no fue larga. Corría el año de 1984 cuando el músico volvía a trabajar para Bill Forsyth, en esta ocasión para el film británico “Comfort and Joy”. 
Nueva obra que, aunque he de reconocer no tiene la fuerza de la anterior, sí que nos deja una melodía muy serena y delicada.
Composición realizada sobre arreglos de reconocibles temas italianos, a la que nuestro autor le da su toque personal. El causante de esto... El argumento de la comedia, el cual gira en torno a un conflicto entre familias italianas enfrentadas por hacerse con el mercado de los helados en Glasgow.
Pero esto no es todo en este año de 1984, ya que, en este mismo año nos llevamos la grata sorpresa de tener no una, sino dos melodías fílmicas de nuestro compositor. Y más grata aun, cuando escuchamos la composición y vemos como nos vuelve a brindar con una gran obra como esta.
Me refiero a la banda sonora del film de Pat O'Connor: “Cal”. Curioso drama romántico entre víctima y verdugo del terrorismo del IRA, para el que Knopfler nos ofrece esta maravillosa pieza, “Irish Boy”, gran tema con una fuerte influencia de la música celta.

Nos vamos al año de 1987, donde nuestro autor, dando el salto, cruza el Atlántico y compone la dulce melodía del cuento infantil “La princesa prometida” (Rob Reiner). Historia de aventuras que, una vez más, gira en torno a un tema romántico.
Mágico cuento narrado por el abuelo, y secundario de lujo Peter Falk (Colombo), a su nieto enfermo. En el que Mark Knopfler nos deja varios temas estupendos, sobre todo los de estructura romántica, como este: “Once upon a Time...Storybook Love”. 
Su versión lírica: “Storybook Love”, entonada por el cantante Willy DeVille, optó al Oscar a mejor canción; mientras que Mark Knopfler se tendría que conformar con la nominación al Grammy.

Tienen que pasar dos años para que nuestro autor vuelva a componer una banda sonora, en esta ocasión, para el duro film alemán “Última salida, Brooklyn”.
Drama social, en el que el director Uli Edel se sumerge en los barrios marginales de Brooklyn y nos narra una desgarradora historia de marginación y violencia en los duros años 50.
Para él, Mark Nokpfler, compone un tema mucho más sinfónico, dramático e intenso de una innegable belleza.

Pasarían unos cuantos años antes de que Knopfler volviera a realizar una nueva banda sonora. Ya que no es hasta 1997 cuando nos vuelve a deleitar con otra nueva composición. Donde, en este caso, además de componer y tocar la guitarra, también pone voz a la melodía del film “Metroland” (Philip Saville). Con un trabajo más acorde a su historial como músico de bandas, en el que nos deja su inconfundible sonido de guitarra.
Curiosamente, después de este largo periodo de sequía, en este mismo año de 1997, nos dejará otro trabajo. Se trata de la satírica comedía norteamericana que gira en torno a los entresijos de la política norteamericana: “La cortina de humo” (Barry Levinson). Film que contaría con dos actores de lujo en papeles protagonistas: Dustin Hoffman y Robert De Niro.
Película con una temática muy actual, en la que, con una gran dosis de humor, se nos muestra algo tan serio como la manipulación de la información. En este caso, para ocultar un escándalo sexual del presidente de los EEUU antes de las elecciones.
Mark Knofler, compone una banda sonora ligera en la que combina varios estilos.

Terminaremos al inicio del nuevo milenio, ya que en el año 2000 compone la que ha sido hasta ahora su última banda sonora.
El film agraciado sería el británico “A Shot at Glory” (Michael Corrente). Donde, terminaremos en el mismo lugar donde comenzamos, en las tierras que vieron nacer a nuestro compositor, Escocia.
Película sobre el deporte por antonomasia en Europa, el fútbol. Con un reparto más que aceptable, pero cuyo film no dio para mucho, me imagino, que el personal prefiere ir al estadio para ver fútbol, a menos, que saques a Pelé en el film.
Lo cierto es que, aun así, nuestro compositor realiza un más que aceptable trabajo, donde, al desarrollarse en tierras escocesas, compone un banda sonora de fuerte influencia celta.

Lamento deciros que esto es todo, aunque no me importaría abrir el hilo más adelante e introducir algún nuevo aporte, siempre que el Sr. Knopfler así lo quisiera.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Antón García Abril (Compositor)


Antón García Abril

Teruel (España), 1933

Hoy será el turno de nuestro primer compositor nacional. Muchos de vosotros se preguntaréis cómo he tardado tanto en hablar de uno de los nuestros. Bueno, pues ahora os diré el porqué.
Lamentablemente nuestro país, aun contando con muy buenos compositores, no se ha caracterizado por su producción en música de cine. Siendo pocos los autores que han alcanzado cierta fama fuera de nuestras fronteras en esto de la composición de bandas sonoras, y lejos de otros países europeos como Italia, Francia o Reino Unido, los cuales, cuentan con bastantes autores de renombre en esta bella disciplina musical.
Paradójicamente, nuestro cine sí ha alcanzado cuotas aceptables de popularidad con sus producciones cinematográficas, contando con una cantidad considerable de películas y directores de reconocido prestigio fuera de nuestro país. Hecho que nos ha llevado a conseguir, en no pocas ocasiones, premios y nominaciones en festivales internacionales. Y no me refiero sólo en la actualidad. 
Así, directores españoles como Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem,… lo harían en tiempos muy difíciles. Tiempos en los que fue muy complicado realizar trabajos con libertad en nuestro país, y tiempos, en los que algunos se vieron obligados a abandonarlo. Lo que, al menos, les brindó la oportunidad  de desarrollar su carrera con más autonomía, y de esta manera, cosechar sus triunfos en nombre del país de acogida. Claro ejemplo de ello lo tenemos con Luis Buñuel, quien logró el Oscar y Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa o extranjera por el film francés “El discreto encanto de la burguesía” en 1972.
Mientras, otros tiraban de todo su ingenio para poder dejarnos obras magistrales sin salir de nuestro país. Eso sí, teniendo que hilar muy fino para poder sortear la censura del franquismo.
Claro ejemplo de ello fueron: Luis García Berlanga o Juan Antonio Bardem; quienes lograron grandes trabajos de reconocimiento internacional como directores y guionistas.
Más adelante surgirían nuevos talentos como Carlos Saura, José Luis Garci, José Luis Borau, Mario Camus, Jaime de Armiñán,… Quienes volverían a crear filmes con un merecido reconocimiento fuera de nuestras fronteras en los últimos años de la dictadura y principios de la transición. Periodo, este último, muy creativo en todos los sentidos. 
Momento muy productivo, en el que surgirían películas muy significativas con argumentos antes intocables como los de  tinte político y social, que sería acompañado por el conocido “Destape a la española”. Todo ello, facilitado por el fin del régimen y el aperturismo a temas antes tabú.
Una vez iniciado, asentado y asumido por nuestra sociedad este nuevo estado de libertad, surge una nueva hornada de directores que, junto con algunos de los anteriormente citados, vuelven a darnos grandes alegrías. Así, aparecen Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, José Luis Cuerda, Fernando Colomo,…
Y de esta manera, llegar hasta nuestros días con otra nueva tacada de grandes directores como: Alejandro Amenábar, Icíar Bollaín, Julio Medem y…  Juan Antonio Bayona.

Esto nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que toda esta calidad filmográfica, no se haya visto acompañada de grandes compositores de bandas sonoras?
Bueno, pues esto no es del todo cierto. Aunque nuestro país no se haya caracterizado por sus compositores cinematográficos, sí que ha dado grandes compositores de bandas sonoras. Quizás, la idiosincrasia de nuestro país hacía difícil ser un profesional de reconocimiento internacional en este género. O puede, que nos faltara esa gran figura que hubiera tirado del carro en los momentos difíciles y le hubiera dado el impulso que necesitábamos y que nunca llegó.
Ya es tarde para lamentaciones. Así, sólo queda esperar que esta nueva camada que ya empieza a dar sus frutos... llegue a lo más alto.
Momento en el que, parece ser, podemos encontrarnos. Y en el que, alguno de estos consagrados compositores empiezan a tener ese reconocimiento antes vetado para los nuestros y solo accesible para los de otras nacionalidades.
Brecha, que parecen haber abierto Alberto iglesias y Javier Navarrete, en lo que espero, se conviertan en la punta de lanza para futuros compositores nacionales.

Pues… una vez puestos en situación, y antes de que el artículo sobre el autor que nos trae aquí quede totalmente desvirtuado, pasaremos sin más dilación a hablar sobre nuestro compositor de hoy.

Puede, que para muchos de vosotros el nombre de Antón García Abril no os diga nada, pero si habéis nacido o se habéis criado en España y ya tenéis algunos años a vuestras espaldas, seguro, que conoceréis gran parte de su obra; ya que nuestro autor ha dado melodía a una parte considerable de nuestra filmografía nacional, tanto en la gran, como en la pequeña pantalla,  componiendo, algo más, de la nada desdeñable cifra de… ciento cincuenta bandas sonoras.

Este ciudadano del reino de Aragón, comienza su periplo por el séptimo arte en el año de 1956. Siendo aún estudiante, es reclamado para componer la banda sonora del film “Torrepartida,”, obra del prolífico Pedro Lazaga. Director para el que escribiría, una vez comenzada esta relación, casi toda las bandas sonoras de sus películas.

Él, es el culpable de que los españoles sufriéramos el “Dabadaismo” a partir del año de 1967. Estilo muy recurrente  en la mayoría de las películas de producción española a partir de esa fecha.
Que si bien resultaría todo un éxito para su creador, el francés Francis Lai, cuando un año antes componía la canción del film de Claude Lelouch “Un hombre y una mujer” (1966). Posteriormente, se convertiría en toda una pesadilla para los sufridos españoles de los años 70, 80, 90,…. condena que parece no tener fin, gracias a las continuas reposiciones de nuestra filmografía de ese periodo.
Bien, pues una vez conocidos creador (Francis Lai) e introductor del susodicho “estilo” en nuestro país (Antón García Abril). Pasemos a conocer la obra culpable de ello: “Sor Citroen” (1967).
Se trata de una de las muchas obras del dúo Lazaga-Antón. Film, en la que la dichosa monjita encarnada por la vivaracha Gracita Morales, se quedó muy a gusto conduciendo su coche francés (al igual que el inventor del soniquete), al son del dabadá.

Afortunadamente para nosotros, nuestro compositor siempre dio muestras de su gran versatilidad y talento. Así, aprovechando la época en la que se encontraba, se enganchó al carro que pasaba hacia Almería (que no era el de Don Manolo Escobar) y logra componer algunas de las bandas sonoras de los Spaghetti Western que se empezaban a realizar en nuestros estudios del desierto de Tabernas.
Entre ellas, podemos destacar la producción italiana interpretada por el internacional transalpino, Franco Nero: “Adiós, Texas” (Ferdinando Baldi, 1966). En lo que fue un intento de fusión entre las melodías de Bernstein y Morricone, bueno… intento.

Pasamos a la década de los 70, donde, en mi humilde entender, creo, nos deja una de sus mejores obras, sólo que en esta ocasión realizada para la pequeña pantalla.
Corría el año de 1974, cuando tiene la fortuna de que caiga en sus manos el trabajo de realizar la melodía de la serie de vida salvaje “El Hombre y la Tierra” (1974-1980), en el que nuestro malogrado e insigne divulgador naturalista Félix Rodríguez de la Fuente era el encargado de guiar el programa. Igualmente podríamos decir que, el Sr. Félix Rodríguez de la Fuente tuvo la gran suerte de que el compositor dejara una de sus obras más intensas y reconocidas.

La década de los 80 daría una buena cosecha, ya que en ella compone varías de sus melodías más recordadas.
Comenzaría pronto, ya que en 1980, escribiría la que fue una de sus composiciones más bellas, y esta no es otra que la realizada para la miniserie de televisión, adaptación de la obra de Benito Pérez Galdós: “Fortunata y Jacinta” (Mario Camus). 
Reparto de lujo para esta serie clásica, que contó con actores como Ana Belén y Maribel Martín en los papeles protagonistas, y Fernando Fernán Gómez, Charo López, Francisco Rabal o María Luisa Ponte en papeles secundarios.

Esta década trajo otros trabajos para series o miniseries de televisión, aparte de la ya mencionada. Así, lo volvemos a escuchar en 1982 acompañando a nuestro premio Nobel, el médico y científico: “Ramón y Cajal” (José María Forqué). 
Personaje nacido en Navarra, pero aragonés de corazón y adopción. Y, al que nuestro compositor aragonés rinde tributo con una melodía muy de la tierra.
Papel interpretado sobriamente por el actor Adolfo Marsillach, quien fuera acompañado en esta estupenda serie por otros grandes como Fernando Fernán Gómez o Encarna Paso entre otros.

En 1983 compondría otro reconocido tema para otra serie de televisión, esta vez, en un contexto más contemporáneo. Ya que trataría sobre un bufete de abogados matrimonialistas, justo en el mismo periodo, en que en España se aprobaba la Ley del divorcio.
Me refiero a la serie “Anillos de oro”, dirigida por Pedro Masó y con guión e interpretación de Ana Diosdado, acompañada por un joven Imanol Arias y un sobrio Xabier Elorriaga.

No podía dejar sin mencionar los filmes que vienen a continuación, ya que son dos grandes películas de la historia del cine español y, aunque como bandas sonoras no tuvieran una gran trascendencia, sí los tuvieron los filmes a los que acompañaría. Se tratan de: “La Colmena” (Mario Camus, 1982) y “Los santos inocentes” (Mario Camus, 1984). 
Para esta última, Antón realiza una composición de alto contenido dramático de sonidos rurales, con la que intensifica el desasosiego en el que nos sumerge, y a veces ahoga, la gran obra de Delibes.

Terminaremos con su gran y tardío reconocimiento internacional. La miniserie de televisión: “Great Performances: Monsignor Quixote” (Rodney Bennett, 1987). Obra, para la que nuestro autor compone una bella y elegante sinfonía de aires españoles.
La miniserie, es una versión moderna de la obra de Cervantes, realizada a partir de la obra del novelista británico Graham Greene, con la que homenajea a nuestro legendario caballero español. El papel de Don Quijote sería interpretado por el veterano y gran actor inglés Sir Alex Guinness.

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ryūichi Sakamoto (Compositor)


Ryūichi Sakamoto

Tokio (Japón), 1952.

Este curioso compositor y actor japonés. Quien mantiene una filosofía de vida muy diferente a la gran mayoría de personajes de la farándula, filántropo y ecologista. Y, aunque algunos podrían decir que con postulados contrarios a su propio interés, al estar en contra de las leyes de propiedad intelectual; personalmente, pienso que mantiene una postura muy loable en los tiempos que corren, al facilitar de esta manera el acceso a  su obra y a la cultura.

Este discreto compositor, con grandes resultados en sus escasas composiciones para el séptimo arte, es poseedor de un Oscar, dos Globos de Oro, un BAFTA y dos nominaciones de la academia de cine japonesa, entre otros.

Como he mencionado, su obra para acompañamientos de películas es escasa. A ello, hay que sumarle otros trabajos como el realizado en el videojuego de PlayStation 2, inspirado en la película de Kurosawa: “Los siete samuráis”, titulado: “Seven Samurai 20XX”. Para la que compone dos de sus temas.
O la música de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Ahora, como en anteriores ocasiones, pasaremos a realizar un repaso a su obra cinematográfica. 
Comenzaremos con su primer trabajo para el séptimo arte, obra en la que nuestro compositor, a pesar de ser un principiante en esto de las bandas sonoras, consigue una de sus composiciones más logradas.
Se trata del film japonés del director Nagisa Oshima: “Feliz Navidad, Mr. Lawrence” (1983), drama ambientado en un campo de prisioneros japonés de la II Guerra Mundial. Donde, el propio Sakamoto, interpreta uno de los papeles protagonistas, el del Capitán japonés Yonoi.
Por esta bella melodía conseguiría el BAFTA a mejor banda sonora.

Algo más tarde, en 1987, comenzaría una fructífera relación con el director italiano Bernardo Bertolucci. Dicha relación, da lugar a tres grandes bandas sonoras para sendos filmes.
Películas de una delicadeza y vistosidad exquisita en todo su conjunto. Donde el director deja claro una cosa: el no llevar prisas a la hora de contarnos las historias. Además, de apoyarse minuciosamente en el plano estético para el desarrollo de las escenas.
Así, comenzamos con la primera de ellas: “El último emperador” (Bernardo Bertolucci, 1987). Para ella coescribe junto con David Byrne y Cong Su esta bella banda sonora ganadora del Oscar, Globo de Oro y Grammy. Película en la que también interpretaría uno de los papeles, al igual que hiciera en "Feliz navidad Mr. Lawrence".
Película, en la que su melodía acompaña desde su nacimiento hasta el final de sus días al último emperador chino, Pu-Yi.

Su segunda colaboración con el director sería en la estilística película: “El cielo protector” (Bernardo Bertolucci, 1990). En ella, Bertolucci, vuelve a acompañarse de un trabajo extraordinario de fotografía, el cual, se ve reforzado por la bella melodía de Sakamoto. Dejándonos un film donde las interpretaciones casi pasan a un segundo plano.
Sakamoto, obteniene por ella su segundo Globo de Oro.

Lo mismo podríamos haber dicho del tercer film: “El pequeño Buda” (Bernardo Bertolucci, 1993), si no fuera porque en él se desarrollan dos tramas totalmente opuestas. Por un lado, la bella y estética historia de Sidharta. Y, por otro, la apática historia contemporánea del niño en el cual, supuestamente, se reencarna este.
Si bien es verdad que no ocurre lo mismo con la obra de nuestro autor, quien sí consigue realizar un emotivo trabajo de acompañamiento para el film. Trabajo por el que lograría la nominación al Grammy.

Pero volvamos al redil, ya que entre trabajos para el director ítalo, hubo otras composiciones para diferentes directores. Así, compone en 1991 para nuestro Pedro Almodovar la banda sonora de la película “Tacones lejanos”.
O la bella composición del film británico “Cumbres borrascosas” (Peter Kosminsky, 1992).

Como hemos comentado anteriormente, la producción de Sakamoto para el séptimo arte es escasa. Concentrando gran parte de su obra en las décadas de los ochenta - noventa, periodo en el que realiza sus obras más destacables.
A ellas, también pertenecen la banda sonora de la coproducción entre Estados Unidos y Alemania del drama de ciencia ficción: “El cuento de la doncella” (Volker Schlöndorff, 1990). Donde, una vez más, nos volvemos a encontrar en un mundo apocalíptico, con la salvedad, de que en esta ocasión el argumento gira en torno las escasas mujeres que conservan la capacidad de procrear.
También, la realizada para la miniserie de televisión: “Wild Palms” en 1993, en la que nos deja una banda sonora muy lograda para este thriller de ciencia ficción.
O la del otro thriller, el film: “Snake eyes” (Brian De Palma, 1998).

Posteriormente, compone algunas obras para producciones en su país de origen como: la coproducción “Gohatto” (1999), del tristemente desaparecido Nagisa Oshima, con el que ya había colaborado en su primera composición para el cine. “Tony Takitani” (Jun Ichikawa, 2004). O “Hoshi ni natta shonen” (Shunsaku Kawake, 2005).

Entre ellas, vuelve a colaborar con Brian De Palma y componer la melodía del film: “Femme fatal” (2002). Película poco recomendable, donde tenemos en papeles protagonistas a nuestro Antonio Banderas y en la que el compositor nos deleita con un bello tema dramático.

Comentar que, en 2006 colaborará en la película “Babel” (Alejandro González Iñárritu) realizando el tema “Bibo No Aozora, aunque para no caer en confusiones hay que decir que sólo es eso, una colaboración, ya que la banda sonora de la película corre a cargo del argentino Gustavo Santaolalla.

Un año más tarde compone la romántica melodía del film canadiense Seda” (2007) del director François Girard.

Y finalizaremos el repaso con una de sus últimas composiciones para el cine, la hermosa melodía que acompañó en 2011 al film "Hara-kiri: Muerte de un samurai" (Takashi Miike), Remake en 3D del duro drama japonés de Kobayashi: “Harakiri” (1962).

Espero que haya sido de vuestro agrado.

Un saludo.